Miércoles 1º de abril de 2026, p. a12
Portland. “¡Empujen!” “¡Presionen!” “¡Bien hecho!” Mientras el entrenador voluntario de futbol gritaba palabras de motivación, una de sus jugado-ras empujó el balón más allá de la portera del equipo contrario y lo metió en la red, lo que hizo que la banda estallara en vítores.
Esta fue la escena el domingo en Portland, Oregon, en un torneo de futbol que su organizador bautizó como la Copa del Mundo para Niñas Migrantes y Refugiadas. El defensor comunitario Som Subedi, un migrante de Bután, creó el torneo para ayudar a brindar una sensación de alegría y unidad en medio de las operaciones federales de control migratorio que han afectado a las familias de las jugadoras.
“ICE y la aplicación federal de la ley deben estar fuera de nuestros estacionamientos, fuera de nuestros campos de futbol y, lo más importante, fuera del miedo en nuestros corazones y mentes”, manifestó Subedi durante la ceremonia de apertura, usando el acrónimo del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas.
Subedi pertenece a los lhotshampa, grupo étnico de habla nepalí que fue blanco de las autoridades butanesas a principios de la década de 1990. Vivió durante años en un campamento de refugiados en Nepal y llegó a Portland en 2008, y con el tiempo se convirtió en ciudadano de Estados Unidos.
“Esto es más que una competencia. Es más que futbol”, comentó a The Associated Press. “Esto un evento comunitario para que se sientan valoradas y bienvenidas.”
Los temores por la aplicación federal de las leyes migratorias se han apoderado de los deportes juveniles en todo el país.
El otoño pasado, la Oregon Youth Soccer Association anunció la cancelación o reprogramación de varios partidos en Portland por preocupaciones sobre agentes migratorios en parques, informó The Oregonian/OregonLive.
La aplicación de las leyes migratorias, encabezada por el gobierno del presidente Donald Trump, se disparó en el noroeste del Pacífico el otoño pasado, acercándose al máximo histórico observado durante el primer gobierno de Obama, según datos publicados por el Center for Human Rights de la Universidad de Washington. En Oregon, el aumento hizo que casi mil 200 personas fueran arrestadas de octubre a diciembre.
El edificio de ICE en Portland ha sido escenario de protestas persistentes contra la ofensiva migratoria del gobierno desde junio pasado, incluidos meses de manifestaciones nocturnas.
Algunas de las jugadoras del torneo –de entre 10 y 18 años y cuyas familias provenían de países que van desde México hasta Somalia y Myanmar– se han visto afectadas directamente por la ofensiva migratoria. Valeria Hernández, de 15 años, contó que su hermano fue deportado a México a finales del año pasado. “Me derrumbé en ese momento. Estaba muy triste”, mencionó a AP con la voz entrecortada. “Era mi mejor amigo”.
Se volvió más difícil ir a los entrenamientos, ya que su hermano solía llevarla en auto. Él era su principal inspiración para jugar futbol, explicó, y añadió que le envió una foto del torneo antes de su primer partido.
El propio Subedi relató que su hija, de 11 años, tuvo miedo de ir al entrenamiento de futbol después de que se reportara la presen-cia de agentes migratorios cerca de su escuela el invierno pasado. Él le mostró que lleva consigo su Real ID y su pasaporte, pero aun así ella estaba nerviosa.
Para ayudar a crear una sensación de seguridad en el torneo, estuvieron presentes agentes de dos departamentos de policía y un grupo local de derechos de los migrantes. Bajo la ley de santuario de Oregon, la policía local tiene prohibido ayudar en la aplicación federal de las leyes migratorias.
Contar con una multitud de simpatizantes y familias también contribuyó al ambiente de seguridad, añadió.











