n ocasión de la sesión anual de la Comisión Consultiva de Enlace, que reúne a representantes de los 32 consejos estatales de población y órganos equivalentes, el pasado 15 de diciembre se invitó a Nihei Tomoki, tercer secretario de la embajada de Japón en México, para que nos ofreciera una conferencia magistral sobre los programas de su país ante una población cada vez más envejecida, escenario demográfico que desde hace décadas experimentan países con economías poderosas, en especial aquellas con condiciones más favorables de salud.
La población de Japón tiene la mayor esperanza de vida al nacer: las mujeres viven en promedio 87 años y los hombres 81 años (en México, ellas viven 79 años, y ellos 73, en promedio). Además, el gobierno japonés mide la esperanza de vida saludable, que es el periodo sin restricciones de salud en la vida cotidiana, la cual estiman en 75 años para las mujeres y en 73 años para los hombres.
En todas partes las mujeres viven más, y es lógico que haya más mujeres mayores que viven solas que hombres. En la población japonesa, el número de personas mayores de 65 años que viven solas ha aumentado; de 1980 a 2020, la proporción de personas mayores de 65 años que vivían solas creció de 11 a 22 por ciento (mujeres), y de 4 por ciento a 15 por ciento (hombres); se prevé que para 2050, este grupo de edad alcance a 29 por ciento de las mujeres y a 26 por ciento de hombres. Hay cada vez más personas mayores saludables que trabajan después de su jubilación. Las personas mayores de Japón trabajan principalmente por el ingreso, pero al mismo tiempo son conscientes de que es saludable trabajar.
El gobierno ha identificado múltiples impactos ante el cambio de la estructura por edad de la población: 1) La sostenibilidad del sistema de seguridad social, la presión de pensiones sobre los recursos financieros debido a la disminución de contribuyentes y el aumento de beneficiarios; aumento de los gastos médicos nacionales, escasez de camas y médicos; rápido aumento de la necesidad de cuidados y escasez de personal de cuidados. 2) Escasez de mano de obra y ralentización del crecimiento económico; disminución de la población en edad de trabajar (15-64 años), estancamiento de la actividad industrial, disminución de la competitividad internacional. 3) Disminución de la vitalidad de las comunidades locales y dificultad para su mantenimiento; avance de la despoblación, dificultad para mantener infraestructuras y aparición de personas con dificultad para acceder a compras y servicios médicos. 4) Preocupación por la ampliación de la brecha generacional y aumento de la carga para las generaciones más jóvenes.
Actualmente, el país desarrolla un programa de transición. Para garantizar la sostenibilidad del sistema de seguridad social, se revisa el equilibrio entre beneficios y contribuciones, se promueve la prevención y el aumento de la esperanza de vida saludable; además, se promueve la participación social y el papel activo de las personas mayores y se realizan diversas formas de trabajo sin importar la edad, actividades comunitarias y participación en el aprendizaje a lo largo de la vida y actividades comunitarias; se fortalecen las medidas contra la baja natalidad, se busca reforzar el apoyo a la crianza de los hijos (desarrollo de la próxima generación) y estabilizar la base económica de los jóvenes.
Las directrices sobre medidas para una sociedad envejecida se basan en la Ley Básica sobre Medidas para una Sociedad Envejecida (promulgada en 1995) y actividades exhaustivas a medio y largo plazo. Con la premisa de que la proporción de personas mayores será aún mayor en el futuro y con el objetivo de lograr una sociedad en la que todas las personas, desde las generaciones más jóvenes hasta las más mayores, puedan convertirse tanto en “apoyantes” como en “apoyados” sin que la edad suponga una barrera, señalan tres pilares: una sociedad de actividad continua para todas las edades, una sociedad de convivencia comunitaria y una sociedad amigable con los cambios en las funciones físicas y cognitivas.
Tomando en cuenta que México, junto con América Latina, experimenta una alta velocidad en el envejecimiento de su población, la experiencia de Japón puede inspirar ampliamente la nueva estrategia intergeneracional ante el cambio de estructura por edad que estamos diseñando en el Consejo Nacional de Población. En próxima colaboración, ampliaré las líneas de acción y las directrices que desarrolla el gobierno de Japón, sin dejar de tomar en cuenta que se trata de un país rico, con un PIB cuatro veces mayor al nuestro, que cuenta con la sexta parte de nuestro territorio (aproximadamente 377 mil 962 kilómetros cuadrados contra 1 millón 964 mil 380), tiene 10 millones menos de habitantes que México (124 contra 134 millones) y un proceso de envejecimiento mucho más avanzado.
*Secretaria técnica del Conapo
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