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El derrame petrolero en el Golfo de México: la verdad que permanece oculta
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ace dos semanas dediqué mi artículo a la presencia de hidrocarburos en cientos de kilómetros del litoral del Golfo de México. Referí la forma tardía y errónea como las instancias oficiales respondieron a lo que pasaba. Luego de tres semanas desde que se detectó el hidrocarburo en playas de Veracruz, Tabasco Campeche y Tamaulipas, desconocían su origen. La gobernadora de Veracruz tropezaba en cada declaración sobre el asunto. Y como cereza del pastel, era notable la ausencia de la comunidad científica en las evaluaciones de lo ocurrido, cuando existen centros de investigación con decenas de años estudiando el medio ambiente del Golfo de México.

Estamos en abril y oficialmente no se informa con precisión el origen del derrame. Sólo que podría ser de chapopoteras y de un buque. Así lo aseguró un grupo interdisciplinario integrado por las secretarías de Marina (Semar), del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y de Energía (Sener); la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), Petróleos Mexicanos (Pemex), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y autoridades estatales y locales refirieron también las acciones integrales para atender el problema.

Pero omiten mencionar una ausencia clave: los datos sobre el tipo de hidrocarburo presente en el litoral y mar adentro. Sobre este último aspecto, el doctor Alfonso Vázquez Botello y Susana Villanueva, autoridades muy calificadas sobre dichos derrames, afirman que en este caso no existen los estudios de geoquímica orgánica e inorgánica, primera acción que las autoridades ambientales debieron realizar si el derrame procediera de un buque. Y si emana de las chapopoteras, tampoco se tiene dicha información. Sostienen que ya es tarde obtenerla, pues por la radiación solar, los vientos, las mareas, las corrientes y su grado de emulsificación, los crudos derramados sufrieron una transformación geoquímica, la cual incluye la pérdida de los componentes más ligeros y tóxicos (naftalenos), lo cual hace difícil que pueda ser comparable con el crudo fresco derramado.

Y agregan que si bien la Semarnat asegura que no hay daño severo en los recursos costeros (por ejemplo, en la zona arrecifal y en otras áreas naturales protegidas), carece de fundamento científico, pues no existen los análisis de las poblaciones de fito y zooplancton, moluscos, necton, bentos, larvas y huevecillos de peces. Tampoco en las comunidades de manglares, corales y pastos marinos, que son la base de la cadena productiva en las zonas costeras. Alterarla o destruirla afecta el trabajo de las miles de familias que se dedican a la pesca y a los servicios turísticos. También advierten que si las manchas de hidrocarburos alcanzan las costas de Texas, el gobierno vecino impondría multas muy elevadas por daños ambientales y afectaciones a sus pescadores y poblaciones costeras.

En el campo científico del gobierno sólo destaca la reapareción de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), nada más para desmentir una “supuesta imagen satelital” difundida por Greenpeace donde se observa una enorme mancha negra expandiéndose hacía múltiples direcciones y al corredor arrecifal del Golfo de México. “Es un derrame sin control”, publicó Greenpeace: 630 kilómetros de línea costera. La Conabio indicó que la imagen no es una “escena satelital original”; que, por sus características, es una “representación gráfica superpuesta sobre un mapa base”. Y resaltó incongruencias geográficas al apuntar que la mancha en cuestión presuntamente invade “kilómetros de territorio continental firme”, lo cual es “físicamente inviable”. Luego la Conabio desapareció de la escena.

Y mientras las instancias oficiales no precisan todavía el origen del derrame y sus consecuencias, los grupos defensores del medio ambiente toman la escena a nivel nacional y en los medios internacionales. Denuncian que, a principios de febrero, un mes antes de la llegada del hidrocarburo al litoral, se observó su presencia en la sonda de Campeche. Concretamente sobre el ducto de Pemex identificado como “OLD AK C”. Se trata de una línea de 36 pulgadas que transporta crudo entre la plataforma AKAL-C y la terminal marítima Dos Bocas. De ser verdad lo anterior, es algo muy grave: el gobierno nos oculta, nos miente sobre una tragedia que aún no concluye.