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Concierto en la CDMX

Con AC/DC, larga vida al rocanrol

La banda australiana electrizó con diabólicos clásicos en el foro GNP

 
Periódico La Jornada
Miércoles 8 de abril de 2026, p. a35

Las puertas del abismo se abrieron anoche para que miles de diablillos celebraran la liturgia pagana que ofreció el grupo australiano AC/DC, cuyos integrantes salieron con un ánimo pirado, reforzado con una parafernalia fulgurante y sus canciones perpetuas.

La banda mimó a sus 65 mil entusiastas acólitos infernales reunidos en el hereje estadio GNP y celebraron cada minuto que el grupo estuvo sobre el escenario.

No fue para menos, porque después de 17 años de agostamiento, de más de tres lustros sin curiosear ni escuchar la supremacía musical de AC/DC en directo, la banda regresó al país con su gira PWR Up Tour para ofrecer tres shows.

Con sus característicos cuernos rojos, los fieles paganos disfrutaron clásicos de la banda con intensos headbangings a lo largo y ancho de la plancha y en todos los rincones del graderío, específicamente con rolas como Rock and roll Train, Hell ain’t a Bad Place to be, Dirty Deeds Done Dirty Cheap, Anything Goes y Shot Down in Flames, así como el emblemático Back in Black y, por supuesto, You Shook Me All Night Long y Highway to Hell, rolitas que además provocaron tímidos slam dance e intentos de mosh pitt colectivos y personales.

Pero el grito de ¡¡¡Thunder!!!, ¡¡¡Thunder!!!, ¡¡¡Thunder!!! Desencadenando en ¡¡¡Thunderstruck!!!, fue uno de los épicos momentos de la velada, con efecto especial que puso eléctricos a los músicos con descargas de rayos.

El grupo abridor fue The Pretty Reckless, que con incuestionables argumentos musicales y un intenso manejo escénico dejaron calientitos a los miles de bastardos del Maligno para santificar al grupo estelar integrado por su guitarrista líder Angus Young –quien, como siempre, fue la delicia de la velada–, el vocalista Brian Johnson, el guitarrista rítmico Stevie Young, el bajista Chris Chaney y el baterista Matt Laug.

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▲ Después de 17 años, la banda dio ayer su concierto ante los roqueros de hueso colorado de la CDMX. En la imagen de abajo, el líder Angus Young, con su mítico uniforme escolar.Foto Germán Canseco

Con una animación de un coche a mil kilómetros por hora traspasaban la frontera hacia México, hasta llegar al estadio GNP a la CDMX para la cita pactada con los diablillos mexicanos, Angus apareció con traje rojo y una gorra verde, blanca y roja para patear todo el escenario, el público enardeció, la plancha comenzó a retumbar. Nada pudo parar el festejo.

El grito de “olé, olé, olé, AC-DC”, prevaleció durante varios minutos. Ya en sus posiciones, los músicos australianos en el templete a las puertas del abismo entregaron 110 minutos de apasionado festín, en el que sólo hubo puntos altos.

La gritería alcanzó un volumen escandaloso, en conjunción con los desatinados vítores y omnipresentes chiflidos. Los músicos se mostraron conmovidos con el recibimiento de sus fanáticos mexicanos. En una pausa entre una canción y otra, el grito de “Angus, Angus, Angus”, se hizo una estremecedora única voz, la plancha seguía ondulante y el coro de los 65 mil diablillos acompañando a Brian Johnson y las miradas no perdían detalle del desenvolvimiento de Angus a lo largo del escenario.

Angus ya se había despojado de su saco rojo, de su gorra tricolor y soltó su melena cana. El indelicado concierto siguió embrujando/hipnotizando/hechizando a los diablillos, quienes cantaron a todo lo alto.