Miércoles 1º de abril de 2026, p. 8
La Danza de los Diablos, patrimonio afromexicano en la Costa Chica de Guerrero, será el eje de Diablo, primer cortometraje del bailarín independiente y coreógrafo Ismael Tonatihu Saguilan Acevedo (Acapulco, 1995). Este filme de “ficción experimental” fue uno de los 19 proyectos seleccionados de la convocatoria 8 del Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes, organizada por el Instituto Mexicano del Cine.
En el cortometraje el personaje principal, un joven afromexicano de nombre Sol, interpretado por Saguilan Acevedo, “atravesará paisajes oníricos para enfrentar sus miedos y convertirse en el diablo al bailar esta danza –se remonta a tiempos virreinales–. El filme resumirá muchas de mis vivencias”. La Danza de los Diablos fue la primera que el realizador aprendió a los 17 años, con un grupo de estudiantes de la preparatoria, y de alguna manera prendió la chispa de su profesión.
Afromexicanidad
De adolescente se trasladó a la Ciudad de México para estudiar danza contemporánea en el Centro Cultural Ollin Yoliztli. Sólo duró un año porque era una forma de bailar nueva y “mi cuerpo no lo procesaba. No entendía muy bien como explorar a partir de una cuestión muy personal”. Se inscribió entonces en la Escuela Nacional de Danza Folklórica del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, de cuya carrera se graduó.
Estuvo una breve temporada con el Ballet Folclórico de Amalia Hernández y con el proyecto Nohbords. Reconoce que la danza contemporánea le ha permitido encontrar más programas. Eligió, luego, retomar “la cuestión de la afromexicanidad porque sentí que la había dejado a nivel personal y decidí regresar a mis raíces porque es la primera danza que aprendí. Voy a tomar ese camino para construir mi propio material audiovisual dancístico, para empezar mi carrera como artista independiente. Que la gente diga, ah, sí conocemos a Tonatihu. Es un chico que baila de esa manera y hace este tipo de proyectos”.
También empezó a realizar castings y proyectos de tipo audiovisual. En el intento por encontrar espacios para la representación afromexicana en realizaciones cinematográficas, “más bien me topé con una pared en el sentido de que no hay tantas posibilidades en el campo de la ficción”. En 2025 obtuvo un apoyo por parte de su estado natal para desarrollar un solo que “habla justamente de la Danza de los Diablos”.
Luego, un amigo le animó a desarrollar una historia desde un punto de vista más personal: “me interesó abarcar la representación en la ficción. Eso me motivó a realizar la historia del cortometraje junto con Daniela Pérez, quien me asesoró en la escritura del guion, así como otras personas que me apoyaron para que eso se convirtiera en realidad”.
Diablo se filmará en Acapulco en la casa de su abuela donde creció y aparecerán lugares ligados a su infancia/adolescencia como La Poza Azul, Pie de la Cuesta y la Laguna de Coyuca. Aparte de que Diablo tenga dos cuadros de danza, el realizador quiere que sea contemplativo en la medida que le gusta que las cosas se construyan poco a poco en escena.
La Danza de los Diablos se distingue por su vestimenta de máscaras con barbas y flecos hechos con crines y colas de caballo, cuernos y orejas grandes, así como ropas de harapo. Mientras que el solo cuenta con un vestuario específico, “para el cortometraje quiero que el personaje aparezca desnudo, pintado totalmente de negro, en armonía con toda esta cuestión onírica que trabajamos de las diferentes realidades, aunque también llevará la máscara de los diablos”.
Doña Gila, madre de Saguilan Acevedo, hará su aparición en la cinta: “el cortometraje habla de un ritual que arma mi madre para llevar esta transición de persona con miedos a la figura del diablo. Es como una resignificación de la imagen del diablo como una persona valiente, con coraje. Es como una especie de ritual de iniciación, digamos, para llevar acabo una transformación de sol”.
El bailarín y realizador piensa seguir adelante con ambas actividades, ya que “la una no está peleada con la otra. Me gusta que existan estos espacios porque son una forma de generar material artístico, desarrollar mis propios contenidos y seguir adelante con la búsqueda de mi voz desde mi afromexicanidad”.











