Domingo 5 de abril de 2026, p. 19
Chiang Mai, una ciudad de Tailandia conocida como destino turístico, se encuentra envuelta en una nube de polución cancerígena con niveles de contaminación 60 veces más altos que el promedio de exposición de 24 horas recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Pasar varias horas en la nube de polución que cubre el norte de Tailandia es “sofocante” para Pon Doikam, quien al llegar a casa y sonarse la nariz, ve coágulos de sangre en el pañuelo.
“Es como estar atrapada constantemente en el humo”, describe una vendedora de cocos de 36 años en Chiang Mai, un destino turístico que figura entre las áreas afectadas esta semana por niveles peligrosos de contaminación.
La quema agrícola estacional, los incendios forestales y los patrones climáticos producen cada año una temporada de contaminación en gran parte del sudeste asiático. Pero algunas zonas del norte de Tailandia experimentan una neblina que incluso extraña a los residentes.
“Vivo en Chiang Mai desde niña y ahora es peor que nunca”, relata Pon, que trabaja al aire libre. “No tengo opción, necesito salir y ganarme la vida”, lamenta.
La situación es aún peor hacia el oeste, en Pai, destino popular entre mochileros conocido por su vegetación y montañas.
Algunos medidores registraron niveles de PM2.5 –partículas lo suficientemente pequeñas como para entrar en el torrente sanguíneo, que están asociadas a enfermedades como el cáncer– superiores a 900 microgramos por metro cúbico. Es decir, 60 veces más alto que el promedio de exposición de 24 horas recomendado por la OMS.
La geografía montañosa de la zona la hace doblemente vulnerable porque el humo queda fácilmente atrapado y es difícil acceder a las laderas boscosas cuando se producen incendios.
Bomberos voluntarios como Maitree Nuanja hacen lo posible por reforzar la limitada capacidad local. “El centro de control de incendios nos dio 20 litros de combustible y nos prestó sopladores de hojas. Cuando termine la temporada, tenemos que devolverlos”, comenta.
“Está tan oscuro y brumoso que no se ve nada”, detalla frente a una extensión de terreno ennegrecido y cubierto de ceniza.
El miércoles, un bombero voluntario fue encontrado muerto por presunto agotamiento provocado por el calor y problemas de salud prexistentes, según las autoridades.
El médico Thanakrit Im-iam lleva un respirador de alta resistencia para protegerse, y advierte que, en el largo plazo, las consecuencias de la contaminación son devastadoras.
“Las toxinas y metales pesados entran directamente al cuerpo”, describe. Provocan “ojos irritados, flema e inflamación nasal”.La mascarilla es su única protección. “No podemos controlar el resto. Eso depende del gobierno.”
“Un gobierno normal se preocuparía por el aire limpio. Y no sólo ahora, sino desde hace tiempo”, recalca Kanongnij Sribuaiam, líder del equipo legal de la Red de Aire Limpio de Tailandia, que impulsa una legislación enfocada a este problema.
El gobierno instaló cientos de “salas libres de polvo” equipadas con purificadores y sistemas que impiden la entrada de aire contaminado, y aunque otorgan un descanso, no solucionan el problema.











