s inmoral la desigualdad social? La cuestión ocupa un lugar prominente en los debates contemporáneos. Propongo aquí apenas un par de posturas con respecto a un extenso debate en el análisis de la sociedad.
Harry G. Frankfurt, antiguo profesor de filosofía moral en diversas universidades de Estados Unidos, sostuvo que, en efecto, la brecha de los recursos económicos entre aquellos que tienen mucho dinero y los que tienen menos crecía muy rápido. Este fenómeno es claramente apreciable hoy en dos sectores diversos, como son el financiero y el de la tecnología asociada con la integración de las herramientas digitales; ambos afectan en modo decisivo el funcionamiento de la economía, las relaciones sociales y el control político.
Ciertamente, quienes concentran una mayor riqueza tienen una significativa ventaja competitiva respecto a los demás. Se trata no sólo de lo más evidente, que es la mayor capacidad de consumo, sino que tal ventaja se extiende de modo notable y ostensible en la influencia social y política.
La postura de Frankfurt al respecto es controvertida, como no podría ser de otra manera dada la naturaleza del debate que propició ( Sobre la desigualdad, 2015). Sostiene que no hay nada intrínsecamente injusto en la desigualdad económica y lo relevante no es que todos tengan la misma cantidad de dinero (o riqueza), sino que todos tengan lo suficiente. La igualdad económica no la considera una idea moral convincente. El asunto esencial es la condición de escasez de recursos dinerarios y no dinerarios (acceso a servicios, educación, salud, vivienda, seguridad, etcétera) y no la brecha entre ricos y pobres.
Hay en esto una contraposición con el liberalismo igualitario, que busca conciliar la libertad individual con la igualdad social. Rawls parte de la concepción de la justicia como equidad, donde se promueven las libertades básicas junto con la reducción de las desigualdades sociales y económicas. Considera el principio de las diferencias, que sólo se justifican si mejoran las condiciones de aquellos que se rezagan. Por otro lado, como contrapunto, está la radical crítica de Nietzsche sobre la pretensión del igualitarismo, del cual afirmaba que propicia una mentalidad de manada y suprime la excelencia individual.
Para Frankfurt lo que importa es la suficiencia. La eliminación de la pobreza es la obligación moral primordial y no la de reducir la desigualdad. La consecución de la primera puede, en efecto, en ciertas circunstancias, llevar a la reducción de la segunda. Y señala que: “El objetivo principal es reparar una sociedad en la que muchos tienen carencias de distinto tipo y magnitud mientras que otros derivan una utilidad y una influencia que van a la par de tener mucho más que lo suficiente”.
De lo que se trata según esta tesis es que todos tengan lo suficiente, más que todos tengan lo mismo. Se abre, entonces, un debate que plantea que no es asequible ni aun deseable la meta de una absoluta igualdad económica o algo que se le parezca. La cuestión concierne al nivel actual de la amplia desigualdad existente y su tendencia a acrecentarse y cómo esto repercute en la coexistencia de la pobreza o la escasez con la afluencia excesiva.
Branko Milanović aborda esta última cuestión de la coexistencia de la pobreza con la afluencia. Argumenta, en contra de Frankfurt, que los elevados niveles de la desigualdad son, en efecto, problemáticos, y los son incluso en el caso en que todos mejoraran su posición relativa en cuanto a los ingresos. Por lo tanto, la desigualdad es un asunto relevante, puesto que proponer como objetivo tener lo suficiente hace a un lado los efectos políticos que provoca la elevada desigualdad económica y social asociada con la enorme brecha de los ingresos y la riqueza.
Argumenta Milanović que atender primordialmente a “tener lo suficiente” por encima de lo que significa la desigualdad en términos relativos, es una manera de evadir las cuestiones estructurales asociadas con la distribución del ingreso. Esto se refiere a cómo se diseñan y cómo funcionan las economías y la manera en que se privilegia a los grupos que concentran la mayor parte del ingreso y la riqueza a lo largo del tiempo, a expensas de los otros.
Frankfurt aplica el criterio moral para situar el asunto de la desigualdad en el otro extremo. Si asienta que el problema tiene que ver con la suficiencia en la parte baja de la pirámide de ingreso, lo hace también para la parte más alta. Los muy ricos tienen sin duda mucho más de lo necesario para vivir bien. Extraen una parte sustancial de la riqueza generada. Esto asemeja, dice, una forma de glotonería económica, a la manera de quienes comen en demasía para efectos nutricionales o por placer gastronómico. Y sigue: además del daño sicológico derivado de la glotonería, ésta presenta un espectáculo desagradable y moralmente ofensivo.











