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Astrofísico mexicano estudia reliquias siderales para entender el universo

José Eduardo Méndez-Delgado, de la UNAM, fue galardonado con el Premio Princesa de Girona en Investigación

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▲ El astrofísico mexicano José Eduardo Méndez-Delgado fue reconocido con uno de los premios más prestigiosos para jóvenes talentos de menos de 35 años.Foto cortesía del científico
Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 27 de marzo de 2026, p. 6

Madrid. A sus 31 años, José Eduardo Méndez-Delgado es uno de los astrofísicos más deslumbrantes de la comunidad científica internacional. Su origen familiar, en el seno de una familia humilde –su papá, obrero, y su mamá, ama de casa– de Morelia, Michoacán, no le impidió dedicarse a investigar las nebulosas, las estrellas, el movimiento armónico del universo. Y gracias en gran medida al sistema público de enseñanza y a su alma mater fundamental, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Por sus investigaciones, este joven astrofísico mexicano fue reconocido con el Premio Princesa de Girona Internacional en Investigación, uno de los galardones más prestigiosos para jóvenes talentos de menos de 35 años. Después de estudiar una maestría y un doctorado en La Laguna, en las Islas Canarias, donde se encuentra instalado uno de los telescopios más potentes del mundo, y de investigar para la universidad alemana de Heildelberg, Méndez-Delgado decidió volver a la UNAM, en cuyo Instituto de Astronomía trabaja.

Composición química del universo

En entrevista con La Jornada, el científico mexicano explicó algunos de los hallazgos más importantes de sus investigaciones, que hurgan en el origen de la vida a través de la composición química de las estrellas.

–¿Qué significa este premio para su carrera?

–Es un honor recibirlo, pero sobre todo es un impulso porque me motiva mucho saber de la importancia que tiene en la sociedad la ciencia básica. Es decir, que la gente está interesada y no es ajena a lo que hacemos.

–¿En qué consisten sus investigaciones sobre las propiedades químicas de la galaxia?

–Estamos buscando entender la composición química del universo para poder comprender su formación y su evolución. Una de las preguntas más importantes que nos hemos planteado es cómo ha sido el pasado del universo y su evolución y para ello utilizamos a la química por la sencilla razón de que durante el big bang sólo se formaron los elementos más ligeros; el hidrógeno, el nitrógeno y un poquito de litio. Todos los demás elementos se formaron después a través de la vida y la muerte de las estrellas.

“Entonces, cuando medimos una cantidad se oxígeno o nitrógeno en un ambiente galáctico sabemos que hubo al menos una generación de estrellas que nació y murió ahí. A través de este entendimiento de la composición química nosotros reconstruimos el pasado. Y para entender ese pasado hay que hacer bien esas reconstrucciones de la evolución y de las galaxias a partir de su huella química. Con base en eso publicamos un artículo sobre la discrepancia de abundancias en la revista Nature, en el que mostramos evidencia observacional que podría explicar un enigma de más de 80 años que consiste esencialmente en que dos medidas de la abundancia de los materiales pesados que deberían coincidir no coinciden. Y que esto es problemático porque plantea dudas sobre cómo evolucionó parte del universo y queremos saber cuál es la correcta.”

–¿Qué información les han dado hasta ahora esas propiedades químicas de la galaxia para entender la historia del universo?

–Cuando uno estudia el oxígeno, uno sabe cuántas estrellas muy masivas han nacido y han muerto en ese lugar del universo porque este elemento se produce precisamente tras la muerte de este tipo de cuerpos celestes. Mientras otros elementos, como el nitrógeno, tienen diferentes mecanismos de producción, uno de ellos en los astros de masa más baja y que viven más. Entonces, cuando medimos el cociente de la abundancia del nitrógeno sobre el oxígeno sabemos la proporción de generación de estrellas de masa baja sobre las de masa mayor que han vivido y muerto en un lugar específico del universo.

“En resumen, la abundancia química está directamente relacionada con la formación de las estrellas, lo cual es esencialmente lo que están haciendo las galaxias la mayor parte de su vida; las estrellas nacen, luego se mueren, proyectan su composición química interestelar y de ese gas vuelve a nacer una nueva generación con una nueva composición química que tras su muerte vuelve a contaminar el medio interestelar con más elementos químicos. Estas abundancias químicas son como reliquias arqueológicas que se van conectando y que nos permiten entender cómo era el pasado.”

–En la vastedad del universo y con tantas galaxias, ¿hay una investigación concreta sobre nuestra Vía Láctea?

–Sí, de hecho uno de los proyectos más importantes en los que participo es sobre el estudio de nuestra Vía Láctea, que estamos haciendo a través de un consorcio de investigadores de las universidades más importantes. Y que estamos atacando a través de un telescopio que nos da información tridimensional de la Vía Láctea y que nos da información sobre los diferentes componentes y su desarrollo a mayor escala para obtener datos y resultados científicos que nos permitan resolver algunos de los enigmas que están presentes en la ciencia. Hemos encontrado cosas muy interesantes, como que la abundancia de elementos pesados que hay en el centro de nuestra galaxia es bastante mayor a la que hay en sus zonas periféricas. Esto nos dice que la formación de nuestra propia Vía Láctea fue de adentro hacia afuera.

–¿Con base en eso han logrado entender el movimiento del universo, su aparente armonía?

–Sí, porque la galaxia va rotando y con ella todos los componentes que hay ahí: gas, estrellas, etcétera. De hecho, uno de los objetivos que tenemos es refinar este mapa cinemático para entender la interacción que hay en nuestra propia galaxia con la materia oscura que le rodea. Y hemos visto que todo está armoniosamente ligado con las leyes de la física, pero también que hay fenómenos que todavía no entendemos.

–Y en términos metafísicos, ¿hasta dónde se puede aspirar a llegar para conocer la historia del universo, de nuestro propio origen?

–Desde luego que todo esto tiene significaciones filosóficas importantes. Al final de cuentas el calcio de nuestros huesos, el oxígeno que respiramos o el carbono de nuestro cuerpo fueron elementos químicos que se formaron en algún momento en la muerte o en la vida de alguna de las estrellas que existieron en nuestra galaxia. Estamos trazando el origen de nuestro propio origen porque no existe una barrera que separa al universo de nosotros como humanidad. Entender la química en sus diferentes contextos nos permite entender muchos fenómenos, incluido el de la búsqueda de vida.

–¿Qué importancia ha tenido la UNAM y el sistema público de educación mexicano en su trayectoria científica?

–Me formé en escuelas públicas y es en la UNAM donde encontré la pasión por la astronomía, cuando descubrí que podía estudiar a las nebulosas, que son objetos bellísimos, con sus colores, sus diferentes componentes de gas y sus nubes de polvo. Y a partir de ahí recibí una magnífica formación en astronomía, en particular del doctor Manuel Peimbert, que me enseñó mucho de lo que él sabe del universo. Y después de investigar y trabajar en España y Alemania decidí volver a México por un compromiso que creo que debemos tener los mexicanos con la sociedad que nos formó y tratar que nuestros aprendizajes y conocimientos tengan un impacto en la sociedad.