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Tomás Sánchez conjunta en sus pinturas paisajes y meditación

Acaba de publicar el catálogo Colecciones mexicanas

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▲ Tomas Sánchez nació en Cienfuegos, en 1948. Cuenta que sus paisajes ya no son sólo de Cuba, sino que se mezclan con su visión de México, Brasil, Costa Rica y Nueva York.Foto Julián Trejos
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v Discovering the Other Shore (Descubriendo la otra orilla), pintura realizada por el pintor, grabador y fotógrafo cubano Tomás Sánchez.Foto cortesía del artista
 
Periódico La Jornada
Domingo 4 de enero de 2026, p. 5

El paisaje ha acompañado al pintor cubano Tomás Sánchez durante toda su vida. Desde su infancia ha dibujado la naturaleza que lo rodeaba. Su paso por escenas expresionistas ha estado también presente en su obra, marcada por su práctica de la meditación durante más de 55 años.

Todo ello se refleja en el catálogo Tomás Sánchez: Colecciones mexicanas (HDR Studio), que recién se publicó en el país con textos del escritor Guillermo Arriaga y la galerista Nina Menocal, quien abrió el mercado nacional al creador. El volumen incluye 128 obras del artista.

En entrevista con La Jornada, Sánchez (Cienfuegos, 1948), relató que nació y vivió en un pueblo; que el patio de su casa daba a fincas ganaderas y bosques. Sus padres eran amantes de la naturaleza y le transmitieron ese sentimiento. “En una época en que tuve problemas de artritis y me llevaban al médico en tren, iba pegado a la ventanilla mirando el paisaje de los ríos, los niños bañándose en ellos y después regresaba a mi casa y recreaba todo eso”.

Durante los dos años que cursó en la academia de San Alejandro lo convencieron de que el paisaje no estaba de moda, y sí el expresionismo y el pop art; sin embargo, en sus piezas las figuras se redujeron y empezaron a aparecer, de nuevo, los paisajes de fondo, y finalmente se decantó hacia éstos.

Recordó que “al principio era el paisaje por el paisaje, pero coincidió con que empecé a practicar yoga y meditación. La experiencia me acercó más al paisaje. Me hacía experimentar espacios interiores que a veces se partían y me quedaba perdido en su espacio de paz y de dicha. De pronto, cuando salía de la meditación venían imágenes de paisaje que eran como un reflejo de eso que había experimentado”.

Agregó que su creación parte de la memoria. Al principio, por ejemplo, pintaba con exactitud la palma real cubana, pero luego esas plantas se le fueron convirtiendo en híbrido, en “su” palma. Ahora, sus paisajes ya no son de Cuba, sino que se mezclan con su visión de México, Brasil, Costa Rica y Nueva York. “Todo se ha vuelto una síntesis en la experiencia de meditación”, comentó.

El también fotógrafo explicó que le gusta “pintar desde la imagen interior, de lo que recuerdo del paisaje, que ha sido una constante junto con el tema de la basura. El paisaje cada vez se fue volviendo más ecológico, no sólo por los basureros, sino porque trato de expresar lo que siento en contacto con la naturaleza. Si estoy en meditación, tengo una extensión de conciencia, lo que experimento es realmente un paisaje, un espacio interno”.

El también grabador transitó de obras que representaban imágenes de todos los días, como los solares yermos de su pueblo, al paisaje de la naturaleza, y luego descubrió al pintor estadunidense Andrew Wyeth, quien “me demostró que se podía hacer paisaje contemporáneo; también el de Caspar David Friedrich, pintor alemán del siglo XVIII, quien tiene unos paisajes de una actualidad impresionante”.

Los dos artistas le mostraron que se podía hacer un paisaje moderno, idea reforzada por el cine europeo que veía, con directores como Alfred Hitchcock, el polaco Andrzej Wajda o el ruso Andréi Tarkovski, quien tiene escenas completas en las que nada más es el fluir de agua por un arroyo.

Sánchez rechaza la etiqueta de fotorrealista o hiperrealista. “Siempre hago fotografías, pero nunca me baso en ellas para pintar. A veces utilizo la referencia en los basureros para algún objeto que esté en primer plano, pero jamás me llamaría fotorrealista, porque no dependo de ese medio para pintar”.

En torno al colorido en su obra, reconoció que se vincula con Cuba. “Yo tenía la influencia de Antonia Eiriz y ya en los últimos años de estudio me influyó mucho la pintura de James Ensor, y comencé a hacer piezas a través del gesto. Eran muy automáticos, como del subconsciente, y empezaron a salir los pueblos donde me crié, así como personajes muy surrealistas”.

Tras una intervención médica que le dejó secuelas importantes y en la que casi muere hace un año, Sánchez ha tenido fisioterapias y está en recuperación. Ahora “pinto menos horas al día. Empecé a trabajar al mes de salir del hospital, pero tengo más tiempo para contemplar lo que estoy haciendo y reflexionar sobre eso. Tengo un diluvio de nuevas ideas y deseo de pintar cuadros grandes otra vez, de tres metros”.