dmundo Desnoes, nacido en La Habana en 1930, escribió en 1965 su gran novela Memorias del subdesarrollo, una crítica a la burguesía cubana y su difícil adaptación al nuevo cambio social que representaba la revolución castrista. La sutil ironía de Desnoes se vio coronada con la adaptación cinematográfica realizada por el legendario Titón –el cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996)–, que en 1968 dirigiera una intrigante versión fílmica tan devastadora como el proceso de cambio social impuesto.
No obstante, Gutiérrez Alea, futuro realizador de Fresa y chocolate (1993), fue más allá, proponiendo un complejo entramado político, social, cultural y filosófico no exento de humor, ironía y también de una amarga realidad, en el que, de manera abiertamente ambigua, tanto el actuar de la “burguesía”, de aquellos que abandonaron la isla, o del propio régimen revolucionario, son observados con una frialdad que sorprende, y resultan por ello blanco de inconsistencias y defectos que hoy día continúan vigentes, como suele suceder con todas las “transformaciones” sociales de los siglos XX y XXI.
Más irónico aún, el propio Desnoes terminó autoexiliándose en Nueva York, donde fallecería hacia 2023, y él mismo aparece en una de las secuencias más mordaces de Memorias del subdesarrollo, que la Cineteca Nacional incluyó en una copia remasterizada dentro de la programación de la 79 Muestra Internacional de Cine. En ella, Desnoes forma parte de un panel de discusión entre intelectuales, y al verlo, el protagonista Sergio Carmona (Sergio Carrieriexcepcional), reflexiona para sí mismo: “…Debes sentirte muy importante porque aquí no existe competencia, fuera de Cuba no serías nadie, aquí en cambio ya estás situado”.
Ambientada entre la invasión de Bahía de Cochinos, en abril de 1961, y la crisis de los misiles, en octubre de 1962, Memorias del subdesarrollo muestra el punto de vista de Sergio, intelectual burgués que se siente de izquierda y que optó por quedarse, a diferencia de sus padres o su ex mujer, para entender lo que se gesta en su patria a la que todo el tiempo mira con asombro y/o desdén, subdesarrollada e inconsistente.
Sergio es un privilegiado que ironiza acerca de su posición social, sobre las personas (“Ahora todo es el pueblo”) y en particular, el filme –no exento de brutales imágenes de archivo sobre la represión en tiempos de Fulgencio Batista– observa su visión machista y misógina (“Son frutas que se descomponen a una velocidad asombrosa”) al tiempo que recuerda a su ex mujer, a una joven alemana amor de juventud y se relaciona con dos chicas cubanas de posiciones precarias: una empleada doméstica (la bella Eslinda Núñez) y una chica de 16 años (Daisy Granados), a la que seduce y por la que después enfrentará un juicio. Obra maestra imperdible.
Asimismo, en la Cineteca, este martes 7 se proyecta la muy desconocida Amelia (1965), mención especial en el mítico primer Concurso de Cine Experimental y opera prima del malogrado cineasta Juan Guerrero Sánchez (1936-1970), inspirada en el intrigante relato homónimo de Juan García Ponce, adaptado por él, junto con Guerrero y Juan Vicente Melo. El tema, en apariencia trillado, es una relación amorosa que escala al sexo y después al matrimonio, el hastío y el abandono físico y emocional, resultado de una complejidad fuera de serie. La hipnótica y melancólica música de jazz a cargo de Manuel Enríquez –que obtuvo en ese certamen el premio correspondiente– impone una inquietante atmósfera sonora tendiente al claroscuro y se adecua de manera perfecta a aquella urbe enrarecida y nocturna donde se mueven los personajes.
La avenida Insurgentes Sur, la Colonia del Valle, el Centro Histórico, el Acapulco de aquellos años 60 y sus ambientes de esparcimiento y cultura en un emotivo acercamiento a uno de los tópicos esenciales de García Ponce: la imposibilidad amorosa de una pareja, protagonizada por la actriz y periodista Lourdes Guerrero, esposa del propio cineasta, y Luis Lomelí y los amigos de éste, Claudio Obregón y Alberto Dallal, cuyas caminatas nocturnas muestran el vacío emocional y el existencialismo del momento que Lomelí añora y lo lleva a la fractura sentimental con trágicas consecuencias. De una sensibilidad y sinceridad pocas veces alcanzada por nuestro cine.
Memorias del subdesarrollo se proyecta en la Cineteca Xoco, Las Artes, Chapultepec, Cinematógrafo del Chopo y Centro Cultural Universitario. Amelia se exhibe este martes 7 a las 18 horas en la sala 4; entrada gratuita, boletos en la taquilla uno.











