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“Me gustan los guiones en que las palabras son lo menos importante”

El australiano Sam Worthington aparece en el thriller de atracos Fuze en un papel secundario, casi sin diálogos, tras haber protagonizado las cintas de Avatar

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▲ El actor Sam WorthingtonFoto tomada del Facebook del artista
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▲ Fotograma de la cinta Avatar: Fuego y ceniza.
The Independent
Periódico La Jornada
Jueves 2 de abril de 2026, p. 7

En diciembre, el actor australiano protagonizó Avatar: Fuego y ceniza, secuela taquillera que recaudó mil 500 millones de dólares y que actualmente es la cinta 16 más taquillera de todos los tiempos. Ahora, aparece en un thriller de atracos llamado Fuze. Lo hace en un papel secundario, casi sin diálogos. Pasar inmediatamente de uno a otro es un poco extraño, pregunta The Independent. “Siempre ha sido extraño”, responde. “Nunca he tenido un plan al respecto”.

De 49 años, el actor se encuentra en Colorado con su familia. Habla rápido, con metáforas y alguna que otra palabrota. “Creo que es bien sabido que las entrevistas y todo eso me resultan bastante insoportables”, admite. “Me pongo muy ansioso”.

En Fuze interpreta a uno de los miembros de una banda de ladrones, liderada por Theo James, que aprovechan la distracción que supone una gran bomba de la Segunda Guerra Mundial desenterrada cerca de Edgware Road, en Londres, para simular un atraco a un banco. Se unió al proyecto con la intención de volver a trabajar con el director David MacKenzie, con quien ya había colaborado en Relay (2024) y en la miniserie Under the Banner of Heaven ( 2022 ). Al principio, nadie le daba siquiera el guion para leer. “Me decían: ‘Ya está todo elegido, no hay nada más’”, recuerda. “‘No puedes volver a trabajar con él’”. El papel que finalmente le asignaron, según él, “estaba escrito como el de un extra”, pero, añade, “son los papeles que a veces me encantan. David confía lo suficiente en mí como para dejarme improvisar. Y sabe que conozco bien la dinámica del cine y que puedo equilibrar a los demás actores”. Con el tiempo, el personaje se transformó en una especie de antagonista del ladrón intrigante interpretado por James.

Tuvo que construir su personaje a través de la acción y un diálogo muy escaso. “No me gustan las palabras”, dice Worthington. “Esto es cine, no palabras en movimiento. Siempre lo he pensado. La mayoría de las veces, me gustan los guiones donde las palabras son lo menos importante. Lo que me apasiona es el comportamiento humano. Y si se puede lograr eso de forma concisa, o con una simple mirada, ese es el reto”, insiste.

Para él, cada nuevo papel es, ante todo, un acto de autodescubrimiento. “Cada trabajo es una oportunidad para aprender algo”, afirma. “Quizás en los pasados 20 años me haya perjudicado, pero he aprendido más como actor de lo que jamás habría aprendido buscando una carrera. Se aprende más de los trabajos malos que de los más prestigiosos. Siempre lo he visto como parte de mi trayectoria”.

La sombra de Avatar, épica de James Cameron de 2009, técnicamente pionera, habría engullido por completo la carrera de algunos actores. Cuando fue elegido para el papel, Worthington no era un completo desconocido: llevaba casi una década trabajando en Australia. Pero aun así, fue un cambio enorme, de cero a 90 sin siquiera un cinturón de seguridad.

Ajuste profesional

Si bien gran parte de la película lo mostraba transformado en una réplica alienígena de piel azul, la primera película de Avatar también mostraba mucho del rostro humano real de Worthington. “Era un tipo de 29 años de Australia”, recuerda. “Si me hubieran dicho que iba a estar en la cinta más taquillera de todos los tiempos, me habría reído”. En cuanto al éxito fenomenal de Avatar, todavía no sabe qué pensar al respecto. “No le resto importancia, porque significa mucho para mí y me ha dado la vida. Pero al mismo tiempo, ¿qué? ¿Voy a andar por ahí con un abrigo de chinchilla rojo y conduciendo una limusina?”

Worthington ha hablado sobre el empeoramiento de su alcoholismo en los años inmediatamente posteriores a Avatar. Con el apoyo de su esposa, la modelo y presentadora de televisión australiana Lara Bingle, y con una renovada fe cristiana, se mantiene sobrio desde 2014. La pareja tiene tres hijos: Rocket, Racer y River.

La década de 2010 también fue un periodo de ajuste profesional. Incursionó en proyectos de mayor presupuesto (Furia de Titanes de 2010). “En mis 30, hice muchas superproducciones y películas de acción, y la gente asumió que eso era lo que quería hacer”, comenta. Luego, al cumplir 40, comenzó a recibir una avalancha de papeles de padre. De hecho, el mejor trabajo de Worthington es, sin duda, el de padre. Las dos secuelas de Avatar, de Cameron, supusieron un gran avance artístico para la franquicia. La acción era más intensa, los efectos más espectaculares, pero –y esto es crucial– también tenía una mayor carga emocional. Su personaje ya no era el marine con conflictos ideológicos; ahora personificaba a un patriarca con el peso de una sociedad sobre sus hombros.

Cameron habló con el reparto sobre sus planes para las secuelas de Avatar, y “de esas conversaciones surgen las complejidades y los matices”, afirma. “Para entonces, Zoe Saldana y yo ya éramos padres, así que sabía que podía guiarnos por esos caminos. No te aprovechas de tu familia, pero sin duda tienes instintos diferentes a los que tenías cuando eras soltero y tenías 29 años”.

Para alguien que siempre se ha sentido menos cómodo con el lado comercial del mundo del espectáculo, Worthington afirma que el elenco de Avatar fue “protegido” por Cameron. “Somos diferentes a las películas de Marvel, en el sentido de que... se siente como una cinta independiente”, asegura. “No tenemos presiones externas, ni expectativas de la prensa, ni del estudio, ni de la comunidad. Y por eso podemos arriesgarnos más. Simplemente jugamos y creamos”, continúa. En la misma línea, refuta la reputación de Cameron de ser, por decirlo suavemente, algo perfeccionista. “Creen que es una gran máquina sólida donde Jim es el director didáctico. Y no lo es. Es un pintor”.

Worthington ha trabajado con otros cineastas, como Mel Gibson, en el drama bélico nominado al Oscar Hacksaw Ridge y, más recientemente, con Kevin Costner en su proyecto personal, en el western Horizon. “Cuando un actor es tu director, transmite conocimientos sin siquiera darse cuenta”, comparte.

Entre sus próximos proyectos se encuentra una película de temática religiosa titulada Zero AD. “Creo que la Biblia tiene historias maravillosas, y ésta es una de ellas”, afirma. El relato en cuestión es la Matanza de los Inocentes, en la que el rey Herodes masacra a miles de bebés. “Creo que sólo se puede justificar diciendo que es una película religiosa. Imagínate si se la propusieras a Paramount o Warner Bros como una convencional. Te mirarían como si estuvieras loco”.

También se estrenará The Exiles, que ya se rodó en Taiwán. La mitad de la película está en taiwanés; encarna a un gánster que se infiltra en el mundo del crimen. “Si la película funciona, ¿quién sabe qué oportunidades abrirá?”, pregunta. “Fue una experiencia increíble, probablemente una de las mejores que he tenido. Aunque no entendía nada de lo que decían la mitad del tiempo”.

Sonríe. “Estoy a punto de cumplir 50 años. Es una larga trayectoria. Y lo que ha pasado es que ahora empiezo a entender qué demonios estoy haciendo, en el sentido de qué tipo de actor soy y dónde encajo en este rompecabezas”.

Ya sea Avatar 4 o El secuaz número tres, Worthington está totalmente dispuesto. Fuze se estrena en los cines de Reino Unido y en la plataforma JustWatch.