A los 26 años, la intérprete de La Sirenita siente que es un “alma vieja” // Participa en la cinta Tú, yo y la Toscana, que se estrenará el 10 de este mes
Martes 7 de abril de 2026, p. 7
Halle Bailey admite que tiene un alma vieja. “En mi familia bromeamos diciendo que soy abuela desde pequeña”, comenta la actriz y música, que si bien aún no tiene nietos, sí es madre. A veces, a la propia Bailey le cuesta creer que sólo tenga 26 años.
Tenía 13 cuando ella y su hermana Chloe firmaron con el sello discográfico de Beyoncé; 17 cuando, como Chloe x Halle, lanzaron su álbum debut The Kids Are Alright, y 18 cuando ese álbum obtuvo dos nominaciones a los Grammy. Aún no había cumplido 20 cuando su segundo álbum, Ungodly Hour, obtuvo tres nominaciones más.
Ese mismo año, Bailey fue anunciada como la princesa marina Ariel en la nueva versión de acción real de La Sirenita, de Disney. La reacción racista a su elección para el papel habría envejecido al menos 10 años a cualquiera en su posición.
Es cierto que se comporta con la serenidad de alguien nacida mucho antes del cambio de milenio. Recuerda que a los seis años sintió escalofríos la primera vez que escuchó Lady in Satin, de Billie Holiday. Sin duda es un alma vieja; una persona espiritual diría que está viviendo su quinta vida.
“Esta es la primera vez que interpreto una versión adulta de mí misma”, afirma en entrevista por su nueva película, Tú, yo y la Toscana, que se estrena en cines el próximo fin de semana. “Siento que es la primera vez que me convierto en mujer. Fue genial porque me refleja ahora. Ya sabes, tengo un bebé. Siento que soy una mujer adulta de pleno derecho.”
Esto no quiere decir que Tú, yo y la Toscana sea un drama pretencioso. Fiel a su título ingenioso, la película es una comedia romántica ambientada en las onduladas colinas de Italia. Anna, originaria de Atlanta, se instala en una villa desierta haciéndose pasar por la prometida del dueño, sólo para enamorarse de su apuesto primo, interpretado por el actor británico Regé-Jean Page. Se come pasta, se bebe vino y se cantan canciones de amor de R&B a capela.
De 38 años, Page es unos 12 años mayor que Bailey. “Sí, es viejo”, bromea, admitiendo que algunas de sus expresiones típicas de la generación Z no las entendió el protagonista de Bridgerton. Se trata de un estreno respaldado por un estudio, con dos protagonistas negros. Bailey es consciente de esto. “Es extraño que sea tan raro –asegura–. Me siento honrada de poder mostrarles a otros jóvenes negros, tanto chicas como mujeres y hombres, que merecemos vernos representados en la pantalla. Es un tema muy presente en los proyectos que elijo, o al menos intento elegir”.
Racismo en Internet
El ejemplo más obvio es La Sirenita. Tres años después del estreno, Bailey recuerda que fue “una experiencia maravillosa, y siento que me enseñó a escucharme a mí misma y a las buenas voces que llevo dentro. Aprendí a ignorar el ruido”. En esa respuesta tan diplomática se esconde un reconocimiento de las dificultades que afrontó como Ariel, la de las rastas: el “ruido” de los racistas en Internet que se ofendieron porque una actriz negra interpretara el papel.
“¿Cómo lo explico…?”, se pregunta. “En realidad, fue liberador estar en medio de esta conversación donde surgían tantas opiniones diferentes y tan opuestas entre sí.”
Bailey empezó a ver todo aquello “como un experimento”. Se lleva la mano a la cara, con la palma hacia arriba, observando algo diminuto e imaginario que hay encima. “Sentía que me veía a mí misma dentro de una taza, viendo cómo reaccionaba la gente”.
Ahí está de nuevo, una sensatez que desmiente no sólo su corta edad, sino también su exposición a la fama a esa temprana edad. “Crecer en la industria realmente puede desarrollar tu sentido de identidad, y a mí me mantiene con los pies en la tierra”, afirma. “Sé que para algunas personas es lo contrario, pero siempre pienso: ‘Nada de esto es real’”. Por eso, lo que más le gusta es sumergirse en la naturaleza. “Me encanta sentirme pequeña, darme cuenta de que el mundo es tan grande y hermoso, y yo sólo soy una minúscula parte. El hecho de estar aquí es una bendición, y estoy agradecida de poder dedicarme a la música y la actuación, pero al mismo tiempo esto no es lo que importa en la vida. Lo que importa es mantener los pies en la tierra y abrazar a las personas que amamos”.
Aun así, fue agradable sentir el apoyo de Disney en medio de la controversia de #NotMyAriel. Es más de lo que pueden decir algunos de sus compañeros, como John Boyega o Rachel Zegler , quienes recibieron críticas similares por sus papeles en Star Wars y Blancanieves, respectivamente. Zegler y Bailey se pusieron en contacto para ofrecerse apoyo mutuo. “Zendaya también se comunicó conmigo y Ariana Grande fue muy amable”, confiesa.
“Como mujeres, creo que creamos una pequeña burbuja protectora entre nosotras, especialmente cuando vemos que una compañera está recibiendo muchas opiniones. Rachel era, sin duda, una de esas personas. La quiero mucho”, sostiene. “Todas entendemos lo vulnerable que es estar en esa situación, y al fin y al cabo, somos mujeres jóvenes... nos sentimos cohibidas... somos inseguras. Yo misma me siento insegura a veces, y a veces las opiniones ajenas pueden nublar nuestros propios pensamientos. Por eso es tan especial tener una comunidad que te diga: ‘Eres increíble. Estamos aquí para ti’”.
La Sirenita fue más buena que mala, subraya. Interpretar a Ariel fue “muy impactante para la niña que llevo dentro... además, tengo un hijo, así que para él es genial. Cada vez que ve una sirena, dice: ‘Mamá, mamá’”. En los parques infantiles, los niños se acercan a ella y le preguntan dónde está su cola.
La experiencia también la llevó a su sexta nominación al Grammy, esta vez a mejor canción de R&B con Angel, su debut en solitario escrito tras esos nueve meses de rodaje en Londres. “Era un mantra para mí: mantenerme despierta, tener confianza y recordar que hay cosas increíbles en mí”, comparte. “Todos necesitamos afirmaciones positivas”.
Camino bifurcado
Bailey es defensora de la meditación guiada. “Cuando me voy a dormir repito estas frases positivas ‘Soy amor. Soy buena’. Siento que necesitamos estos recordatorios cuando nos invaden los malos pensamientos”. Sea lo que sea, está funcionando. Afuera de la habitación del hotel, un torbellino de publicistas se desata; adentro, con Bailey, reina la calma absoluta.
El mismo año que lanzó un álbum en solitario, su hermana Chloe también lo hizo. Ellas, que antes eran inseparables, tomaron caminos separados, al menos en lo musical. “En realidad, nos ha venido muy bien –dice–. Echo de menos vivir juntas, volver a nuestro estudio casero a componer, pero también es genial crecer y vivir la vida por separado. Quiero mucho a mi hermana y haré música con ella hasta el fin de los tiempos. Ese es mi hogar y donde me siento más segura”.
En cuanto a su papel de tías espirituales, Beyoncé sigue muy presente en la vida de ambas. Fue esta estrella del pop quien impulsó sus carreras hace casi 15 años tras escuchar su versión de Pretty Hurts en YouTube. Tener a alguien como Beyoncé de su lado fue increíble, obviamente. “Te da confianza en tus ideas porque te reconoce”, y lo más importante es que nunca fue autoritaria. “Simplemente nos dejaba ser nosotras mismas”, recuerda. “Es una persona muy auténtica, con una voz dulce y amable que nos aconseja cuando lo necesitamos”.
El próximo proyecto de Bailey es una comedia musical sin título, mientras Golden, película biográfica de Pharrell Williams, fue cancelada abruptamente el año pasado por decisión de los productores. “Estaba muy ilusionada con el proyecto, y no sé qué pasó. Fue muy enriquecedor ver de cerca a una leyenda como Pharrell, así que esa experiencia por sí sola fue suficiente para mí”.
Hoy día, Bailey, elegir proyectos no se trata sólo de ella: también de su hijo. “Sólo quiero que se sienta orgulloso, quiero hacer las cosas bien; quiero ser una buena madre”. Tú, yo y la Toscana se estrena en cines el 10 de este mes.











