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Desde otras ciudades

La Basílica de San Pedro, corazón del catolicismo en el Vaticano

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▲ El acceso cuesta 20 dólares para lo cual se tiene que reservar en línea con semanas de antelación.Foto Alia Lira Hartmann
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omo un enclave dentro de Roma se encuentra la Ciudad del Vaticano, el país más pequeño del mundo con 44 kilómetros cuadrados y, aunque podría considerarse diminuto, su simbolismo es enorme e innegable. Se fundó como Estado independiente en 1929, mediante un pacto entre Benito Mussolini al frente del gobierno italiano y el cardenal Pietro Gasparri, en representación del papa Pío XI. Los llamados Pactos de Letrán, firmados en un edificio histórico del mismo nombre, le dieron completa soberanía e independencia del gobierno.

Es el centro de la Iglesia católica gobernada por el Papa como una monarquía absoluta; es el responsable de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, aunque administrado por una comisión de cardenales. Oficialmente tiene mil habitantes, su propia bandera y reglas en cuanto a relaciones diplomáticas.

Aquí se encuentra uno de los templos más importantes del mundo: la Basílica de San Pedro, símbolo del catolicismo global y joya del arte renacentista y barroco, además de ser punto de encuentro para millones de fieles y turistas. Se erigió sobre el lugar donde fue enterrado el apóstol San Pedro, considerado el primer Papa.

Para llegar a la Basílica nada mejor que una marcha pausada por la gran avenida de la Conciliación, con sus altos faroles y numerosos comercios. La gran Plaza de San Pedro es la antesala, en la que caben 300 mil personas en actos conmemorativos. Una serie de columnas rodean la plaza sobre las cuales se encuentran estatuas de santos.

Recorrer el interior exige paciencia, energía y un código de vestimenta adecuado, especialmente para las damas, que en verano suelen llevar pronunciados escotes. A la entrada se proporcionan unas pequeñas mantas blancas para cubrirse.

Son más de 20 mil metros cuadrados entre capillas, numerosos altares, tumbas de papas y bellas esculturas. A pesar de su carácter sagrado, la basílica es también uno de los destinos turísticos más visitados del mundo. Millones de personas cruzan sus puertas al año, tanto por su significado religioso como por su riqueza histórica y artística. El impacto de la visita queda grabado en la memoria, incluso para quienes no profesan la fe católica por la impresión de la magnitud y belleza del lugar.

Es un reto hacerse un lugar entre los miles de visitantes que entre la contemplación de los altares, la consabida fotografía o selfi para redes sociales, dan poco espacio para el recogimiento espiritual. Con suerte se puede presenciar una misa en italiano que se celebra en alguna de las capillas o se reza el rosario donde por un momento el fiel se retrae del tránsito humano.

La actual basílica comenzó a construirse en 1506 y concluyó más de un siglo después. Entre los genios creadores que participaron destaca Miguel Angel Buonarroti (1475-1564), el genio renacentista, pintor, arquitecto y escultor que diseñó la imponente cúpula que domina el perfil de Roma.

realizada cuando el artista contaba sólo con 24 años, la estatua de La Piedad representa a la Virgen María sosteniendo el cuerpo sin vida de Jesús y reúne al mayor número de visitantes. Los frescos de la Capilla Sixtina son también obra de este genio italiano.