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El México de avances, retrocesos y... ¿transformaciones?
E

n días pasados se presentó el libro colectivo México: ¿la gran transformación? Comparto con los lectores algunos apuntes en relación con una obra amplia y provocadora de nuestra reciente historia reciente. México… es un sugerente volumen, coordinado por Robert Boyer y Alenka Guzmán, quienes se dieron a la tarea de reunir más de una docena de plumas para “intentar una nueva interpretación de la trayectoria mexicana”, como escribe en la introducción, Robert Boyer.

Inspirados por la gran obra de Karl Polanyi, auténtico clásico moderno, los coordinadores, y autores de este poderoso empeño, nos ponen de cara a los peligros que acosaban a Polanyi y que hoy de nuevo podrían desembocar en derrumbes y colapsos mayores.

En cuatro grandes apartados (Integración asimétrica en las cadenas globales de valor; Trabajo dominado, fragmentado y precario; Débil innovación y retraso en la adopción de nuevos procesos productivos; y Los procesos políticos, la debilidad del Estado y el declive de la sociedad civil) Olivier Boylaud, Enrique Dussel Peters, Enrique Valencia Lomelí, Ilán Bizberg, Carlos Alba Vega, Mauricio Rodríguez Abreu, Ignacio Llamas Huitrón, Alejandro Dávil Flores, Ylsel Gutiérrez Alonso, Reynier Rodríguez Socarrás, Miriam Valdés Ibarra, Víctor M. Quintana, Luis Reygadas, Alberto Aziz y los propios coordinadores se dan a la tarea, desde sus miradores, de repasar nuestra historia reciente (la de) un trayecto enmarcado en “(…) un sistema socioeconómico dominado por la integración de las cadenas de valor internacionales” (página 11).

Sus investigaciones y reflexiones sin duda arrojarán luz sobre este gran vuelco estructural que nuestro país experimentó a raíz de la gran crisis de la deuda y la adopción, que no adaptación, a esa corriente de pensamiento que (bajo la guía tutelar de la primera ministra británica, Margaret Thatcher y el presidente estadunidense Ronald Reagan), nos predijo que su aplicación universal permitiría que el sistema capitalista dejará atrás sus recurrentes y destructivas crisis.

Recuerda Robert Boyer que: “Tras la segunda guerra, un contexto geopolítico favorable permitió a los dirigentes mexicanos crear las instituciones y organizaciones que sustentaron un modo de desarrollo centrado en la dinámica del mercado interior. Una forma original de corporativismo (…) sin embargo, agrega, el propio éxito de cualquier sistema socioeconómico acaba por llevarlo a sus límites, como ocurrió en México durante la crisis financiera (…) los ajustes económicos coordinados por las instituciones públicas tenían que dar paso a la competencia (…) este movimiento hacia la desregulación y la internacionalización adquirió toda su fuerza en 1990 con la negociación, la invención en realidad, de un tratado de libre comercio (…) sin embargo, este programa de desmantelamiento gradual, de una forma de corporativismo se ha llevado sin ningún bloqueo político”. (páginas 11 y 12).

Varias son las interrogantes que, se nos dice, guían el trabajo; entre otras, ¿por qué la radical apertura internacional y la desregulación, que siguieron al inicio de la crisis del modo de desarrollo autocentrado de México, condujeron a un crecimiento tan bajo y a una desigualdad persistente durante tres décadas?; O, como insistimos varios desde los albores de la alternancia, ¿por qué si tenemos libre mercado, democracia pluralista, etcétera, no crecemos?

¿Qué nos enseña una comparación de las trayectorias de México y Corea del Sur?; ¿Cómo explicar la debilidad de la cobertura social, su segmentación, a pesar de las promesas recurrentes?; ¿Cuáles son las mediaciones, o incluso el régimen político, que permiten legitimar una sociedad duramente desigual?

Así, a casi un cuarto de siglo que México despegara hacia los nuevos mundos de la globalización, lo que este registro nos señala es la imposibilidad de crear un mercado de trabajo a la altura de nuestra demografía, con capacidad para responder a una demanda laboral conformada por decenas de miles de jóvenes y adultos jóvenes que año tras año se han visto excluidos, orillados a los agrestes territorios de la precariedad o la migración y, cada vez más, a integrar las filas del crimen organizado.

Las discusiones y reflexiones a las que invitan los textos pueden ser un buen punto de partida para enfatizar la conveniencia, la urgencia, de construir una nueva senda, un nuevo curso de desarrollo, como lo llamamos algunos, a partir no sólo del reconocimiento de las carencias, desajustes y omisiones de nuestra macroeconomía sino del estudio de nuestras intentos y aventuras en pos de un país mejor. Como solía decir mi querido amigo Carlos Tello, “un poco más justo y un poco más democrático”.