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No sólo de pan...

De adelantarse al depredador

C

uando un depredador ronda su presa, ésta suele ser más “lista”; es decir, estar preparada para salvarse desde el primer intento de ser capturada y vencida; cualquier persona de campo lo sabe. Por eso son los citadinos los que suelen caer en su primera excursión fuera de su territorio de asfalto… Cierto es que, para caer, se añade la poca importancia que los citadinos prestamos al olfato de la experiencia que un campesino tiene desde niño, y las peores tragedias de excursionistas curiosos que han sucedido en el mundo corresponden a la aventura sin guía que escogieron para descubrir el mundo por ellos ignorado, hasta un entonces fatal que pudo haber sido el perno de unión de dos tipos de experiencia vital.

Si bien nadie podría negar la madurez intelectual de la presidenta Sheinbaum, seguramente ella misma reconoce sus lagunas en el trabajo de la tierra y en el conocimiento de las plantas, animales y suelos de las zonas de cultivo de la milpa prehispánica, actualmente rarísimas entre el norte y sur, y el golfo y el océano, porque si conociera este tema, su nivel intelectual y el amor por nuestro pueblo ya la habrían llevado a desarrollar un proyecto nacional para la recuperación de nuestros policultivos prehispánicos. Y, paralelamente, ya habría dictado la prohibición de insumos químicos en pro de la restauración de suelos y la mejora, inocuidad y calidad de nuestras cosechas de alimentos básicos. Pero nadie puede saber todo.

En cambio, todo ser humano inteligente puede aprender todo y, si tiene conciencia y amor por su pueblo, no vacilará en aceptar leer todo lo relativo a los cultivos originales de los cereales básicos para la formación de la humanidad (como fue el maíz), y sin atenerse exclusivamente a mis modestas columnas, puedo resumirlas en una plática privada para ella y su equipo concernido por el tema.

Resumiendo: estamos frente a una amenaza que puede convertirse en ataque y pérdida de territorio (superficie o subsuelo o ambos) de lo que difícilmente podríamos recuperarnos en este siglo… En cambio, tenemos enfrente una oportunidad única que sólo hace falta poner el ojo en ella y luego la práctica. Por ejemplo:

1.- Levantar un censo de las tierras ociosas disponibles o, si están ociosas y no se acepta el programa de recuperación, comprarlas o expropiarlas. Así, rehacer la geografía del campo útil en mapas por estados e invertir en su rehabilitación productiva.

2.- Simultáneamente, convocar a reuniones de los repatriados de Estados Unidos y, separándolos por estados, proponerles la recuperación de las tierras –en propiedad colectiva como los ejidos– a cambio de su rehabilitación y siempre y cuando produzcan las milpas prehispánicas originarias de cada región.

Pues los policultivos, con base en el maíz y el frijol de distintas variedades, conviven y prosperan entre otras plantas simultáneas, que les son complementarias, tanto en el aprovechamiento de determinados suelos, como en la resistencia a ciertas plagas y los tiempos de maduración que corresponden a la hechura de dietas específicas, entre otras virtudes propias de las milpas prehispánicas. Por cierto: estarían prohibidos los monocultivos, los insumos químicos y la contratación de mano de obra ajena a la comunidad.

3.- Respecto de las familias, se deberá apoyar la rehabilitación de sus hogares abandonados durante el éxodo y se apoyaría la recuperación del sistema comunitario de la tenencia de la tierra, así como las tareas productivas comunitarias. En un esquema como éste no se pretendería “ir para atrás en la historia”, sino conservar o recuperar las virtudes de sistemas que llevaron a nuestros pueblos originarios a ser intelectual y artísticamente equiparables a los mesopotamios y egipcios. Desterrando, de nuestras tierras y comunidades humanas pretendidas modernidades que sólo disuelven los lazos sociales e introducen “inventos” que enferman y llevan a muertes prematuras.

4.- Porque no se trata de ir hacia atrás en la historia del progreso tecnológico de la humanidad, sino de recuperar lo mejor del pasado y probado durante milenios, frente a una tecnología destructiva de la llamada modernidad.

El tema da para mucho más y no tenemos espacio… Esta es sólo una carta de auxilio lanzada al torrente de la amenaza de los bárbaros del norte.