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A 100 años del natalicio de Francisco Moreno Capdevila
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▲ Retrato del pintor, grabador, muralista y dibujante Francisco Moreno Capdevila.Foto cortesía de la Academia de las Artes
 
Periódico La Jornada
Jueves 8 de enero de 2026, p. 5

El próximo 18 de enero se conmemora el centenario natal del pintor, grabador, muralista y dibujante Francisco Moreno Capdevila (1926-1995), quien poseía un profundo compromiso social. Para él, hacer “un arte de ideas o sentimientos políticos no era someterlo a la política y mucho menos a los políticos”. Su ejercicio es “por vocación, por libre elección”, en la medida que “un artista es, o debe ser, una mente abierta, ajena a todo dogmatismo. Por eso puede partir de emociones fuertemente sentidas, políticas o de cualquiera otra índole, y convertirlas en fuente expresiva de su obra”.

Así lo expresó en 1988, cuando ingresó a la Academia de las Artes, en la sección de Gráfica. El artista tenía razones de sobra para trabajar temas sociales en su obra. Nacido en Barcelona, España, llegó a México en 1939, junto con su familia, a los 13 años, como refugiado político. Vivió “tempranamente familiarizado” con el drama que lo marcó y sensibilizó para siempre. Fue la “iniciación de un aprendizaje que reforzó el exilio después de la derrota”, como expresó en su discurso de ingreso.

Tenía, no obstante, “la edad propicia para enraizar en esta tierra nueva a la que me sentí ligado desde el primer momento por el lenguaje común y, muy pronto, con quienes percibí que luchaban aquí por causas semejantes a las que levantaron al pueblo español”. El México de entonces, “el de los tiempos de ese gran presidente que fue Lázaro Cárdenas, decidido antifascista, solidario de las mejores causas humanas, fue el México al que decidí pertenecer, en el que he vivido desde entonces, y del cual soy ciudadano por adopción consciente y voluntaria”.

La experiencia de la guerra y el exilio marcaron su vida y obra con una especial sensibilidad hacia las luchas políticas y sociales mexicanas de los años 50 y 60, en particular el movimiento ferrocarrilero de 1958 y el estudiantil de 1968.

En 1944, entró a la Escuela de Iniciación Artística Número 1 y después de un año realizó su primer grabado: un retrato del poeta español Antonio Machado. Su maestro Julio Prieto le sugirió inscribirse a la Escuela de Artes del Libro, dirigida por Francisco Díaz de León, donde estudió entre 1945 y 1948. Fue también alumno de Carlos Alvarado Lang, quien le transmitió la importancia del dibujo para el grabado. Fue ilustrador en la imprenta de la UNAM de 1945 a 1950 y trabajó en el taller de dibujo de la Secretaría de Educación Pública de 1946 a 1955, bajo la dirección artística de Gabriel Fernández Ledesma.

Visión múltiple se llamó la exposición retrospectiva que abarcó 40 años de actividad plástica, montada del 7 de mayo al 2 de agosto de 1987 en el Museo del Palacio de Bellas Artes, que también incluyó una selección de ilustración de libros.

Según Moreno Capdevila, “ciertas raíces y circunstancias aclaran, al menos en parte, una tendencia o manera de mirar, sentir y pensar la realidad” para darle forma por los medios a su disposición, en los que se definen en gran medida predilecciones temáticas y formales. “Se explica así que, por identificación temprana, mis primeros pasos, sobre todo en el grabado, se encaminaron por la tan discutida Escuela Mexicana, cuya expresión más poderosa se daba en la pintura mural y en la gráfica, en la que destacaba la presencia de los artistas del Taller de Gráfica Popular, con toda su carga política y crítica nacionalista, internacionalista y antifascista”.

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Toda la muerte (1988), aguafuerte de Francisco Moreno Capdevila. Acervo Academia de Artes.Foto cortesía del cuerpo colegiado

Lo anterior, sin perder de vista que “por encima de afiliaciones, catalogaciones en los marcos siempre estrechos de corrientes o escuelas, está la circunstancia de que el arte es un fondo común del cual cada artista toma y recrea lo que mejor sirve a sus propósitos, pues el arte, como cosa pública, es de todos y para todos. Lo que importa, a fin de cuentas, no es lo que de él se toma, sino lo que se le añade”.

Moreno Capdevila reconoció que el grabado fue para él “un medio muy eficaz y rico en la ilustración, pero sobre todo uno artístico válido por sus propias posibilidades expresivas... Siempre he sentido que el grabado es lo más apto para abordar ciertos temas y preocupaciones de tipo social, frecuentemente con un marcado acento ideológico y aun político. Por eso, cuando he recurrido al grabado, lo he hecho casi siempre valiéndome del blanco y el negro”.

Y señalaba: “no me planteo el pintar o grabar como un fin en sí, como problema de un purismo que finalmente se agota en la repetición y el virtuosismo”. Además, “pienso que casi toda mi producción artística intenta ofrecer una visión actual de la realidad. Y ello al margen, al menos en el deseo, de toda tendencia imitativa, de moda o escuela; de toda incorporación de la iconografía de último momento”. En todo caso, “lo que sí es factible es que mi obra pueda tener cierto carácter testimonial, reconocible y aún político”.

Expresión multifacética

A lo largo de su carrera experimentó con todas las técnicas de su momento: litografía, xilografía, serigrafía, pero es en el grabado en hueco, en aguafuertes, barnices blandos, buril, aguatintas y el fotograbado, combinado con las técnicas tradicionales, en las que dejó sus mayores aportaciones. De 1958 a 1979 fue profesor titular de la entonces Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Se hizo acreedor a 11 premios y menciones honoríficas, entre las que destacan el Primer Premio de Grabado del Salón Nacional de Grabado (1955) y el Primer Premio de Adquisición de Pintura del Salón de la Plástica Mexicana (1962 y 1967), ambas del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, así como la Medalla de Oro de la Tercera Bienal Internacional de Gráfica de Arte de Florencia, Italia, en 1972.

Hasta el momento no se sabe de algún acto conmemorativo.