a disponibilidad de medicamentos podría convertirse en una de las grandes disputas estratégicas del siglo XXI. El 6 de junio de 1944, el desembarco en Normandía marcó un punto de inflexión en la historia contemporánea. Aquel Día D abrió el frente occidental y aceleró el desenlace de la Segunda Guerra Mundial. El próximo “día D”, sin embargo, probablemente no será un evento espectacular ni militar. Podría manifestarse como una disrupción logística en el suministro de insumos estratégicos. En ese escenario, asegurar la disponibilidad de medicamentos se convierte en un factor decisivo para la seguridad y la estabilidad de las naciones.
La amenaza que no vimos venir
Todo indica que una de las disputas geopolíticas más relevantes del siglo XXI se jugará en torno a la disponibilidad de medicamentos. A diferencia de insumos como los semiconductores, el sector farmacéutico ha sido abordado durante décadas como un problema técnico o comercial, más que como un eje de poder global. Sin embargo, detrás de su producción, regulación y circulación se configuran dependencias, asimetrías de poder e instrumentos de influencia. Pensar una geopolítica de los medicamentos implica analizar precisamente esas dinámicas. Este enfoque conecta tres planos que casi nunca se analizan juntos: la economía política que define las reglas del juego, la selección racional que obliga a priorizar los fármacos que realmente importan y la logística territorial que determina si esos medicamentos llegan o no a quienes los necesitan.
La geopolítica contemporánea de los medicamentos se estructura en torno a una paradoja: mientras los genéricos sostienen el acceso cotidiano a tratamientos, su producción depende de cadenas globales cada vez más concentradas. Mientras los sanitaristas nos preocupamos por el impacto de medicamentos nuevos de alto costo, la mayor amenaza radica en una posible disrupción del suministro de fármacos antiguos y baratos. Sostenemos dos hipótesis para analizar esta amenaza creciente. Primera hipótesis: La disponibilidad de medicamentos como punto decisivo para la sostenibilidad de los gobiernos. El consumo global de medicamentos crece de forma sostenida, impulsado por el envejecimiento, las enfermedades crónicas y la medicalización de la vida. La interrupción de tratamientos ya no es un problema clínico individual, sino un factor de inestabilidad colectiva. En países de ingresos medios y bajos, el desabastecimiento ha debilitado gobiernos, como en Sudáfrica con los antirretrovirales o en Venezuela con la escasez de insulina. En naciones de altos ingresos, como Francia y el Reino Unido, el desabastecimiento también se ha politizado, afectando la gobernabilidad. El medicamento se ha convertido en un bien políticamente no sustituible.
Segunda hipótesis: la hegemonía de China en la producción de los principios activos que sustentan la salud global. Los sistemas de salud se han centrado en cómo financiar medicamentos monopólicos, mientras la provisión de genéricos se tercerizó a Oriente. Aunque India es el mayor productor de genéricos terminados (14% del total mundial), 40% de la oferta global depende de principios activos (APIs) chinos, proporción que alcanza 80% en antibióticos clave. Este control de los insumos críticos confiere a China un poder estructural inmenso. Occidente enfrenta una vulnerabilidad estratégica: si China restringiera las exportaciones de APIs para antibióticos, en pocas semanas se registraría un desabastecimiento en mercados como el estadunidense, donde siete de cada diez personas utilizaron antibióticos en 2022. En ese punto, la salud global deja de depender únicamente de médicos y hospitales y pasa a depender también de quién controla los insumos invisibles de la química farmacéutica.
El campo de batalla logístico: cuando la guerra lejana golpea su farmacia
Esta vulnerabilidad no es teórica. Un conflicto como el que involucra a Irán demuestra cómo la geopolítica repercute en la salud pública incluso en regiones lejanas como América Latina. La interrupción de rutas comerciales en el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte marítimo, retrasa y encarece el flujo de productos farmacéuticos. Muchos medicamentos genéricos fabricados en India dependen de APIs y rutas que atraviesan esa región. Las consecuencias directas, según reportes de prensa y análisis de organizaciones como Direct Relief, son retrasos en las entregas, aumento de costos de transporte y seguros, y una presión financiera insostenible para los sistemas de salud. La guerra eleva el precio del petróleo, encareciendo fertilizantes y otros derivados químicos esenciales para la industria farmacéutica. Esto no sólo afecta la ayuda humanitaria y las campañas de vacunación, sino que amenaza con interrumpir la producción de antibióticos, analgésicos y tratamientos cardiovasculares de los que dependen millones de personas. Para América Latina, el impacto es indirecto pero real: mayor costo y posible escasez si el conflicto se prolonga.
El poder, la salud y el territorio
Así como ocurrió con el carbón en el siglo XIX o con el petróleo en el XX, el carácter estratégico de los medicamentos sólo se percibe cuando su provisión deja de darse por sentada. La geopolítica de los medicamentos revela una profunda transformación del poder. El acceso a la salud ya no depende únicamente de la innovación o del gasto, sino de arquitecturas productivas concentradas y frágiles. Los estados han centrado su atención en controlar el gasto en productos monopólicos, mientras delegan en el mercado global la provisión de insumos básicos. Sin embargo, el verdadero talón de Aquiles sanitario puede estar en la disponibilidad de esos componentes críticos que, aunque baratos y antiguos, sostienen la mayor parte del acceso cotidiano a la salud. La seguridad sanitaria del siglo XXI exige una nueva cartografía del poder, una que entienda que la soberanía también se defiende en las rutas marítimas, en las plantas de producción de APIs y en la capacidad de garantizar que el tratamiento correcto llegue a la persona correcta, en el momento oportuno.
* Director general del IMSS-Bienestar. México. Ciudad de México
** Asesor del Fondo de Población de Naciones Unidas. Kenia. Nairobi











