unque la conducta de Trump es totalmente impredecible, aparentemente todavía quedan algunas sorpresas en su gran baúl de sorpresas. La semana pasada sucedió un evento inusual en la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos; por primera ocasión en la historia, un presidente en funciones asistió a una sesión de la Corte.
La asistencia del presidente Trump obedeció a que se discutió su iniciativa para negar el derecho a la ciudadanía a los nacidos en Estados Unidos de padres indocumentados. En una más de sus puestas en escena, su presencia tenía elfin evidente de presionar a los miembrosde la Corte para que emitieran una decisión favorable a su iniciativa. Su inten-ción, además, fue mostrar a sus seguido-res su interés y preocupación por garan-tizar que Estados Unidos preserve su cali-dad anglosajona, en momentos en que la población latina, africana y asiática crece más, amenazando en convertir a la población anglosajona en una minoría.
En un artículo reciente aparecido en la revista NYRreview of Books, David Cole, profesor de derecho en la Universidad de Georgetown, señala entre otros puntos que en 1857 la Suprema Corte de Justicia emitió una decisión que, en síntesis, decía que los hijos de los esclavos recién liberados no eran ciudadanos de Estados Unidos; 11 años más tarde, en 1868, rectificó el fallo y estableció que toda persona nacida en Estados Unidos, o en cualquier territorio sujeto a su jurisdicción, era ciudadano estadunidense y sujeto a sus leyes.
En su desenfrenado racismo, el presidente y sus asesores consideraron que la formulación anterior tiene fallas técnicas en materia jurídica. Decidieron que con una simple orden ejecutiva se podía coartar el derecho a la ciudadanía a quienes nacen en Estados Unidos de padres extranjeros sin documentos migratorios vigentes.
Sin embargo, varios tribunales federales desecharon la orden del presidente por considerarla inconstitucional. Como medida de última instancia, Trump apeló al máximo tribunal invocando que el dictamen emitido en 1868, vigente durante más de 150 años, reiterando que “tiene inconsistencias jurídicas”. La Corte dio entrada a la apelación del presidente, e inició el pasado martes una serie de audiencias para analizar el asunto.
Cole hace un análisis puntual delas inconsistencias que la Corte debiera considerar para descartar la petición de Trump y señala, además, que si la Suprema Corte da la razón a Trump, tendría que repudiar lo establecido en el texto de la Constitución que a lo largo de la historia anteriores Cortes han reafirmado. Agrega que las otras dos ramas del gobierno de Estados Unidos también han actuado con base al mismo precepto constitucional. Otros especialistas han profundizado en la discusión con base en preceptos jurídicos conocidos como ius sangui y jus soli, derecho de sangre y de ciudadanía derivados del nacimiento en algún lugar específico, que en ambos casos garantizaría lo establecido en la enmienda XIV.
El proceso para que la Corte emita un dictamen definitivo puede ser largo y azaroso, pero lo único claro es que Trump insistirá en presionar a los miembros de la Corte a emitir un dictamen favorable. Después de la primera sesión hay señales de que incluso algunos miembros conservadores de la Corte han mostrado escepticismo sobre la legalidad de la orden ejecutiva del presidente.
Curiosamente, atendiendo a la forma en que se pobló Estados Unidos, no es exagerado pensar que el efecto de la ocurrencia de Trump significaría que los únicos ciudadanos serían quienes formaron parte de los pueblos originarios. Una gran paradoja en una nación que a través de los años ha dado la bienvenida a todo el que ha nacido en su territorio.
Pero, en esta época de sorpresas el tiempo será el que nos dé la respuesta.











