Opinión
Ver día anteriorDomingo 4 de enero de 2026Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Sin aliento de Godard en pantalla grande
Foto
▲ Fotograma de la cinta Sin aliento
“E

xisten películas que no se parecen a nada de lo que se hizo antes de ellas: El ciudadano Kane, Hiroshima mi amor y Sin aliento. De todos los filmes de Godard, el que prefiero es À bout de souffle por el dolor que contiene. Dolor moral y dolor físico. Una profunda experiencia del dolor…”. –Francois Truffaut–. La aventura, la huida, el crimen, son temas esenciales en Sin aliento (1959) de Jean-Luc Godard, estrenada en 1960 en el Festival de Cannes. Pero sobre todo, el pesimismo y su ausencia de redención en torno a la imposibilidad del amor en una narración dolorosa y romántica donde el pasado es un fardo, como sucede en las mejores tramas del cine negro; género estadunidense al que los críticos franceses de la revista Cahiers du Cinéma, entre ellos; Godard, Truffaut, Claude Chabrol, Eric Rohmer y otros más, bautizaron a ese tipo de historias como “cinéma noir” y justo ese fue el arranque de una película que transformó la cinematografía en su conjunto y cambió las reglas de ésta.

Exhibida por primera vez en México bajo los títulos de: El último aliento / ¡En las últimas! o Sin aliento durante la Tercera Reseña de Cine el 29 de noviembre de 1960 en el Auditorio Nacional y estrenada el 3 de mayo de 1961 en el desaparecido cine Paseo donde se mantuvo por cinco semanas, la ópera prima de Godard, se restrena como una suerte de complemento del reciente estreno de Nueva ola francesa (2025) de Richard Linklater. Realizada a partir de un argumento de Truffaut que Godard trastocó casi por completo con la ayuda de Chabrol sin crédito, obtuvo en su momento el Oso de Plata en el Festival de Berlín y el Premio Jean Vigó a la Mejor Película.

Michel Poiccard alias Laszlo Kovacs (Jean Paul Belmondo), es un ex extra de cine admirador de Humphrey Bogart y delincuente de poca monta. Luego de robar un automóvil en Marsella asesina de manera fortuita a un policía en motocicleta. Sin remordimiento por ello llega a París e intenta en vano cobrar un dinero que le deben y busca a Patricia Franchini (Jean Seberg, la estrella de Buenos días tristeza de Otto Preminger) para acostarse con ella; joven burguesa estadunidense que aspira a convertirse en escritora y vende el periódico New York Herald Tribune por los Campos Elíseos. Michel ignora que la policía lo busca por la muerte del motorista; Patricia lo sabe y le ayuda, sin embargo, para obligarse a alejarse de él, lo denuncia. Michel, cansado y enamorado se niega a huir.

La dureza, desesperanza, fatalidad intrínseca y romanticismo que imprime Belmondo a su personaje es una suma de todos esos antihéroes noir del cine estadunidense: de Bogart a RobertMitchum, de Kirk Douglas a Sterling Hayden que Godard capitalizó para crear uno de los personajes más fascinantes y nihilistas del género y del cine en general con una ineludible perspectiva francesa que permeaba en los filmes de Marcel Carné o Jean Pierre Meville (quien aparece brevemente, al igual que el propio Godard como un soplón). Éste, sería el arranque de una brillante carrera no sólo para el cineasta suizo-francés, sino para el propio Belmondo quien terminaría trastocándose en figura emblemática del cine galo como Gérard Philippe, Alain Delon, Michel Piccoli o Gérard Depardieu.

Hoy día lo que representó en su momento Sin aliento continúa vigente: la frialdad, intelectualidad y tristeza de la bellísima Jean Seberg, el fatalismo romántico y la ingenuidad casi infantil de Belmondo imitando a Bogart pasando su dedo por los labios, sus escapadas para huir de la policía y sobre todo su carrera final donde inevitablemente será abatido. Las referencias cargadas de cinefilia: “Vivir peligrosamente hasta el fin” o de intelectualismo: –“¿Conoces a William Faulkner?”, comenta Patricia y Michel responde: –“No. ¿Es alguien con quien te acostaste?”…, más, los escenarios naturales: calles, cafés, evitando siempre la artificialidad del estudio de cine y las luces de reflectores, incluyendo a los propios protagonistas hablando a cámara en rompimientos brechtianos.

Todo ello, en una trama que se iba reconstruyendo día a día: Sin aliento es una de las obras maestras de la pantalla, una experiencia sensible y dolorosa como lo es su bellísima banda sonora a cargo del jazzista francés Martial Solal cuya melancolía y fuerza impregna toda la trama de un relato único e irrepetible.

Sin aliento se exhibe en las cinetecas México y Chapultepec, La Casa del Cine, Cinemanía Loreto, Cine Tonalá y Filmclub Café.