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Urge: Trump, al manicomio // Contradicción permanente // Paz, en manos de dos asesinos

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▲ Saturan gasolinera en Karachi, Paquistán en medio del aumento de los precios de la gasolina por el conflicto bélico de Estados Unidos e Israel contra Irán.Foto Afp
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ueda claro que tras la ilegal agresión a Irán, la solución del conflicto en Medio Oriente rebasó todo límite político-militar y ha pasado al ámbito netamente siquiátrico, por lo que Donald Trump no puede permanecer en la Casa Blanca ni ésta sostener al genocida Benjamin Netanyahu. Si existe un interés real para solucionar lo que ocurre (desde hace alrededor de ocho décadas) en esa zona del planeta y a la par lograr un reordenamiento mundial, lo primero que hay que hacer es recluir al magnate naranja en un manicomio y en una cárcel de máxima seguridad a Bibi, su titiritero.

La ostentosa derrota político-militar (no se menciona la ética, porque carece de ella) en su más reciente aventura guerrerista (siempre para apoyar al genocida Netanyahu) ha llevado a Trump a dar patadas de ahogado, porque de su preanunciada “victoria en un par de días” ha pasado a un comportamiento alocado, a la contradicción permanente, al estire y afloje; a decir barbaridad y media, que lejos de promover rutas alternativas de solución sólo retroalimenta el conflicto. Entre lo más reciente, por ejemplo, Trump pasó de: “es posible que alcancemos un acuerdo, porque Irán quiere llegar a uno más que yo”, a proponer un alto el fuego (que la nación persa rechazó) y “encargar” a “otros” la reapertura del estrecho de Ormuz, “porque no necesitamos el petróleo” que por ahí se transporta, a amenazar con “enviar a la Edad de Piedra” a los iraníes, y a exigirles que “abran el estrecho, bastardos locos, o vivirán el infierno”.

Ayer, textualmente, en su Truth Social aseguró que el próximo martes “será el día de las centrales eléctricas y el día de los puentes, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual!”, en referencia a la importante ruta marítima que Teherán ha cerrado de facto (el estrecho de Ormuz) desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán hace más de un mes. “Abran el puto estrecho, bastardos locos, o vivirán en el infierno; ¡YA VERÁN!; ¡SÓLO MÍRENLO! Alabado sea Alá; si no hacen algo antes del martes por la noche, no tendrán centrales eléctricas ni puentes en pie” ( La Jornada).

Y en medio de esos vaivenes (palo o zanahoria), destituye a la cúpula militar estadunidense, bombardea instalaciones nucleares (dedicadas a generar electricidad; es decir, con fines pacíficos), escuelas (cómo olvidar a las 165 niñas asesinadas), viviendas civiles, fábricas de alimentos, puentes que facilitan el comercio internacional y demás objetivos no militares iraníes, con lo que refuerza su condición de criminal de guerra, al igual que Netanyahu en Gaza y ahora en el sur del Líbano.

La respuesta llegó de inmediato: el ministerio de Asuntos Exteriores de Irán condenó los ataques estadunidenses contra infraestructura civil en su país, y afirmó: “no lograrán doblegar a la población iraní. Esos ataques sólo transmiten la derrota y el colapso moral de un enemigo sumido en el caos; cada puente y edificio será reconstruido más fuerte y la verdadera pérdida será para Washington; lo que nunca se recuperará será el daño causado al prestigio de Estados Unidos”. Además, sostuvo, “el estrecho de Ormuz sigue abierto y sólo permanece cerrado para los buques de los países enemigos, y no hay razón para que ellos pasen por el estrecho; a quienes consideramos amigos les hemos permitido el paso” ( Rusia Today).

Tales amenazas, subrayó, “son un indicio de una mentalidad criminal y equivalen a una incitación a crímenes de guerra y de lesa humanidad; amenazar con atacar la infraestructura crítica de un país, el sector energético, significaría que se quiere poner en riesgo a toda la población; esto es criminal”. Por si hubiera duda, la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán advirtió que el estrecho de Ormuz “jamás volverá a ser como era, especialmente para Estados Unidos e Israel; es la verdadera arma de Irán; estamos completando los preparativos operativos para un nuevo orden en el golfo Pérsico” ( ídem).

En pocas palabras, la paz internacional no puede estar en manos de enfermos mentales como Trump y su titiritero, y en la medida en que no les ponga un hasta aquí, día a día crece la inestabilidad global. ¿Hasta cuándo, pues?

Las rebanadas del pastel

Como es su costumbre, en su agresión a Irán Trump socializa las pérdidas y privatiza las ganancias: “las petroleras se han fortalecido impulsadas por el precio del crudo, que en la guerra contra la nación persa ha escalado cerca de 60 por ciento, el mayor repunte de su historia. Y los beneficiarios (con precios por barril por arriba de 100 dólares) son magnates que apoyaron a Donald Trump, según especialistas” ( La Jornada, Clara Zepeda).

Twitter: @cafevega