Jueves 26 de marzo de 2026, p. 18
Las presiones fiscales en México aumentarán debido a la intervención del gobierno federal para amortiguar el alza de los precios de los combustibles, debido a su dependencia de productos refinados y gas natural importados, por lo que el país enfrentará efectos negativos derivados del alza del petróleo, advirtió un estudio del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés).
Los efectos fiscales para el país son mixtos. Un aumento de 10 dólares por barril en los precios del petróleo incrementa los ingresos por exportaciones de crudo y los ingresos de Petróleos Mexicanos (Pemex) en aproximadamente 0.5 puntos porcentuales del PIB. El precio de la mezcla mexicana cerró ayer en 90.10 dólares y en menos de un mes ha subido 50 por ciento, mientras el WTI cerró en 90.32 dólares y ha subido 36.13 por ciento durante la guerra.
Sin embargo, estas ganancias suelen verse contrarrestadas por medidas políticas destinadas a limitar la transmisión de la inflación, incluidas ajustes al impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS).
“México se ha expuesto estructuralmente al alza de los precios del petróleo como importador neto de energía, con efectos negativos en el crecimiento, inflación y política fiscal. En consecuencia, es probable que la actual crisis energética amplíe la diferenciación macroeconómica y de precios de los activos en la región, en lugar de generar un auge común de las materias primas”.
El aumento de los precios del petróleo en México afecta la actividad, principalmente por el incremento de los costos de combustible y electricidad, lo que erosiona el poder adquisitivo de los hogares y eleva los costos de los insumos para la manufactura y los servicios, lo que agrega riesgos de menor crecimiento en un entorno de debilidad.
“A pesar de seguir siendo exportador de crudo (México), su creciente dependencia de productos refinados y gas natural importados lo ha convertido en un importador neto estructural de energía. En consecuencia, la actual crisis petrolera –que ocurre en medio de crecientes tensiones geopolíticas y condiciones financieras globales restrictivas– acentuará la divergencia entre las mayores economías de la región en lugar de generar el beneficio generalizado por materias primas que suele asociarse con América Latina.”
En el estudio “Aumento de los precios del petróleo: divergencia en los tres principales países latinoamericanos”, el IIF explica que ese incremento ha sido considerado tradicionalmente un factor favorable para América Latina, dado el perfil de la región, concentrada en las materias primas. Sin embargo, esta narrativa se ha vuelto cada vez más engañosa.
En la última década, el panorama energético de la región ha cambiado sustancialmente, pues se ha alterado la forma en que sus mayores economías responden a las crisis petroleras. Por ejemplo, Brasil y Argentina han resurgido como exportadores netos de energía, beneficiándose de mayores ingresos por exportaciones y una mejora en sus balanzas externas cuando suben los precios. México, por el contrario, ha tomado el camino opuesto, al convertirse en un importador neto estructural de energía.












