Opinión
Ver día anteriorMiércoles 1º de abril de 2026Ediciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
 
Tiranos
L

a oposición al gobierno, a su movimiento/partido y, en especial a la Presidenta, ha saturado sus entendederas acusando democráticas fallas.

Algunas de sus militantes almas atribuladas por la impotencia llegan hasta tildarla de tirana. La semana que recién pasó, millones de estadunidenses llenaron calles y más calles, en ciudades y más ciudades de su país, al son de No Reyes. Un grito que les llena por completo las gargantas. Aunque también les alivia en sus modos de vida.

Sostienen que Donald Trump lleva ya poco más de un año extendiendo su tiránica manera de gobernar. Y no quieren seguir por esa ruta. Expresamente él pidió, en cuanto tomó posesión de su cargo, dejarlo gobernar como tirano los primeros días. Le gustó y ha prolongado el experimento todo este adicional tiempo transcurrido. Y no hay ventana alguna que transparente diferente talante.

La opinocracia local, junto con otros muchos conservadores nacionales, han acusado a doña Claudia de acumular poder cada vez que propone alguna modificación a las leyes. Decisiones que, dicen, ha convertido en acciones contra viento y marea, según la acusan sus fieles, cotidianos y atentos críticos. Acumula ya graves fallas y redoble de ambiciones de poderes adicionales. Pero entre ella y el otro media un inmenso lago de diferencias.

Aquí nadie puede decir que la doctora se empecina en actuar a capricho según le amanece. Ni tampoco anda en desaforada búsqueda de enriquecerse.

No pone su ética personal como único límite a sus decisiones. Y no lo hace porque sabe que hay reglas y normas que debe obedecer y, no sólo eso, sino también respetarlas.

Ha propuesto leyes que se atraviesan entre los intereses personales o grupales de abusivos y se las cercenan con sus trampas y traiciones. Llena el raro caso de una tirana a la que trampean y de-sobedecen. No ha matado a nadie y sólo busca redimir causas y solicitar perdones a los muchos que han sido ofendidos en tiempos pasados. Día con día trata de organizar mejor su administración para ahorrar los muy escasos recursos que se recaudan.

Tampoco ha atropellado a nadie con los muchos medios a su alcance. La crítica sin cuartel es una intensa y diaria actividad en la que se empeña la furibunda oposición, que no ceja en sus dictámenes de tragedias y derrotas. Todos y cada uno de sus programas, posiciones y búsquedas son condenados al fracaso.

El señor Trump, en cambio, agrede a todo mundo, ya sea con palabras altisonantes o con bombas, bloqueos o balas. No ha logrado concebir un modelo novedoso que lo distinga en su búsqueda de bienestar, justicia y respeto humano. En todo momento encuentra la ruta que le lleve a provocar y amenazar sin ton ni son.

Sin importar los problemas de ello derivados, continúa empeñado en atravesarse ante todo mundo. Lo hace por el bien de su América, aduce. A este tipo de modulaciones gubernativas bien se le pueden tildar de tiranía.

El discurso que le han lanzado famosas mentes lúcidas de ese país no deja la menor duda de su categorización.

Ya no sólo lo tildan de autoritario, sino que lo acusan de ávido negociante para su propio beneficio. Él y su familia y otros amigos se empecinan día con día en buscar la manera de enriquecerse. Es por eso que se hermana con las agresiones israelitas en Medio Oriente. Sabe que esa marabunta de trasiegos peligrosos e impunes de la guerra producen jugosas oportunidades de negocios para su casa familiar. Y no pierde el tiempo para concitar a los ricos y dispendiosos monarcas de las petromonarquías en búsqueda de acumular bienes. Aceptar como regalo un inmenso avión, de varios cientos de millones de dólares, no sonrojan a su club de amigos/socios funcionarios.

Ha llegado a condonar impuestos a los privilegiados en exceso (él mismo) y castigado con inflación e intranquilidad a los que poco tienen y sin pena alguna los agobia. Su guerra se encarga de hacer algo similar –tal vez peor– al resto del mundo.

Mucha tinta ha circulado por los medios de comunicación locales en apoyo de la eficiente democracia estadunidense. Allá, dicen, tienen instituciones que guardan los balances, hacen los ajustes y continúan la vida democrática.

En cambio, aquí comparan siempre para mal, sólo destruyen las ineficientes instituciones y balances que aún permanecen.

Allá, los individuos quedan sujetos por normas e impiden excesos y delitos a sus gobernantes.

Aquí, la acumulación, al menos escrita, de poder lleva una ruta destructiva de pluralidad y de la propia democracia.

Una continua comparación, como ejercicio probatorio de la imperfección mexicana, atasca el fluir democrático de la 4T, según opositores y críticos. ¡Que más decir!