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Apenas hace 50 años fue basurero y depósito de cascajo

Xalpa pinta de colores su historia de lucha en la cima de Iztapalapa

Entre nopaleras, ajolotes y leyendas, los primeros vecinos urbanizaron el asentamiento en la zona de minas

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▲ La sierra de Santa Catarina con los volcanes al fondo, hacia 1940. En la actualidad, la vista de las casas de colores y calles con murales que distinguen la colonia.Foto redes sociales y Luis Castillo
 
Periódico La Jornada
Domingo 5 de abril de 2026, p. 25

Con un cerro pintado con casas de colores, la colonia Xalpa, en Iztapalapa, se extiende en lo alto de la vertiente norte de la sierra de Santa Catarina, con calles empinadas y murales que devuelven escenas reconocibles de esta zona al oriente de la Ciudad de México. Su nombre remite al náhuatl y significa “sobre la arena”, pues antes de que existiera la colonia como tal esa franja era parte del borde volcánico y del paisaje semirrural que recuerdan algunos de sus primeros pobladores; luego, con la expansión urbana, en la segunda mitad del siglo XX, comenzó a tomar forma.

Es considerada una colonia reciente. Nació en los años setenta como parte del avance de los asentamientos populares y desarrollos habitacionales en medio de la lucha por el suelo –liderada en ese entonces por organizaciones sociales– entre la tensión persistente por la conservación ecológica. Cuando Raquel Navarro llegó hace casi medio siglo todo era terracería y sus calles ni siquiera estaban trazadas, sino que “eran caminitos”.

Además, el sitio cargaba con el estigma de haber sido tiradero de basura de la capital y después del sismo de 1985 receptor de escombros. Luego, cuando se le quitó ese uso, los ejidatarios comenzaron a vender los terrenos y así llegaron las primeras familias a fincar, con lotes que costaban entre 2 mil y 6 mil pesos, aunque el de ella le salió en 14 mil. Las viviendas eran precarias, de madera y lámina, es decir, provisionales y con tabiques sobrepuestos.

La urbanización la hicieron prácticamente los propios vecinos: levantaron cuartos de a poco, compactaron la tierra con agua para contener el polvo e incluso construyeron sus propias aceras por tandas entre varias familias.

En los recuerdos sobre aquellas faenas, Gregorio González y Clementina Gutiérrez comparten: “nos cooperábamos entre vecinos y hacíamos un tramo un día; el otro domingo hacíamos el terreno de nosotros y luego el de enfrente. Así nos fuimos haciendo nosotros nuestras banquetas, no nos las hizo el gobierno”.

Tampoco había luz ni agua o drenaje. La señora Elena, avecindada desde hace más de cuatro décadas, relata que el agua no corría por tuberías, sino que llegaba en pipas, y para resolver lo más elemental las familias abrían fosas para el baño y piletas para almacenar líquido potable para uso diario. Vivir ahí no fue una elección cómoda, “nos mandó la necesidad… porque es lo que uno busca, cómo empezar a vivir”. Explica que la instalación de servicios básicos se concretó a principios de los años noventa.

Del guajolotero al cablebús

El transporte era reducido a viejos peseros conocidos como guajoloteros que cobraban 20 centavos y llegaban sólo a La Quebradora, paraje que estaba sobre lo que ahora es la avenida Ermita, mientras muchas familias preferían caminar para alcanzar otros transportes. Antes de que existiera la primaria Aníbal Ponce –la primera de la colonia– los niños estudiaban debajo de un árbol, rodeados de nopaleras y pirules, cada uno con su sillita e instruidos por una sola maestra.

Entre los que crecieron en Xalpa está Máximo Villegas, quien recuerda: “solo había que caminar unos 50 metros para empezar a sentirte completamente rodeado de la naturaleza, por doquier había sembradíos”.

Las minas y los camiones de volteo eran parte del paisaje cotidiano, el ir y venir de los vehículos levantaba tal cantidad de polvo que la arena inundaba los zapatos de la gente; el peso de la carga y el camino rocoso también ocasionó numerosos accidentes, algunos de ellos fatales. Los adultos mayores contaban a los más jóvenes que los camioneros evitaban subir solos a medianoche y se reunían en grupo para avanzar en procesión, pues según leyendas, en la zona donde está el negocio de Materiales Acuario se aparecía una mujer vestida de negro y veían a monjes subir al cerro.

Además, el punto conocido como Las Peñas era una referencia de set cinematográfico y más de un habitante alcanzó a ver filmaciones con El Santo, Blue Demon, El Cavernario Galindo, Jorge Rivero y Andrés García. “A mí me gustó mucho el cine porque aquí grababan muchas películas”, expresa María Elena Casal, locataria del famoso mercado Quetzalcóatl, ubicado sobre la avenida Guanábana. Refirió que en la zona antes se formaba una laguna donde había ajolotes y alrededor persistía mucha vegetación; desde su memoria, la colonia tenía un aire campestre que sirvió de inspiración para nombrar calles con frutas.

También surgió sobre la misma avenida el mercado Xochitepango, con apenas 30 puestos improvisados con tablas de madera amarradas con lazos; con los años, el centro de abasto creció y actualmente rebasa los 130 locales. Décadas después, la llegada de la línea 2 del Cablebús, en 2021, modificó de manera visible la dinámica de la colonia, mejoró la movilidad, incrementó el paso de personas y vino acompañado por un pintado gratuito de fachadas y murales, lo que dio una nueva imagen a buena parte de las viviendas.

Hoy se muestra densamente poblada, aferrada al cerro y cubierta de color, como una forma en que los habitantes transformaron el paisaje hasta volverlo suyo.