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… y las rechazadas todavía estaban allí
P

ara cumplir su promesa de que ya no habría rechazados, este año la presidenta Claudia Sheinbaum pidió a la Secretaría de Educación Pública (SEP) que elaborara una alternativa al examen único. Y la SEP debió haberle precisado que rechazados no significaban jóvenes que se quedaban sin alguna escuela, pues desde años atrás eso no ocurría (Carmina Tovar, de la Comipems, por ejemplo, informaba en https://goo.su/Jhg73hq que “la Comipems no rechaza a nadie, hay más lugares que aspirantes” y “de 722 opciones, 322 todavía tenían lugares”) y explicarle que “rechazados” significaba que no habían quedado en las escuelas de su preferencia.

Lo anterior se combinó con otra precisión importante, que si el binomio UNAM-IPN seguía aplicando un examen garantizaba que habría entonces decenas de miles de rechazados. En cifras de la SEP, de un total de 272.7 mil aspirantes, más de la mitad, 161.4 mil, solicitaron ingreso a la UNAM-IPN. Y como la UNAM-IPN ofrecen en total sólo 62.5 mil espacios (35.5 y 27 mil, respectivamente), eso significa que este año el rechazo en esas dos instituciones será de casi 100 mil (98.9 mil). Y a esta cifra habría que añadirle aquellos aspirantes que –como en el Colegio de Bachilleres (Colbach)– son rechazados por no haber cupo suficiente. Con todo lo anterior se debió precisarle que en realidad sólo parcialmente se cancela el examen único, pues más de la mitad debe pasar por un examen de opción múltiple tipo Comipems.

La persistencia de un número significativo de no aceptados (como en años pasados) trae como consecuencia que éstos finalmente se quedan sin plantel o deben optar por los no deseados, lo que propicia el abandono escolar, que además no ofrecen mucha facilidad para el paso posterior a la educación superior. Así, en la UAM el porcentaje de admisión de aspirantes a licenciatura es hasta de 30 por ciento para los provenientes de la UNAM, pero no llega a 15 por ciento si estudiaron en el Colbach, y aun menos si son de alguna escuela técnica.

Por todo esto, la intención de cambiarlo todo no prosperó y enfrentada con esto, la SEP ha optado por abrumar a los interesados con cifras inconexas, enfáticas declaraciones huecas (“ya no hay rechazados”) y hasta el uso de la figura presidencial como garante de la calidad y eficacia del procedimiento. Así, el secretario Mario Delgado dijo en la mañanera del pasado 25 de agosto: “Durante casi 30 años no se cuestionó (el examen único); parecía una regla y era lo normal, pero era profundamente injusto. Hasta que llegó la presidenta Claudia Sheinbaum y cuestionó ese mecanismo justamente por la convicción de que la educación es un derecho y no un privilegio”. No cambió mucho y obviamente es falso que nadie cuestiona el examen único; durante décadas ha sido objeto de protestas y constantes demandas (como del MAES). Pero entonces, ¿por qué después de tres décadas no se amplía la capacidad de las instituciones más buscadas?

José Romero, director del Centro de Investigación y Docencia Económicas, hace un análisis interesante. Dice que las burocracias universitarias se distribuyen recursos y privilegios, y que la autonomía, antes un “espacio crítico, se volvió sumiso, un escudo de camarillas”. Y añade algo crucial: “En el sexenio anterior se intentó limitar privilegios, pero la reacción de la elite académica frenó cualquier posibilidad de cambio”. Agrega que “en el actual (sexenio), lejos de corregir ese rumbo, se optó por la conciliación: en lugar de transformar las estructuras de poder, se prefirió coexistir con ellas” ( La Jornada, 28/8/2025, p. 16). La “conciliación” y “coexistencia” explicaría por qué el gobierno no presiona para que en lugar de rechazo haya espacios y por qué sigue tolerando que incluso se reduzca o se estanque el número de lugares en la UNAM y la UAM.

Así, durante 29 años (desde 1996), la UNAM ha admitido sólo a 33 mil aspirantes al bachillerato (aunque este año fueron 2 mil más: 35.5 mil); sin embargo, años atrás (antes del examen único) ingresaban más de 40 mil (40.8 mil en 1990) ( Población escolar UNAM: Estadísticas 1980-2003, p. 36). Y en la UAM, la matrícula sólo ha pasado de 55 mil a 61 mil lugares en casi medio siglo. El monto de recursos que así se dedican a otros fines es entonces monumental. Y por eso los rectores no tuvieron inconveniente en ceder mil lugares más de licenciatura en la UAM (y sin examen) y un par de miles más en bachillerato en la UNAM. Esta indiferencia ante la necesidad de educación de los jóvenes es el fruto directo del ambiente de “conciliación”. Las burocracias están tranquilas (no habrá una ley o presiones poco amigables), y el gobierno también tranquilo, porque vive la pax universitaria. Pero el costo lo pagan 100 mil muchachas y muchachos que dejan de estudiar o van a escuelas menos favorecidas. Una situación que sólo se resuelve con una cantidad suficiente de lugares en las mejores escuelas.

* UAM-X