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Tumbando caña

El legado musical de Willie Colón

L

a música de Willie Colón va más allá de lo convencional salsero. Y así lo hizo saber en muchas de las producciones de sus discos como solista, cuando llevó a cabo su propia propuesta musical de obras vanguardistas, o cuando trabajó con otros artistas

Además de ser un músico intuitivo y estudioso, Willie Colón fue un auténtico gambusino sonoro en búsqueda de pepitas de oro musicales. En ese afán de adentrarse más en la música infrecuente en la salsa, viajó a Brasil para relacionarse directamente con el MPB (movimiento de la música popular urbana brasileña que concentra estilos típicos como el bossanova, la samba-cançao, el pagode y el baiao). Para entonces ya había publicado el álbum Solo (79), en el que revalida su maestría para nutrirse de otros géneros. En el ámbito carioca se encontró con una de esas canciones representativas del MPB, Oh, ¿qué será?, original de Chico Buarque de Holanda, quien la había hecho ex profeso para la película Doña Flor y sus dos maridos, y Willie, igual que con Disritmia (Mi sueño), del compositor Martinho da Vila, incluyó en el álbum Fantasmas (81).

Pero estas aportaciones musicales no son la única referencia de la cultura brasileña en la obra de Colón. En el álbum Caribe, producido para la cantante hispanovenezolana Soledad Bravo, propone un repertorio muestra de la poética y la lírica inteligente brasileira. Sus adaptaciones están increíblemente bien orquestadas, aunque el trabajo le exigió dedicación y entrega, ya que rearmonizar el bossa-nova o la samba-cançao no es tarea fácil. Por cierto, Déjala bailar, el tema sobresaliente del disco, junto con Son desangrado, son impresionantemente explosivas. Unas maravillas.

Además de la música brasileña, Willie Colón estudió casi todas las variantes tonales de el Caribe, sin olvidar, por supuesto, sus raices, lo típico puertorriqueño: la música jíbara, la bomba y la plena. Por eso incluyó en su orquesta y en sus producciones musicales, como en Asalto Navideño vols. I y II (70), el elemento fundamental y colorístico del folclor jíbaro, el cuatro (guitarra de cinco cuerdas dobles), tocado magistralmente por Yomo Toro; misma razón por la que trabajó con Mon Rivera el género bomba en el álbum Se chavó el vecindario (75), realzando ese ritmo de raíz afro con el sonido “macho” de los trombones, sello personal de Mon Rivera, y los tambores conocidos como barriles buleadores.

Willie era un apasionado productor musical, cuyo talento y dedicación se ven reflejados en trabajos propios y ajenos, como dije líneas arriba, una monumental tarea que trataré de resumir:

Cuando en 1975 Willie estaba trabajando en el álbum El bueno el malo y el feo, a la vez producía el disco con Mon Rivera y el primero de Héctor Lavoe como líder de su banda, La Voz. En 1976 graba los arreglos de De ti depende y colabora en la producción musical de Fania All Stars Tribute to Tito Rodríguez . El año 1977 lo sorprende trabajando con Rubén Blades en Metiendo mano y con Celia Cruz. Sólo ellos pudieron hacer este álbum al tiempo que planea El baquiné de los angelitos negros. El de Siembra lo procesa en 1978 mientras realiza Comedia, álbum que presenta El cantante, tema de Rubén Blades que reimpulsa la carrera de Héctor Lavoe. En 1979 está trabajando ya en su propia propuesta como solista, Solo, y también con Lavoe en Recordando a Felipe Pirela; 1980 lo dedica a estudiar armonía, contrapunto y programas para orquestación electrónica en tanto trabaja con Ismael Miranda en el disco Doble energía. Al año siguiente sale Celia y Willy, el segundo disco que graba con la guarachera de Cuba, al tiempo que realiza con Blades Canciones del solar de los aburridos y el muy personal, Fantasmas.

Para 1982 produce The last Fight, último disco que grabó con Rubén Blades. Además, presenta Corazón Guerrero, un álbum un tanto experimental que liga con el ya referido Caribe, de Soldad Bravo.

En 1983 graba con la cantante Sophy de Puerto Rico, Sophy, salsa en New York, en el que participa el enorme pianista argentino Jorge Dalto, al tiempo que prepara Vigilante, álbum de tan solo cuatro temas: Triste y vacía, Pasé la noche fumando, Vigilante, y el memorable Juanito Alimaña, del gran Tite Curet Alonso, éxitos salseros, que marcan su regreso con Héctor Lavoe.

Todo lo anterior es apenas un ejemplo de la actividad frenética de Willie Colón en su quehacer musical, pero ¡atención!, que viene más, y de eso escribiremos en la próxima entrega.