l 8 de septiembre se conmemora el fallecimiento del general Ignacio Zaragoza, uno de los más importantes héroes de nuestra historia, protagonista estelar de la más importante victoria de las armas mexicanas: la batalla del 5 de mayo, en Puebla, donde con maestría condujo al Ejército de Oriente y derrotó al ejército francés, el más poderoso del mundo en esa época.
Ignacio Zaragoza Seguín nació en Bahía del Espíritu Santo, Texas, el 24 de marzo de 1829. Su padre, capitán del Ejército mexicano, estuvo asignado a distintas plazas en el noreste mexicano. Su familia fue de las muchas familias mexicanas que quedaron en territorio extranjero cuando se independizó Texas, en 1836. Desde niño se sintió parte de la nación mexicana y su amor por su patria lo acompañó hasta el último momento de su vida.
Estudió la primaria en Matamoros y entró al seminario de Monterrey. Cuando apenas tenía 17 años se alistó para defender a México en la injusta guerra de conquista que emprendió Estados Unidos. Formó parte de la Guardia Nacional y se adhirió a la Revolución de Ayutla, el movimiento encabezado por Juan Álvarez en 1854 para poner fin a la dictadura de Santa Anna.
Zaragoza demostró grandes cualidades militares y era un gran ser humano. El escritor Juan A. Mateos escribió de él que su actitud serena “infundía respeto y veneración. Trataba con seriedad, pero con exquisita distinción, a sus subordinados y consideraba a la tropa, acariciaba a los niños que iban con sus madres en pos de los batallones; decía que aquellas tiernas criaturas eran sus hijos. Muchas veces los tomaba en sus brazos; esto hacía llorar a los soldados. Era poco comunicativo, y jamás se ostentaba sino en los momentos supremos. Su presencia en el ejército era una esperanza radiante que infundía valor y decisión al soldado”.
En enero de 1857 se casó con Rafaela Padilla, con quien tuvo tres hijos. Sin embargo, la tragedia destruyó a su familia. Sus dos primeros hijos murieron con apenas unos meses de edad. Su esposa murió en enero de 1862, cuando Zaragoza defendía al gobierno de Benito Juárez contra las guerrillas conservadoras. El joven viudo se quedó solo con un tercer hijo de menos de dos años.
Zaragoza fue uno de los pilares del partido liberal en la Guerra de Reforma. Convencido defensor de la Constitución de 1857, obtuvo importantes victorias. Derrotó en 1859 a los más importantes generales conservadores: a Tomás Mejía en Querétaro, a Miguel Miramón en Silao y a Leonardo Márquez en Lomas de Calderón. A finales de 1860 participó en la batalla de Calpulalpan, que significó la derrota de los conservadores en esa guerra y el triunfo de los principios liberales de la Constitución y las Leyes de Reforma.
Como militar, Ignacio Zaragoza brilló con luz propia en una generación extraordinaria encabezada por Juárez que salvó a la patria y permitió que México fuera un país libre, independiente y soberano, con un Estado laico y una sociedad regida por las leyes.
Una vez derrotados los conservadores en la Guerra de Reforma, Juárez lo nombró ministro de Guerra, en abril de 1861. Ante la bancarrota financiera del gobierno y la amenaza de las guerrillas conservadoras, Juárez había suspendido el pago de la deuda externa en julio de ese año. Los gobiernos británico, español y francés firmaron la Convención de Londres para ejercer presión militar conjunta que obligara a México a pagar su deuda. El gobierno de Juárez no pudo evitar el desembarco de las escuadras de los tres países en Veracruz en diciembre de 1861 y enero de 1862. La actitud del representante español, el general Juan Prim, fue respetuosa y comprensiva. Entendió las dificultades del gobierno mexicano y confió en que cumpliría sus compromisos. Firmó con el canciller mexicano, Manuel Doblado, un acuerdo para realizar negociaciones en Orizaba.
Gran Bretaña y España confiaron en el gobierno mexicano y abandonaron el país. Pero el emperador francés, Napoleón III, alentado por los conservadores mexicanos que habían ido a pedirle una intervención, había decidido invadir México, imponer un príncipe extranjero, Maximiliano de Habsburgo, y crear un protectorado francés que pusiera límites al expansionismo de Estados Unidos y fortaleciera su posición estratégica en América.
Envío un ejército de 6 mil hombres, al mando del conde de Lorencez, para derrocar al gobierno de Juárez y establecer una monarquía. El 12 de abril de 1862, Juárez llamó al pueblo de México a defender a la patria. Nombró a Zaragoza jefe del Ejército de Oriente para detener el avance francés. La obra cumbre de Zaragoza fue la conducción de la batalla de Puebla, el 5 de mayo de 1862. Estableció una defensa cuyo eje eran los fuertes de Loreto y Guadalupe, en las inmediaciones de la capital poblana, que resistió los embates franceses en cuatro ocasiones y los contraatacó cuando estaban en retirada. Fue una gran victoria, no sólo porque detuvo a las tropas invasoras, sino porque esa victoria fue el punto de partida de la resistencia y la esperanza del pueblo mexicano para vencer al invasor, lo que ocurriría cuatro años después, cuando fue derrotado el imperio de Maximiliano. Sin embargo, Zaragoza murió pocos meses después de su gran triunfo en Puebla, víctima de tifo.
* Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM)