Domingo 4 de enero de 2026, p. 11
Desde que comenzó su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, en enero de 2025, Donald Trump ordenó siete intervenciones militares; la última de ellas, en Venezuela.
En Irak, Siria y Nigeria, Trump ordenó atacar decenas de objetivos del Estado Islámico, en Irán bombardeó tres instalaciones nucleares, en Somalia realizó más de 100 ataques contra grupos armados y en Yemen hizo lo mismo cientos de veces a los hutíes apoyados por Irán y aliados de Hamas.
A continuación, algunas de las más sobresalientes invasiones militares estadunidenses en América Latina y otras partes del mundo.
En 1915, bajo la presidencia de Woodrow Wilson, Estados Unidos invadió Haití para “proteger” sus intereses económicos durante la crisis que siguió al asesinato del mandatario, Jean Vilbrun Guillaume Sam; la ocupación siguió hasta 1934.
En 1961, el presidente John F. Kennedy apoyó la invasión a Cuba por parte de tropas paramilitares de cubanos exiliados para derrocar al entonces presidente Fidel Castro. Sin embargo, fueron derrotados por las fuerzas locales tras su desembarco en la bahía de Cochinos, en la conocida playa Girón.
En 1983, durante la presidencia de Ronald Reagan, militares estadunidenses desarrollaron la operación “furia urgente” por aire, mar y tierra, con el desembarco de siete mil 600 soldados en Granada. Los invasores derrocaron al presidente Hudson Austin, el tercer mandatario del gobierno popular revolucionario que tomó el poder en 1979 e implantó un Estado socialista.
Bajo la administración de Bill Clinton, en 1999, Estados Unidos lideró 78 días de bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sobre Serbia y Montenegro (antigua Yugoslavia, entonces en proceso de desmembramiento).
La Operación Fuerza Aliada para “detener la limpieza étnica de albaneses en Kosovo” usó armas como uranio empobrecido y atacó objetivos militares y civiles, lo que generó controversia y acusaciones de crímenes de guerra.
Empezó el siglo con Afganistán tras el 11-S
En 2001, tras los ataques del 11 de septiembre (11-S), el presidente George W. Bush ordenó la invasión de Afganistán con el argumento de la lucha contra el terrorismo. A la campaña, que duró más de dos meses, se unió la OTAN y terminó con la expulsión de los talibanes del poder, quienes protegían al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden.
Bush también ordenó la invasión de Irak en 2003 con la falsa acusación de que Bagdad tenía armas de destrucción masiva y para poner fin al supuesto apoyo del presidente Saddam Hussein al terrorismo, vínculo demostrado luego como falso por la Comisión del 11-S que fue creada por el Congreso de Estados Unidos.
En 2011, Libia fue blanco de una intervención militar multilateral de la OTAN, instigada por Estados Unidos y Francia, en respuesta a la represión de las protestas contra el presidente Muamar Gadafi. A diferencia de las anteriores, ésta tuvo la autorización de la Organización de Naciones Unidas.
En Panamá, 500 muertos
En 1989, Bush ordenó la invasión de Panamá para capturar al jefe de las Fuerzas de Defensa, el general Manuel Antonio Noriega, ex colaborador de los servicios secretos de Estados Unidos y perseguido por la justicia de ese país por narcotráfico.
Se trata de la última intervención militar estadunidense en América Latina hasta la fecha, antes del secuestro y extracción del presidente venezolano Nicolás Maduro, que anunció el sábado Donald Trump en el marco de “un ataque a gran escala” en el país caribeño.
En esa ocasión, unos 27 mil soldados estadunidenses, de los cuales 13 mil estaban en Panamá, participaron en la operación Causa Justa, que oficialmente dejó 500 muertos, aunque algunas ONG estiman que el número de víctimas ascendió a varios miles.
El 20 de diciembre, los soldados estadunidenses tomaron el control de las calles de la capital. Tras refugiarse durante dos semanas en la embajada del Vaticano, Noriega se rindió el 3 de enero de 1990.
Dos años antes de su captura, Noriega afirmaba que se había puesto precio a su cabeza porque se negaba a cooperar con un plan estadunidense para invadir Nicaragua.
Fue condenado por un tribunal de Florida a 40 años de prisión por narcotráfico y lavado de capitales, pena que se redujo a la mitad por buena conducta.
Hasta su muerte en 2017, estuvo detenido sucesivamente en Estados Unidos, Francia y Panamá por acusaciones narcotráfico, lavado de dinero y desapariciones de opositores durante su permanencia en el poder (1983-1989).












