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Apetitosa tradición
E

n unas horas van a llegar los Reyes Magos y en muchas casas –también en negocios y oficinas– se repetirá la añeja tradición de partir una rosca. Es quizás la única ocasión en que nadie se quiere sacar el premio, que en este caso es el muñequito que representa al niño Jesús, pues implica ofrecer una tamalada el 2 de febrero, Día de la Candelaria.

El ritual incluye un chocolate espumoso para sopear el trozo de rosca, costumbre mestiza que une el exquisito brebaje prehispánico con el pan que llegó de Europa. El origen de la rosca que conmemora la llegada de los Reyes Magos a honrar al recién nacido hijo de Dios, se dice que tiene su origen en las saturnales romanas, que eran fiestas dedicadas al dios Saturno; para eso se elaboraban unas tortas redondas con higos, dátiles y miel que se repartían entre el pueblo.

Un testimonio del siglo XV cuenta que en el reino de Navarra, en España, se cortaba una rosca que contenía una haba seca; el niño que la encontraba era declarado Rey de la Faba. A nuestro país llegó la tradición en el siglo XVI y la haba se convirtió en un niñito de porcelana o cerámica.

Por su parte, el chocolate era utilizado como alimento, moneda y medicamento en gran parte de Mesoamérica desde tiempos remotos; entre los mexicas poseía enorme valor. Ya hemos comentado que era el broche de las sibaritas comidas de Moctezuma que concluían con una jícara de cacao espumoso y unas fumadas de tabaco perfumado con liquidámbar. Durante el virreinato se le mezcló con leche, se endulzó con azúcar, se le aromatizó con vainilla o canela y se volvió un brebaje indispensable, ya que se tomaba a todas horas del día, y muchos lo consideraban una necesidad.

El muy querido y admirado don José Rogelio Álvarez, autor de la Enciclopedia de México, en su delicioso librito Celebraciones decembrinas en la Ciudad de México, al hablar de los Reyes Magos evoca el Evangelio de Mateo, en el cual se mencionan unos Magos de Oriente que, guiados por una estrella, buscaban en Jerusalén al rey de los judíos.

La estrella alude al relato del Libro de los Números, en el que el adivino Balaan percibe la grandeza de un caudillo israelita simbolizado por el astro. Por su parte, los magos orientales reflejan un pasaje del Salmo 72: “Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo y se postren ante él todos los reyes”. Lo que se refiere al oro, incienso y mirra aparece presagiado por el profeta Isaías: “Jerusalén... la riqueza... de los pueblos vendrá a ti.... vendrán trayendo oro e incienso”.

Así, el relato que cuenta que el rey Herodes tras estudiar las Escrituras, despachó a los Reyes Magos a Belén con encargo de notificarle el domicilio del recién nacido y que al encontrarlo lo adoraron y le ofrecieron oro, incienso y mirra... resulta ser una bonita leyenda. Nos aclara el erudito autor que, bien leído el pasaje evangélico, no habla de reyes, ni son tres ni tienen los nombres que se les atribuyen.

Explica que estas tradiciones, junto con otras del mismo carácter, son fruto de acomodaciones apócrifas de los siglos IV y V. Lo cierto es que desde hace varios siglos forman parte del imaginario colectivo y dan lugar a un festejo que en nuestro país goza de enorme popularidad. De hecho, entre la mayoría de la población continúa llevándole la delantera al rollizo Santaclós, ya que son los que traen los juguetes a los niños.

Como sucede con casi todas las fiestas de tradición, tiene su reflejo en la gastronomía con las sabrosas roscas de Reyes. Cristina Barros y Mónica del Villar, en el interesante libro El santo olor de la panadería, nos dicen que es de origen medieval, cuando el 6 de enero se partía la rosca en nombre de los reyes, de ahí su nombre. “Un trozo era para la Virgen, otro para el Niño Dios y en algunos lugares, uno más para el ausente...” ¿José, Dios Padre o?, el resto se distribuía entre los pobres.

Y ahora vamos pensando dónde compramos la rosca; ¿que tal la Pastelería Suiza?, en Parque España 7, en la Condesa, mismo lugar que ocupa desde hace 84 años y sigue al frente la misma familia. Han conservado la misma extraordinaria calidad en sus panes, pasteles y bocadillos. Fueron los creadores de la Rosca de Reyes rellena de nata, incomparable producto lácteo que ellos elaboran y que utilizan en muchas de sus presentaciones como sus famosos brazos de gitano.