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Cuevas de Dambulla en Sri Lanka, santuario budista tallado en roca

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▲ El templo es un importante centro de peregrinación. Monjes y fieles acuden a diario a orar y mantienen viva una tradición espiritual que ha perdurado por siglos.Foto Alia Lira Hartmann
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ri Lanka, al sudoeste de India, tiene 65 mil kilómetros cuadrados. Su población es de 21 millones de habitantes y la isla se encontró bajo dominio de Gran Bretaña entre 1815 y 1948, cuando logró su independencia para convertirse en la República Democrática Socialista de Sri Lanka; era conocida en la antigüedad como Ceilán, nombre dado por los británicos.

La religión predominante es el budismo, practicado por más de 70 por ciento de la población. Existe una infinidad de templos dedicados a Buda, cuya denominación proviene del sánscrito y se traduce como El Iluminado. Al profeta Siddharta Gautama se le considera el Buda más importante (aunque no el único).

Vivió en India cinco siglos antes de Cristo. Sobre sus enseñanzas se fundó el budismo, la cuarta religión más grande del mundo; aunque no proclama la existencia de un Dios, su doctrina se centra en preceptos encaminados a que el ser humano encuentre equilibrio, armonía y paz en su camino por la vida y asegura el renacimiento o rencarnación después de la muerte física.

Uno de los templos destaca por estar sobre una imponente colina de piedra que se eleva en medio del paisaje tropical, el Templo de las Cuevas de Dambulla, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1991. Este complejo es considerado el mejor conservado del país y uno de los más importantes del mundo.

su origen se remonta al siglo I aC, cuando el rey Valagamba, expulsado temporalmente del trono, encontró refugio en estas cuevas naturales. Tras recuperar el poder, el monarca mandó a transformar el lugar en un santuario en agradecimiento por la protección recibida. Desde entonces, durante más de 2 mil años, el sitio ha sido ampliado y embellecido por sucesivos reyes, convirtiéndose en un centro espiritual de enorme relevancia.

El complejo está formado por cinco grandes cuevas excavadas en la roca, decoradas con más de 150 estatuas de Buda en distintas posturas y de diferentes tamaños, ya sea sentado, reclinado o de pie; la mayor mide 14 metros; las figuras están acompañadas por representaciones de dioses hindúes y figuras reales. Las paredes y techos están cubiertos por murales que narran episodios de la vida de Buda y escenas clave de la historia de Sri Lanka, sumando más de 2 mil metros cuadrados de pintura continua, uno de los conjuntos artísticos más extensos del país.

Al ingresar el visitante experimenta una sensación de serenidad reforzada por el silencio, la iluminación por velas o lámparas con tenues destellos y el olor a incienso que inunda el olfato y se impregna en las prendas por horas después de la visita.

Aunque todas las figuras están separadas de los visitantes por algunas bancas, se advierte con carteles evitar tocarlas o sentarse cerca de ellas; cajas con inscripciones para hacer donaciones se encuentran en todo el lugar, cuya recaudación se empleará en restaurar las pinturas en paredes de la cueva, muchas de ellas se encuentran lamentablemente en visible deterioro.

Su mezcla de espiritualidad, historia y belleza natural convierten a este templo en una de las joyas más valiosas del patrimonio asiático y en visita imprescindible para comprender el alma de Sri Lanka.