Opinión
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Por qué apoyar a Cuba
L

a comentocracia huérfana de los gobiernos neoliberales arrecia sus ataques por la solidaridad que han mostrado el gobierno y la mayor parte de la sociedad hacia Cuba, en momentos en que la población de la isla se encuentra sometida a un bloqueo petrolero que se suma al bloqueo comercial general mantenido por Washington desde los primeros años 60 del siglo pasado. Esta campaña tiene varios ejes de calumnia. El primero, elaborado en los rancios círculos anticastristas de Miami y adoptado por opinioneros y medios mexicanos, consiste en que la ayuda mexicana contribuye a apuntalar a un Estado comunista fallido, asesino, represor, dictatorial, inepto y corrupto –la lista de adjetivos es interminable– y ello sería prueba de una hermandad ideológica entre los gobiernos de México y La Habana.

En este caso, la descalificación condenatoria del sistema político cubano brinca alegremente por encima del principio de autodeterminación, consagrado no sólo en los artículos 1 y 55 de la Carta de las Naciones Unidas de 1945 (https://is.gd/wSq1Oo), sino también en el 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la cual, por añadidura, reconoce los tratados internacionales (caso del documento fundacional de la ONU) como fuente de derecho. Así pues, al margen de las opiniones individuales o de grupo sobre la naturaleza del sistema político cubano, el Estado mexicano está obligado por partida doble a acatar el principio de libre determinación y a promover el de no intervención, el cual es violentado en forma flagrante y confesa por Estados Unidos al pretender que la población cubana llegue a tal grado de privación y desesperación que se levante en contra de su gobierno.

Por otra parte, la historia compartida que vincula a Cuba y a México y que arranca con las expediciones españolas que zarparon desde esa isla a principios del siglo XVI con destino a nuestro territorio, la más trascendente de las cuales fue la que encabezó Hernán Cortés. Tras la violenta destrucción de y avasallamiento de las sociedades mesoamericanas y la implantación del régimen colonial, se conformó la Capitanía General de Santo Domingo, que incluía a Cuba, y que pasó a depender en muchos órdenes de la Nueva España, es decir, dos siglos antes de que Estados Unidos empezara su existencia. Esa pertenencia prosiguió sin solución de continuidad cuando, a mediados del XVIII, la isla fue erigida como capitanía general por derecho propio. La presencia cubana como parte de México era tan obvia que entre 1820 y 1827 los insurgentes mexicanos hicieron diversos planes para liberar a Cuba del dominio español, uno de ellos, urdido en conjunto con Colombia (https://is.gd/wTub8A). Aunque la isla caribeña siguió sometida casi un siglo más a la corona española, no cesaron los vínculos de toda clase con México; y antes y después de la independencia cubana, nuestro país fue retaguardia de los intentos por liberarla de las dominaciones coloniales y neocoloniales, desde Martí hasta Fidel; en contraparte, Benito Juárez vivió desterrado en La Habana entre 1853 y 1854 y la isla fue de los primeros países en reconocer al gobierno de Venustiano Carranza (https://is.gd/rTjx1K). Por lo demás, esa hermandad histórica se ha mantenido a lo largo de siglos, independientemente de las ideologías y formas de gobierno de ambos países.

Por último, la empatía, la fraternidad y el sentido de humanidad obligan a ayudar al prójimo que atraviesa por dificultades, y las de las y los cubanos no son menores. En la isla caribeña hay, literalmente, gente que está muriendo debido a la saña trumpiana (https://is.gd/SbxxBx) y sería profundamente cruel e inmoral permanecer impasibles ante esa situación. Aquí tampoco puede alegarse diferencias ideológicas con el gobierno cubano para denostar la asistencia solidaria. Ante terremotos, huracanes e incendios, México ha acudido en ayuda de numerosas poblaciones, como ha sido el caso de Turquía (https://is.gd/9xUyWf) y, varias veces (https://is.gd/m4oreM, https://is.gd/xSL6tA), el propio Estados Unidos, sin reparar en el signo político de los gobernantes correspondientes.

Así pues, el torpedeo mediático en contra de la asistencia a Cuba en la circunstancia presente es contrario a la legalidad nacional e internacional, a una historia de lazos entrañables entre ambos pueblos y a principios humanitarios irrenunciables; no podrá detener el esfuerzo por colaborar con los cubanos en la superación del momento actual, pero evidencia la profunda mezquindad, el odio y la crueldad que anidan en quienes sostienen esa campaña.