Algo sobre Sabines
ntes del temblor. Le había llevado –dedicado, ni modo que no– lo que considero mi primer libro, Ni lo que digo, que sin abrirlo depositó a su lado y me invitó a sentarme. Hizo lo propio y siguió viendo lo que estaba viendo… en la televisión –que yo miraba, pero no veía–. Tal vez nunca me he sentido más de más que esa tarde. Don Jaime viendo quién sabe qué a color en la vespertina claridad de una sala de (acaso) la Del Valle. Media hora después de un silencio ni cómodo ni incómodo: neutro (amainado por el sonido televisivo), atrevo: –Bueno, don Jaime, ya me voy. –Ándale, que te vaya bien.
2. Probablemente 84. Un momento –mucho más que un momento– encantado: tener en las manos, manuscritos, algunos de los primeros poemas publicados del de Chiapas. Mi memoria no es fotográfica, de modo que puedo recordar mal: no libreta de contaduría –de ese tipo, sí, pero a rayas–, caligrafía Palmer, limpísima; casi ninguna corrección: dos o tres versos por ahí tachados de inmediato (desviaban el poema) y a retomar, con fresca y decidida percepción, camino. Como si nada. Y el dibujo de sí mismo –lirismo no inseguro de la línea– libreta en mano. Con fervor respetuoso (a lo mejor sacrílego, pero no pensamos en eso) se tomaron dos o tres fotos, que ¿dónde, si andan, andarán?
3. Otoño en primavera. El productor Erick Pérez Velazco, de Ajedrez Escénico, nos invita al Teatro Helénico el pasado 16, donde las palabras de Sabines, algunas de las más gustadas y/o mejores danzadas fueron bajo la “dirección, dramaturgia, coreografía e iluminación” de Marco Antonio Silva. Elenco: Isabel Beteta, Carolina Ureta, Ana Bitrán (voz y composición musical), Iván Flores, Saúl Gurrola y Humberto Vélez... Invitados de ese día (la última presentación fue el pasado lunes): Jaime López (esperábamos que cantara, pero se limitó –lucidamente– a la armónica), Alejandro Calva y el violinista Arón Bitrán.
El escenario cubierto de hojarasca. Hielo seco, aroma de bosque… Adán/Eva (Sabines a flor de piel). Se destaca que la creación “se inscribe en la celebración de los cien años del nacimiento del poeta y a los 30 del homenaje nacional en el Palacio de Bellas Artes”. Lleno total.
Bailar palabras no es fácil. Representarlas o presentarlas con cuerpo(s) en movimiento yo digo que tampoco. Los cuerpos convocados (algunos trabajadísimos) ciertamente lograron asentarlas en los cuerpos (el público) expectantes.











