Opinión
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Otra vez Girón
L

a guerra global de Estados Unidos avanza peligrosamente. El presidente de Venezuela sigue secuestrado mientras se le impone una agenda entreguista a la administración encargada de ese país. El genocidio contra los pueblos de Palestina y Líbano demuestran la falsedad de la paz anunciada. La propaganda de guerra mantiene un estado de confusión permanente. Surgen nuevas amenazas contra Cuba e Irán.

Diariamente Washington anuncia el inminente reinicio de las operaciones bélicas contra Irán y Cuba. Los más recientes despliegues militares en el océano Índico y en el Caribe demuestran la disposición para concretar los planes del genocida confeso. Sin embargo, existe la posibilidad de que las misiones se aborten, porque el imperio no puede asegurar una victoria sobre esos países.

Irán ha mostrado, a pesar de la asimetría de fuerzas, un poder de fuego y una cohesión nacional superiores a la dupla Trump-Netanyahu. Ha logrado diezmar el poderío regional de Estados Unidos y sumir en crisis a las monarquías alineadas con esa nación y la OTAN. Con el control del estrecho de Ormuz está alterando las reglas del intercambio comercial de hidrocarburos e impactando a la economía global.

En tanto, Cuba, asediada por Estados Unidos desde que en 1959 planteó un proyecto de nación y humanidad opuesto al capitalismo, enfrenta el cerco energético total desde enero, con terribles impactos en la salud, la alimentación y la vida de su pueblo. No tiene un gran poder armamentístico. El bloqueo que padece (desde hace 65 años) acota a lo mínimo sus posibilidades de impactar en la economía global. Su capacidad para plantear alianzas que alteren la geopolítica son limitadas, debido al estado actual de las fuerzas políticas regionales. Sin embargo, contra la mayoría de pronósticos, Cuba es una nación poderosa a la que Estados Unidos no puede derrotar.

En 1961, Allan Dulles, entonces jefe de la CIA, diseñó una estrategia de invasión para aplastar a Cuba. Gozaba de prestigio por haber concretado el derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala, en 1954. El poderío militar de Estados Unidos estaba en su apogeo. Predominaban en la región dictaduras obedientes al imperio.

Para secundar el plan se creó un consejo revolucionario cubano y una estructura militar subordinada a éste que acusaba al fidelo-comunismo de haber traicionado las aspiraciones del pueblo y llamaba a los cubanos a levantarse en armas.

Vinieron después una serie de ataques para sembrar el terror en la población y destrozar la fuerza aérea nacional. En una congregación masiva para velar los cuerpos de las personas caídas por los bombardeos, decenas de miles de cubanos escucharon las palabras de Fidel Castro: “lo que no pueden perdonarnos es que estemos ahí en sus narices, ¡y que hayamos hecho una revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos! […] Y por esta revolución de los humildes, y por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”.

La primera declaración pública de Fidel Castro sobre el carácter socialista del proceso se daba en un contexto del pueblo en armas –aquello que Marx había apuntado como necesario para el sostenimiento de una revolución– en medio de un ataque diseñado y financiado por el imperio más poderoso de la historia.

La afirmación pública del socialismo cubano fue también una convocatoria a la guerra. La fuerza de la invocación provenía de la sentencia de Martí sobre la guerra necesaria; la misma que guió el asalto al cuartel Moncada y el desembarco del Granma. Según Fidel Castro, la declaración explícita sobre el carácter socialista de la revolución la hizo para sentar constancia de que el pueblo tenía conciencia clara de los objetivos: “para que no dijeran después que era un pueblo engañado el que estaba combatiendo contra los mercenarios del imperialismo”.

El día 17 de abril comenzó el de-sembarco de mil 500 mercenarios contrarrevolucionarios en Bahía Larga y playa Girón. La operación tomó como base el asalto a Iwo Jima, la operación anfibia más compleja de la Guerra del Pacífico. Estados Unidos proveyó armamento y aviones de combate.

Los enfrentamientos duraron 66 horas. El 19 de abril, Fidel Castro informó que la invasión había sido derrotada. El saldo de los invasores: 89 muertos, 250 heridos y mil 181 detenidos; 157 combatientes patriotas fallecidos y cientos de civiles resultaron heridos. El 24 de abril, Kennedy admitió la responsabilidad de su gobierno y un día después impuso el bloqueo económico a la isla.

Hoy, Cuba entera vuelve a ser Girón. En las próximas semanas Estados Unidos podría atacar a Cuba y mostrar algún logro funesto en lo inmediato. Pero le será insostenible mantenerse allí. Cuba tiene un arma estratégica que en ningún diálogo está dispuesta a negociar: la fuerza de un pueblo entero dispuesto a defender con la vida hasta la última porción de suelo patrio.

* Filósofo, coordinador de las Obras escogidas de Fernando Martínez Heredia