Lyrics
unque Ernesto Cardenal se refirió a un muy joven Silvio Rodríguez como poeta (libro En Cuba, uno de los muchos que, no por falta de aprecio, sino por desgracia, he perdido; creo que ejemplificaba con la letra de “Playa Girón”), la cuestión –acaso, un poco de autocrítica, irrelevante– no es tan sencilla. Décadas después David Huerta se dirigió al entonces presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que también llamó poeta al popular compositor cubano, invocando nombres como los de Francisco de Quevedo y Luis de Góngora para marcar la diferencia.
En la entrega pasada mencionamos al a estas alturas legendario José Alfredo Jiménez, sobre el cual en una sesión tallerística desperdiciamos, o eso digo yo, una media hora ante la insistencia de uno de los concurrentes de “a chaleco” calzarle el apelativo de marras al guanajuatense. Si bien en Serenata sin luna el ícono de la canción ranchera expone que a veces se siente poeta, hay que reconocer que su aspiración, no obstante algunos giros afortunados de su letrística, era o fue muy otra. Y lo que buscó, que no era propiamente ser poeta, lo consiguió. ¿Qué más queremos?
He trabajado bastante con compositores de “canción alternativa”, signifique esta expresión lo que signifique, y “a las primeras de cambio” intento dejar claro, en beneficio de su quehacer, por supuesto, que “letra” es algo que tiene que ver con la poesía, desde luego, pero no tiene que ser necesariamente poesía o poema. Lo que, es una obviedad, disculpen, tiene que ser es canción. De los aquí nombrados señalo, en el orden de presentación, El papalote (¿o Papalote?) y Amanecí otra vez…, en cuyo preciso título no parece haber acuerdo.
Que la canción y el poema tengan parentesco ¿quién lo negará? Ambos trabajan con la palabra. El segundo sin otro apoyo que la palabra misma. La música, no lo olvidemos, si bien de manera obligadamente distinta a la palabra, también significa.
No es el momento de hablar aquí de los poemas musicalizados (Serrat, Paco Ibáñez, David Haro, Alberto Favero, Joan Baez, en cierto y muy específico modo Violeta Parra…), pero aparte muchos otros músicos, la lista es grande, los señalados han sabido escuchar las palabras de la poesía y no tanto ponerles música, sino extraer de ellas la melodía pertinente, eficaz.
(Tiempo es de volver a los poetas venezolanos, mas hoy que nos dedicamos a los cantores, escuchemos, propongo, a Simón Díaz: youtube.com/watch?v=aJ5hf5aYiaU).












