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El Polyforum Siqueiros y el WTC, símbolos de la Nápoles
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▲ El Polyforum, en 1971, concebido como un diamante gigante cubierto por más de 8 mil metros cuadrados de pintura mural por dentro y por fuera, con Siqueiros y Echeverría durante su inauguración. Toma aérea de 1946, al fondo se ve la colonia Nápoles. Una de las pocas residencias californianas que quedan y negocios que se han adaptado a la nueva realidad urbana.Foto Tomadas de redes sociales y Roberto García Ortiz
 
Periódico La Jornada
Domingo 29 de marzo de 2026, p. 25

Desde sus inicios, la colonia Nápoles fue proyectada para ser de tipo habitacional modelo: llena de casas con jardines y escuelas; sin embargo, con la construcción del World Trade Center (WTC) y el posterior fenómeno de la gentrificación, su arraigo comunitario se perdió, pues los pequeños negocios fueron sustituidos por enormes edificios de departamentos y grandes cadenas comerciales.

Al igual que colonias cercanas, la Nápoles era un rancho fraccionado que se vendió en lotes. Con el tiempo, sus calles adquirieron nombres de estados de Estados Unidos, como Nebraska, Nueva York, Dakota o de la ciudad cuna de su independencia, Filadelfia, con el objetivo de hacer “más atractiva” la zona que fue pensada para la clase media, refieren vecinos.

En grandes terrenos se construyeron casas, principalmente de estilo colonial californiano, algunas de las cuales aún se pueden apreciar.

Una de ellas se encuentra en la calle Arkansas. Se trata de un inmueble de 400 metros cuadrados de principios del siglo pasado, en un terreno de 340 metros cuadrados. Cuenta con dos patios, seis recámaras y un área que antes era un biblioteca; se encuentra en venta por 27 millones de pesos. Según testimonios, en esa calle sólo quedan tres viviendas de ese tipo.

El Hotel de México

Como parte de la modernización de la colonia y de la Ciudad de México, en la década de los años 60 comenzó la construcción del Hotel de México, bajo la batuta del arquitecto Pedro Rosell de la Lama, pero el proyecto se replanteó para convertirlo en un centro internacional de negocios; así nació el World Trade Center, que alberga oficinas, centro de convenciones, exposiciones y un restaurante giratorio desde donde se aprecia toda la capital.

Junto destaca el Polyforum Siqueiros, que si bien fue parte del WTC hoy es un centro cultural independiente que alberga la obra La Marcha de la Humanidad, de David Alfaro Siqueiros, considerado el mural más grande del mundo, cuya intención es mostrar la evolución de la humanidad desde el pasado hasta el presente con una visión futurista, según autoridades capitalinas.

Carlos de la O, vecino de la Nápoles, recuerda que había demasiadas casas, pero las grandes empresas inmobiliarias las adquirieron y en su lugar construyeron edificios de departamentos.

“Desafortunadamente con el paso del tiempo, que empezaron a hacer edificios, muchos de mis amigos tuvieron que mudarse a lugares más asequibles porque empezaron los flujos inmobiliarios.

“En toda mi calle, Indiana, eran casas, pero ahora quedan tres o cuatro que han decidido no vender. Entre esas vivió la mamá de Chabelo. Actualmente se siguen construyendo más y más edificios y se venden a precios estratosféricos; por ejemplo, están en 5 o 6 millones de pesos por 50 metros cuadrados. Y las rentas van desde 20 mil hasta 30 mil pesos”.

A unas calle del parque Alfonso Esparza Oteo, donde los jueves se instala un tianguis de comida, se encuentra el Bazar Deayer, un pequeño local de antigüedades en el que trabaja Andrea Flores. La joven relata que hace un año convivían con una cerrajería y una pollería, cuyos dueños vendieron y ahora se construye un edificio de departamentos.

“Se está viendo mucho la transformación del barrio, pero a la vez uno se adapta, y nos vamos encontrando las personas que buscamos cosas de este tipo”, refirió al mostrar los artículos que venden, desde un libro editado en 1950 sobre la historia de Van Gogh, piezas de cerámica, ilustraciones y planchas antiguas que se usaban con carbón caliente.

Otro de los pocos negocios de barrio que sobreviven es la heladería Chiandoni, que si bien surgió en la colonia Roma se mudó a la Nápoles, con lo que ya suma más de 80 años de existencia. Se trata de un local que mantiene su decoración de los años 50 y que fue inaugurada por un migrante italiano, quien heredó el negocio a la familia Montaño, cuyos integrantes se esfuerzan diariamente por mantener en buenas condiciones el mobiliario, pero también por ofrecer helados, nieves, café y pasteles de calidad a sus visitantes.

La colonia Nápoles tiene su propia estación de Metrobús y está delimitada por la avenida Insurgentes, la calle Georgia y el viaducto Río Becerra.