Dirección y latido
a prosa es más segura, firme, que la poesía, entre alada y flotante. El prosista da la impresión de que sabe adónde va. El poeta, digámoslo en términos coloquiales y alzando los hombros, sabe adónde va; no hay nada seguro, excepto que tiene fe en que el adonde va es adonde debe ir, o mejor: dejarse, como flotando, llevar.
El prosista camina (“marcha”), se ha dicho y el poeta danza. El prosista avanza, es su condición; el poeta profundiza, descifra el infinito del lugar en que se desplaza, gira, se contorsiona, se –en movimiento– establece.
No conozco mejor ejemplo para distinguir el modo de abordar (narrativo/lírico) el mismo asunto, que esta comparación entre dos textos de Antonio Machado aportados por Enrique Anderson Imbert, versiones en prosa y verso de “idéntica materia narrativa”. Ojalá, dice el argentino, que “el oído del lector perciba los dispares perfiles tónicos en estas escasas líneas”:
a) Los hijos de Alvargonzález caminaban silenciosos, y vieron al padre dormido junto a la fuente y b) Los hijos de Alvargonzález / silenciosos caminaban, / y han visto al padre dormido / junto de la fuente clara.
Jugando con las palabras podemos advertir que la presencia poética es más presente en b) y que, de esto se ha hablado mucho, en el primer ejemplo importa el cuento, mientras en el segundo el canto prepondera. Cierto que en los romances y en los corridos, en los poemas narrativos, la diferencia no es tajante; o en algunas prosas de índole lírica, verbigracia Rulfo, las fronteras entre que se diluyen o dejan de importar. Pero la diferencia existe. Y estriba en la musicalidad.
La musicalidad, propia de todo lenguaje verbal, tiende a radicalizarse en el poema y a ser gentil en la prosa. En ambos casos, una sensación de armonía (o: como una resonancia de armonía) debe quedar (queda) en el lector (y antes que en éste en el propio escritor). Pero duda no hay de que mientras el ritmo es principalísimo en la poesía, la melodía es decisiva en la prosa. “Vine a Comala porque me dijeron…”, “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre…”.
Es posible afirmar de la poesía que es más latido que dirección y de la prosa que es más dirección que latido, aunque latido (ritmo, intermitencia), dirección (melodía, sucesión) y simultaneidad (no estrictamente, mas considerado el texto como un todo, o armonía) en todo lenguaje, escrito/hablado, se hacen manifiestos.












