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Julieta Campos y Anais Nin
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▲ Anais Nin se regodeó en sus complejas relaciones sexuales con hombres y mujeres que relató en frecuentes sesiones de sicoanálisis.Foto tomada de Wikipedia
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harles Thorvald Nin era sobrino de la escritora Anais Nin, autora favorita de Henry Miller, quien la festejó a lo largo de toda su carrera. Tuve la oportunidad de conocer a Anais gracias a que Charles Thorvald Nin se casó con mi hermana, Kitzia, aunque tanto él como ella la consideraran muy, muy atrevida.

En México, la novelista Julieta Campos de González Pedrero se convirtió en una ferviente admiradora de Anais Nin. Apenas fue presidenta del Pen Club Mexicano (después del filósofo Ramón Xirau), Julieta viajaría a Miami para conocerla y hacerle el regalo de su admiración. Las dos escritoras compartieron el mismo origen: la isla de Cuba. Me pregunto si allá la reconocen porque Miguel Barnet o Roberto Fernández Retamar, quienes vivieron a fondo la revolución cubana, no me hablaron de ella, seguramente porque los traté antes de la revolución y Anais creció y se formó en Estados Unidos.

Anais Nin adquirió muchísima fama en los 50 en Estados Unidos porque Henry Miller le profesó una devoción cotidiana y la levantó en un altar. Su pasión fue tanta que se veían casi todos los días en Estados Unidos y convirtieron su vida en una novela. El escritor de todos los escándalos consideró que la joven Anais lo sabía todo de la sicología femenina y la libertad sexual. Un grupo de genios se reunían todas las noches para festejar su talento, brindar en fiestas en Nueva York y figurar en periódicos de esa misma ciudad y en París. Todos los ojos estaban puestos en los escándalos que un puñado de originales y excéntricos podía provocar.

En México, Julieta Campos se convirtió en leal seguidora de Anais y la celebró en la Revista de la Universidad a partir del momento en que encabezó el Pen Club de México

Anais Nin detalló crudamente en sus novelas sus relaciones amorosas y su escritura le fascinó a Henry Miller, que en una época fue considerado uno de los grandes autores de la literatura estadunidense. No sé si ahora los jóvenes lo sigan leyendo porque ya las relaciones íntimas de infinidad de parejas no escandalizan a nadie, pero en su época las descripciones, tanto de Miller como de Nin, causaron sensación, incluso en Nueva York, la capital del escándalo.

Anais Nin se regodeó en sus complejas relaciones sexuales con hombres y mujeres que relató en frecuentes sesiones de sicoanálisis. Condenaba la vida amorosa burguesa por su falta de imaginación y se lanzó a una odisea sexual que abarcó todo el mundo, incluyendo los siete mares.

De ascendencia cubana, Anais Nin escribió a partir de los 11 años, principalmente en inglés, aunque también lo hizo en francés y español, ambas sus lenguas maternas y en sus infinitos diarios se reflejó su honestidad a lo largo de 35 mil páginas. Al poco tiempo, conoció el éxito de sus letras y de una personalidad excéntrica y libertaria.

En los años 30 Anais formó parte de la “ lost generation” y llamó la atención del mundo literario y de todos los famosos. Era una mujer pequeña que parecía una muñequita capaz de provocar huracanes. Su vida amorosa fue un escándalo que atrajo a Henry Miller, quien también se dedicó a llamar la atención y hacer alarde de sus proezas de cama. Sus diarios se volvieron la biblia de muchos lectores jóvenes y viejos en busca de nuevas sensaciones y actos desenfrenados. Escandalizarse se hizo moda para después convertirse en una regla de vida.

Ángela Anais Juana Antolina Rosa Edelmira Nin Culmell nació el 21 de febrero de 1903 en Neuilly-sur-Seine, una comuna francesa ubicada en el departamento de Altos del Sena, de la región de Isla de Francia y el área metropolitana de París. Hija del compositor Joaquín Nin, quien fue un gran músico cubano, y de la cantante Rosa Culmell, Anais vivió en Nueva York y a los 11 años la separación de sus padres la hizo escribir un diario dirigido ante todo a su progenitor, a la manera de Franz Kafka. Supe de ella porque mi hermana Kitzia, en segundas nupcias, se casó con su sobrino Charlie Thorvald Nin, quien nunca tomaba en cuenta a su célebre tía. En México, quien sí habló mucho de ella, tanto en la UNAM como en el Pen Club, fue mi amiga la escritora Julieta Campos.

Conocida por La casa del incesto (1936), Ciudades interiores (1959) y sus diarios, que exhibieron su vida sobre todo sexual, Anais Nin mantuvo una apasionada relación con el novelista de los escándalos Henry Miller y su esposa, June. Anais Nin falleció de cáncer de cuello uterino el 14 de enero de 1977, en Los Ángeles, California, y se convirtió en un ícono feminista, imposible de imitar en el siglo XX, donde todo el mundo corre, no a la cama sino al trabajo.

Julieta Campos, la novelista de origen cubano, se distinguió por ser crítica de la literatura contemporánea, especialmente la hispanoamericana y la francesa, pero también por ser una mujer sensible, apasionada de Cuba y más tarde de Tabasco, y por amar la vegetación de la tierra del gran poeta Carlos Pellicer. Durante una época salvó la vida al Pen Club de México que revivió a partir del momento en que ella lo presidió. Gabriel Zaid, poeta y colaborador crítico de la revista Vuelta, la felicitó con entusiasmo.

Para mí fue muy agradable viajar con Julieta Campos cuando ambas nos ocupamos del Pen Club. Compartí actividades como el encuentro de escritores en Acapulco, con sesiones en el hotel El Mirador, que figura en su novela Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina.

Julieta Campos llevó cursos de perfeccionamiento del idioma inglés en la Universidad de Michigan (1953), fue becada por la Alianza Francesa de Cuba e hizo estudios en París (1953-1954), donde obtuvo un diploma en literatura francesa contemporánea en la Sorbona. Ahí mismo conoció a Enrique González Pedrero, con quien tuvo un hijo también escritor, Emiliano González Campos, quien ha pasado la mayor parte de su vida en la casa paterna, en Tepoztlán.

Durante una intensa época, Anais Nin, leyó las obras de Virginia Woolf y Thomas Mann, quienes forjaron su vocación de escritora. Relata Julieta Campos en su texto Influencias literarias: “Fue como si encontrara, separados en dos escrituras singulares, la expresión de algo que en mí, yo ya percibía como una ambivalencia: por un lado, una sensibilidad dispuesta a percibir, en lo más pequeño y cotidiano, la esencia misma de la vida […] Por otro, una inquietud intelectual ansiosa por entender esa otra dimensión de la existencia que se refleja en la actividad social y política, eso que Joyce llamó, alguna vez, la pesadilla de la historia, entonces muy temprano, pues, descubrí en la lectura de estos autores lo que sería mi vocación”.

Gracias a ella, el Pen Club cobró vida y recuerdo que ambas viajamos a una reunión presidida por Mario Vargas Llosa, en Sao Paulo, Brasil. Antes, el Pen Club Mexicano había estado totalmente muerto y Julieta le dio un viento nuevo que lo llevó a buen puerto.

Julieta Campos fue traductora durante 10 años para el Fondo de Cultura Económica y más tarde para la editorial Siglo XXI. Gran amiga de Arnaldo Orfila Reynal, quien fue director del Fondo de Cultura Económica, nunca dejó de apoyarla tanto en la UNAM como en sus proyectos editoriales. Julieta dictó conferencias, participó en mesas redondas e impartió cursos y acabó siendo Secretaria de Turismo en la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal de Andrés Manuel López Obrador, quien la admiraba y la quería mucho. Antes, en Tabasco, al lado de Enrique González Pedrero, Julieta promovió al Teatro Campesino de la extraordinaria María Alicia Martínez Medrano, a quien también apoyaron Cristina y Carlos Payán, quien dirigió La Jornada.

Julieta Campos también colaboró como crítica literaria en los suplementos de Novedades y Siempre! y en la Revista de la Universidad de México que durante años dirigió Jaime García Terrés, la Revista Mexicana de Literatura, Diálogos en manos de Ramón Xirau, Plural y Vuelta, las dos revistas de Octavio Paz. Julieta recibió el Premio Xavier Villaurrutia en 1974 por su novela Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina, pero yo preferí Muerte por agua, su primera novela que tanto recuerda su vida en La Habana.

Entre sus obras se encuentran: Cuadernos de viajes (2008), La imagen en el espejo (1965), Oficio de leer (1971), Función de la novela (1973), La herencia obstinada (1982), Un heroísmo secreto (1988) y cuando su marido fue gobernador de Tabasco, además de invitar al Teatro Campesino, impulsó todas las artes y todavía tuvo tiempo para dedicarse a su propia escritura al publicar Bajo el signo de Na Bolón (1988), Tabasco: un jaguar despertado. Alternativas para la pobreza (1996), La forza del destino (2004), Celina o los gatos (1968) y Muerte por agua. Logró el reconocimiento de los franceses del “ Nouveau Roman”, incluyendo la admiración de la novelista Nathalie Sarraute, a quien ella presentó en México en el Instituto Francés de América Latina (IFAL).

En su cumpleaños número 80, Ignacio Solares, colaborador de Vuelta, mencionó que la obra de Julieta gira en torno a su obsesión por la muerte “Algo único en ella. Un tema con el cual me identifico en lo personal plenamente. Para Julieta, la muerte tiene su punto de partida, como debe ser, en el acto creador, por eso en ella Eros y Tánatos son apenas discernibles. La muerte es siempre ‘lo otro’, ‘la otra’ posibilidad”.

Muy amiga de Margo Glantz, traté a Julieta cuando ambas viajamos como representantes del Pen Club México que ahora, en 2026, no sé si vive o duerme en los brazos de Morfeo, como me lo dice mi gran amigo el profesor de Comunicación de la FES Acatlán Rodrigo Ávila Bermúdez.