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Salvador Castañeda y la narrativa de la guerrilla
 
Periódico La Jornada
Jueves 9 de abril de 2026, p. 4

El dialogo, el firme interés de poner en común la experiencia y la vida misma, caracterizó al escritor y ex guerrillero Salvador Castañeda. Era recurrente esa faceta esencial en su personalidad y en su obra literaria.

Sin la flexibilidad de la invención pura, sí con el anclaje de la experiencia cruel provista por enfrentar al Estado, en sus textos Salvador consignó la mirada de lo sórdido, el aislamiento y el castigo, pero también muestras de ternura, como el inquebrantable amor a su hija, Carmen, a quien apodaba la Zarina.

La semana pasada se informó el fallecimiento del ex militante armado, tallerista y narrador, quien se había retirado de la vida pública debido a una afectación de salud.

Fue autor de la emblemática ¿Por qué no dijiste todo?, ganadora del Premio de Novela Juan Grijalbo 1979, y luego de textos como Los diques del tiempo, La patria celestial, El de ayer es Él y Papel revolución. Cada texto examina, desde la literatura, vertientes de la vía armada en pos de un sistema más justo.

Coincidimos a inicios de este siglo. Él era subdirector de Publicaciones del Centro Nacional de Información y Promoción de la Literatura, luego Coordinación Nacional de Literatura, entonces ya un escritor consolidado. Éste es un acercamiento y un tributo, fruto del tiempo que lo traté y encausó mi formación.

Ejerció una actitud generosa como mi jefe, que se extendía a quienes se le acercaban en búsqueda de su conocimiento en torno a la escritura, sobre la historia de la opción armada en México durante la segunda mitad del siglo XX o ambas.

Reunir a los diversos con la palabra

La génesis de su visión de la palabra como enlace para reunir a los diversos, existió desde antes de asumirse como escritor. Al inicio, me contó Salvador, los activistas que luego se convertirían en guerrilleros se fueron nucleando debido a la “inquietud normal en los jóvenes, muchas preguntas que uno tenía y que buscaban respuestas”.

En ese camino, la conversación con quienes compartían tales inquietudes fue “fraguando una cohesión y compañerismo entre nosotros, que poco a poco iba teniendo otro tipo de planteamientos más concretos”.

Fenómenos como la revolución cubana, la guerra de Vietnam y la invasión a República Dominicana, y en México el asesinato del luchador campesino Rubén Jaramillo, el levantamiento de los jóvenes en Chihuahua en 1965 y los movimientos urbanos de médicos, telegrafistas y maestros, le produjo una gran preocupación sin “mucha explicación o, por lo menos, una más o menos satisfactoria”.

Las discusiones los condujeron a “ver con mayor claridad los puntos de vista distintos entre unos y otros, que no eran determinantes para la disolución de lo que apenas maduraba”.

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▲ Salvador Castañeda encarnaba a un personaje revueltiano marcado por la vida militante y el encarcelamiento.Foto La Jornada

Castañeda había estudiado ingeniería geológica en la Universidad Nacional Autónoma de México y, luego, agronomía en la Universidad de la Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba en Moscú, en la antigua Unión Soviética, en 1966.

De esa universidad saldría con la convicción por las armas. Luego de un periplo y sabiendo la oposición de las autoridades soviéticas a iniciativas armadas en México, con un puñado de compañeros recibió en Corea del Norte entrenamiento militar. Salvador se ufanaba de que su viaje fue más o menos sencillo porque parecía asiático.

Ya conformados como el Movimiento de Acción Revolucionaria y de regreso en nuestro país, en febrero de 1971 casi 30 de ellos fueron aprendidos, incluido Salvador Castañeda (Jaime), quien pasó unos seis años en distintas prisiones, una de ellas el tristemente célebre Palacio Negro de Lecumberri.

Del inicio de esa etapa, relató las consecuencias de vida y muerte ante la tortura. “Si tenía un papel en la cartera, !madrazo! ‘¿Qué es esto?’, aunque respondiera, otro chingadazo. Te quebraban. Sólo había que esperar. Dar algunas horas, tiempo para que escapen los compañeros”.

En el encarcelamiento afloró su vocación de escritor. Ahí nacieron varios de sus textos, en principio la novela ¿Por qué no dijiste todo?, seguida de narraciones como Diario bastardo. Luego vino el largo ensayo La negación del número. La guerrilla en México (1965-1996: una aproximación crítica).

Con ¿Por qué no dijiste todo?, Salvador Castañeda inauguró la vía narrativa, digamos, de la opción armada. La historia de la prisión donde el Estado recluía a todo tipo de personas.

Admirador de José Revueltas, Castañeda mismo encarnaba a un personaje revueltiano marcado por la vida militante y el encarcelamiento. Conoció al gran ideólogo y narrador duranguense en la enfermería de Lecumberri. Conservó para sí lo que entonces habló con él.

Años más tarde se convirtió en mi guía, maestro y amigo. Su asesoría fue invaluable para la tesis que desarrollaba entonces: La Liga Comunista 23 de Septiembre. Los años del fuego (1973-1976): reportaje. Remarcaba la necesidad de confirmar cada dato, cada frase y disfrutar la escritura, sin solemnidad, pero con respeto a la palabra.

Con generosidad, Castañeda era claro en el mandato de siempre saber lo más posible del tema que se aborde, aunque luego no se coloque en el texto. En tardes de conversaciones casuales o profundas, con el ejemplo, enseñaba la búsqueda del término más preciso y el cuidado al describir.