Domingo 5 de abril de 2026, p. 13
Dubái. En El Mall de los Emiratos las tiendas de lujo se alinean, casi idénticas. Pero tras un mes de guerra en Medio Oriente, sus pasillos están lejos del bullicio habitual y sus vendedores pasan las horas casi sin clientes.
Recién salida de Chanel, una de las pocas clientas lo dice sin rodeos: “No hay que venir a Dubái en este momento. Es peligroso, estamos en guerra. Para mí es distinto, yo soy de aquí; si muero, muero con mi familia”, explica, vestida con una abaya y un niqab negros, y con un bolso negro Hermès colgado del brazo.
Los vendedores, impecablemente vestidos con trajes, aseguran que tienen la consigna de no hablar. Aún así, uno de ellos describe brevemente el ambiente general: “Claro que hay menos clientes, pero se nota sobre todo en los turistas; los locales siguen viniendo y por suerte tenemos mucha clientela loca. Aquí nadie está en pánico”.
La imagen de refugio seguro para ricos expatriados y de paraíso de las compras de lujo que Dubái se había forjado recibió un mazazo cuando misiles y drones iraníes golpearon algunos de sus lugares más emblemáticos, al inicio del conflicto desencadenado por la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, y los turistas salieron huyendo.
Caída de las ventas
Entre 6 y 8 por ciento de la facturación mundial de las grandes marcas de lujo, como Louis Vuitton, Dior y Louboutin, entre otras, viene de Medio Oriente, señalan analistas de la consultora Bernstein.
Los expertos prevén que las ventas de artículos de lujo en marzo podrían reducirse a la mitad en esa región, sobre todo por el desplome del turismo, con los grandes aeropuertos de Dubái, Doha y Abu Dabi cerrados o funcionando a medio gas.
Más de la mitad de las boutiques de lujo de la zona se encuentran en Arabia Saudita y en Emiratos. Y entre ellas, las que registran las mejores ventas están concentradas en el Dubái Mall, otro gigantesco centro comercial de la ciudad.
Con sus cascadas interiores, acuario gigante, mil 200 tiendas y más de 110 millones de visitantes al año, este coloso de la opulencia presume de ser el lugar más frecuentado del planeta. Pero en plena guerra, ha perdido su ritmo habitual y sólo acuden clientes locales.
Según los analistas de Bernstein, los niveles de afluencia se han “desplomado” y varias marcas han reasignado a sus vendedores a tareas de venta en línea. Esta estrategia ha resultado eficaz, aseguran, en una región repleta de clientes adinerados “sin nada más que hacer que comprar”, como “durante la pandemia de covid-19”. En el Mall de los Emiratos, la imponente pista de esquí artificial está vacía.
Según analistas del sector, el peor escenario sería que el conflicto se prolongue con ataques esporádicos en el Golfo, lo que podría dañar de forma duradera el atractivo de Dubái.












