Miércoles 1º de abril de 2026, p. 2
La identidad, la violencia sexual, las migraciones y la preocupación por la naturaleza son temas que María Ezcurra, artista mexicano-canadiense, nacida en Argentina, ha desarrollado en su obra, como se puede apreciar en Líneas de fuga, primera exposición retrospectiva de su trabajo de dos décadas abierta en el Museo de Arte Carrillo Gil (MACG). La muestra reúne piezas claves de su producción, que se caracteriza por el empleo de textiles, ropa y materiales reciclados como una herramienta estética y política. Las obras comprenden instalación, escultura, dibujo y fotografía.
Proveniente de Buenos Aires, Ezcurra llegó a México de niña con su familia. Estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ahora, Facultad de Artes y Diseño) de la Universidad Nacional Autónoma de México. Cursó maestrías en Londres y San Francisco, antes de trasladarse a Montreal, Canadá, para estudiar un doctorado en educación artística en la Universidad Concordia.
Nuria Carton de Grammont, cocuradora de la exhibición con Fernanda Ramos Mena, se refirió a Ezcurra como “hija pródiga de los neoconceptualismos mexicanos de los años 90”. Hizo hincapié en la necesidad de “no perder de vista la visión hemisférica histórica, pero también geográfica, del trabajo de María”.
El título de la exposición tiene que ver con “la idea de la fuga como estas líneas que se tensan, se desbordan y muchas veces se quiebran”. Eso, en vista de que “luego se consideran los estereotipos de género, la identidad, de ser, como algo fijo, estático y esencialista”. Así, la fuga es vista “como una ruptura de estructuras, posicionamientos e ideas preconcebidas”, apuntó Ramos Mena.
Líneas de fuga se divide en tres núcleos temáticos, aunque la muestra carece de una “linealidad”, ya que los temas de la artista “vuelven a aparecer” en muchas ocasiones, pero de manera distinta, de acuerdo con los espacios geográficos que ha habitado, precisó Ramos Mena.
Pantimedias y zapatos/feminicidios y migración
En el primer apartado, Materialidades del cuerpo, la protagonista es la pantimedia. El empleo de la media de nailon por parte de Ezcurra se remonta a 2003 y su instalación Ni una más, para la que un conjunto de estas prendas cuelga de un aro metálico. La punta de cada una de las medias contiene un zapato de mujer. “La pieza nació por una preocupación general en México, a finales de los años 90 y principios del siglo XXI, cuando empezó a hacerse cada vez más evidente el problema de los feminicidios en Ciudad Juárez. Una situación que se trató de invisibilizar porque eran mujeres, algunas migrantes, morenas, de raíces indígenas, pobres, que trabajaban muchas veces en maquilas”, indicó la artista en un recorrido para la prensa.
Una fotografía publicada en La Jornada, en la que se veía un paisaje desértico con un zapato femenino solitario, que “ofrecía información sobre la persona que ya no estaba”, fue uno de los puntos de partida del proyecto. Para el montaje de Ni una más el MACG lanzó una convocatoria para la donación de zapatos. Se utilizaron 69.
Al llegar a Montreal, Ezcurra se sintió “menos vulnerable como mujer”, sin embargo, “expuesta de otra manera como inmigrante”. Fue cuando Tensión, instalación transitable hecha con pantimedias rojas y piedras que, de manera física y conceptual, conecta el cuerpo con el lugar que ocupa.
El segundo núcleo, Cartologías del desplazamiento, se relaciona con la historia de migración de Ezcurra. Desde el tragaluz del recinto se ha colgado la instalación Passing/Passant/Pasando que da la impresión de ser una parvada de aves que sobrevuela el espacio del museo, cuando en realidad son zapatos recortados que se refieren a la resiliencia y vulnerabilidad de las poblaciones migrantes.
La instalación se conecta con la pieza Migrantes neotropicales, compuesta de 154 dibujos realizados sobre cartones de diferentes tamaños, de aves específicamente de Quebec, desplegada sobre la pared del museo. “Cuando llegué a Montreal lo que más me sorprendió fue el silencio. Venía de la Ciudad de México. Amanecer sin el sonido de los pájaros es difícil, como que falta algo, porque el frío del invierno allá dura de cinco a seis meses. La mitad de las aves emigran hacia el sur”, precisó.
Ezcurra tardó seis años en realizar Migrantes neotropicales. En un trabajo conjunto con científicos, elaboró una lista de aves que después dibujó a tamaño natural. Empleó cartones reciclados porque son “materiales que viajan”. Cada pájaro lleva un pequeño punto que indica su estado de conservación, desde estable hasta en vías de extinción. En el contexto de la exposición se dará a conocer una guía infantil sobre el tema.
En el tercer apartado “se ironiza el ‘deber ser’ de la feminidad para desbordarlo”. En las fotografías de gran formato de Guardarropa del ama de casa perfecta, la figura de la artista se funde con el entorno doméstico, ya sea cortinas, manteles y sábanas, con el fin de evidenciar dinámicas de cuidado y servicio, históricamente asignadas a las mujeres. En el performance Mesera el vestido de la dama se confunde con el mantel de la mesa que carga.
Para una pieza relacionada con las “quinceañeras”, Ezcurra buscó en los tianguis de segunda mano vestidos que se hubieran utilizado en ese tipo de celebración, que insinúan un cuerpo que estuvo allí. Mientras en Canadá esos vestidos “nos hablan de personas que vienen de países latinoamericanos, en México representan la transición de la niña en mujer. En este contexto la artista borda en los vestidos nombres que hacen referencia a estas particularidades, por ejemplo, Soledad, Socorro y Paz, como un deber ser femenino”, señala Ramos Mena.
Actualmente, Ezcurra realiza un proyecto relacionado con la mariposa monarca.
María Ezcurra: Líneas de fuga estará abierta al público hasta el 9 de agosto en el Museo de Arte Carrilo Gil (avenida Revolución 1608, colonia San Ángel).











