oloroso pero inevitable, un hecho absolutamente irrevocable es el cambio de régimen político, económico y social en Cuba. Muy difícil tratar de anticipar sus hechos de-sencadenantes, pero lo que es inevitable es el cambio, quizá pronto. Lamentablemente el factor decisivo para una normalización gradual será Estados Unidos. Ojalá sea para bien de ese querido país.
Otro hecho tan incontrovertible como el anterior atañe también a México. Habrá efectos en esa área geopolítica por nuestra pertenencia a la vecindad México-Cuba-Estados Unidos y las comunidades caribeñas para no ir más lejos. Mucho de lo que en Cuba suceda afectará a todo ese universo.
De esa realidad brota la estrecha vinculación México-Cuba por 500 años de relación política y comercial. Por todo ese tiempo, todo lo que se intercambiara entre México y Europa pasaba por La Habana. Nos determinábamos recíprocamente y bajo otras realidades así será a futuro. Los hechos venideros vistos, en el plano de la cordialidad que nos une, serían predeciblemente: 1. En materia política dependerá de la actitud de Washington, que por hoy puede suponerse más áspera que tersa, lo que afectará la política exterior de nuestro país 2. Los problemas humanos que se derivarían de migraciones de la isla hacia nuestras costas del sureste, unas legales y otra no, dadas las condiciones de necesidad que esos flujos traerían hacia México. 3. Problemas de orden jurídico penal y de las leyes de población. 4. Nuevas realidades financieras y comerciales.
La seguridad nacional no presupone de oficio que a todo hecho trascendente para la vida nacional invariablemente se clasifique como riesgo a ella. Sí implica el deber de estudio y observación del evento que la provoca con constante calificación de sus potenciales efectos sobre su deber de custodia de los altos intereses nacionales. Lo que suceda al interior de la isla no nos compete, pero sus efectos sí. En materia política no necesariamente sería una democracia liberal plena en el corto plazo, pero sí un sistema híbrido con un partido dominante.
Si la situación política de Cuba de alguna forma se resuelve y logra transitar hacia un sistema más abierto, con normalización institucional y económica, su perfil logrado en su transformación puede proyectarse, toda proporción guardada, con experiencias ejemplares como Vietnam y Corea del Sur y, más próximas a nuestras realidades, con Uruguay y República Dominicana, que salieron satisfactoriamente de regímenes autoritarios a sistemas radicalmente opuestos.
Un escenario fácil no está garantizado. Las principales inseguridades serían: actitud de los grupos anti-Cuba radicados en Florida, transición desordenada o crisis institucional, captura económica por élites o actores externos, corrupción en los procesos de cambio, confianza excesiva en el turismo.
Si la transición se da razonablemente, Cuba en pocos años podría ser políticamente semiabierto, con pluralismo limitado económicamente, con una economía mixta en crecimiento, socialmente más desigual, pero con una clase media emergente, con regreso de talentos humanos y capitales, geopolíticamente reintegrada al sistema occidental y regional, aprovechando estratégicamente que, como fue por siglos, sería una clave central en el Caribe.
Si México decidiera salir del sopor de su política exterior se encontraría con sorpresas, oportunidades y tareas. La sorpresa sería que nuestro país no es apreciado por la comunidad internacional, Europa está enredada en su supervivencia, Medio Oriente, con sus guerras; para Oceanía no existimos y lo peor, el resto de América Latina nos desprecia, por lo que una idea lúcida sería participar en la vuelta de Cuba a la hermandad latinoamericana.
Estas ideas tan primarias seguramente están siendo analizadas acuciosamente por la nomenclatura cubana, intereses estadunidenses, oficiales y privados, por los antiguos emigrantes de la isla con sus descendientes y por no sé qué organización en México que produzca reflexiones estratégicas.












