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Muestra 78. Underground
B

rutal cuento de hadas, delirante fantasía musical, farsa estridente y barroca, comedia burlesca de evidente aliento felliniano que oscila entre la crítica al pasado histórico marcado por la guerra y un onirismo desgarrador. A 30 años de filmada, la 78 Muestra Internacional de Cine rescata el quinto y polémico largometraje de Emir Kusturica que significó el rompimiento con su habitual guionista, Abdulah Sidran, con quien coescribió ¿Recuerdas a Dolly Bell? (1981) y Cuando papá sale de viaje (1985). Se trata de Underground ( Podzemlje, Yugoslavia-Francia-Alemania-Bulgaria-Hungría, 1995), obra ambigua y excesiva repleta de alegorías visuales en la que el cineasta bosnio continuaba explorando sus personajes límite y reiterando sus obsesiones y temáticas a través de un arte festivo y una tradición cultural tendiente al humor negro y la ironía.

Un nuevo relato poético y truculento que revisaba y se apoyaba en las costumbres y tradiciones de una nación inexistente y dividida. Nunca como entonces, cobraban tanta relevancia las canciones, las orquestas pueblerinas, las danzas sensuales, el fatalismo, las celebraciones de boda y una suerte de realismo mágico siempre sorprendente y constante en su filmografía. No faltan aquí las novias que se elevan por los aires, los hombres que se dejan embriagar por el poder o los dramas familiares que se trastocan en tragedias colectivas; es decir, cuando uno de sus miembros se ve afectado lo resiente toda la comunidad como lo muestra la muerte de Vera (Mirjana Karanovic), la mujer embarazada del guerrillero nacionalista.

Dividida en tres partes muy específicas que corresponden a otros tantos contextos socialmente impactantes de una Yugoslavia que se caía a pedazos, el filme de Kusturica intentaba convertirse en la gran cinta épica del cine yugoslavo sintetizando en poco menos de tres horas la historia de un país en crisis política permanente a partir del relato de amistad entre dos hombres y una actriz arribista. No fue casual que Kusturica obtuviera por segunda ocasión la Palma de Oro, sin embargo, ese premio lo llevó a un aislamiento forzado y al exilio en Francia al estallar la guerra en Bosnia. Una guerra fratricida que no sólo lo separó de su guionista, sino de su país –y que en paralelo arrojaba obras memorables como Antes de la lluvia (Milcho Manchevski, 1994)– y que intentaba explicarse a su vez el odio entre serbios, bosnios y croatas.

Underground inicia en abril de 1941 con una de las escenas más inquietantes en la historia del cine: el bombardeo sobre el zoológico entre animales muertos y otros que huyen despavoridos. Son los años de la segunda guerra y la resistencia contra los invasores nazis a través de un tratamiento paródico que llega a los excesos (la tortura en el hospital siquiátrico). Continúa con un retrato de la guerra fría y el ascenso de Tito al poder en una segunda parte que guarda ciertas similitudes con el tono que el cineasta georgiano Tenguiz Abuladze imprimía a su relato Arrepentimiento (1986). El pueblo sumido en un aislamiento –de ahí el sótano– y los políticos fabricando mentiras. Y finalmente la aterradora parte final: el conocimiento de la verdad y el odio entre hermanos en medio de interminables túneles y paranoia donde la libertad se compra y se vende.

Underground o Había una vez un país como se exhibió hace tres décadas en México, narra la historia entendida como una mentira política; el tema de toda la filmografía de Kusturica. El reino de una fábula fantasmal y el sueño final de una nación festiva y sin resentimientos. Un filme tan simbólico como realista y ambiguo siempre proclive a la polémica.

Underground forma parte de la 78 Muestra Internacional de Cine, consultar horarios y funciones en: sala Julio Bracho y Centro Cultural del Chopo de la UNAM, Cineteca Las Artes y Chapultepec y Centro Cultural Jaime Torres Bodet del IPN.