Reunión del APEC, oportunidad de diálogo: académico chino
Sábado 18 de abril de 2026, p. 12
Pekín. En términos del número de países involucrados y personas afectadas, “estamos al borde de una tercera guerra mundial si algunas potencias o hegemonías no ejercen restricciones, especialmente en lo que respecta a maximizar sus propios intereses”, consideró Ran Jijun, decano del Departamento de Inglés de la Universidad de Asuntos Exteriores de China, afiliada al ministerio de Asuntos Exteriores.
En un mundo sacudido por pugnas económicas y militares, destacó el académico, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que se reunirá en noviembre en Shenzhen, China, puede convertirse en una plataformas para que los líderes políticos “encuentren una solución a los conflictos actuales”, aunque, enfatizó, es un espacio centrado en la cooperación económica.
El peso de la APEC no es menor. El foro no sólo incluye a Estados Unidos y China; las 21 economías que la conforman –entre ellas Japón, Canadá, Rusia, México, Corea del Sur e Indonesia– concentran la mitad del comercio global, 60 por ciento del producto bruto mundial y un tercio de la población.
Sin embargo, es un espacio de diálogo sobre comercio, inversión y cooperación económica, no geopolítica, y sus determinaciones no son vinculantes para sus “economías” (no Estados miembros).
Ran Jijun detalló que la idea de crear el APEC surgió en 1989, cuando la guerra fría estaba llegando a su fin y las tensiones internacionales comenzaban a relajarse. La cooperación económica estaba remplazando la confrontación militar como prioridad en las relaciones internacionales. Los países europeos se alistaban para establecer un mercado único, lo que también generó una presión competitiva para la región de Asia-Pacífico, explicó el académico.
Hoy el paradigma es otro. Sobre todo desde 2017, cuando, en su primer mandato, el estadunidense Donald Trump lanzó su primera estrategia de seguridad nacional que definía a China como un competidor estratégico. El año no es casual, explicó Ran Jijun. En 2017 el PIB de la potencia asiática equivalía a más del 66 por ciento del estadunidense.
Esto ha llevado a que Estados Unidos obligue a otros países a tomar partido, mientras China permanece abierta, sostuvo.
“Estamos desarrollando un modelo basado en la asociación en lugar de la alianza, lo que permite crear oportunidades de beneficios recíprocos para todos los miembros que participan en ella”, destacó. El problema con el concepto de alianza, amplió, es que “los países no están en condiciones de igualdad. Los miembros de menor envergadura terminan pagando más y recibiendo menos. Hoy se suele comentar que la alianza ya no se trata de la política del palo y la zanahoria. Sólo existe el palo”.
Añadió que el mundo está “experimentando cambios que tal vez no se habían visto en 100 años”, lo que obliga a preguntar si se puede seguir con una comunidad dinámica y en armonía. “Creo que ello dependerá de los esfuerzos conjuntos y concertados de todas las economías involucradas (...) En el contexto actual, China necesita cada vez más al resto del mundo y viceversa”.











