El legado musical de Willie Colón
lo largo de su rápido ascenso y permanencia en la cima, Willie Colón disfrutó de la compañía y sociedad de un pequeño círculo de amigos creadores que procedían del mismo barrio o de sectores similares, y que al igual que él estaban locos por la música: Ernie Agosto (trompeta), Nicky Marrero (timbal), Milton Cardona (tumbadoras), José Mangual, Jr (bongó), Marcolino Dimond (piano) y Héctor Lavoe (voz), por supuesto, que al igual que Yomo Toro (cuatro) eran personas muy especiales.
Prácticamente, con este personal y otros allegados como Marty Sheller en los arreglos y el ingeniero de grabación Jon Fausty, realizó sus primeros álbumes. La presencia de Héctor como vocalista fue determinante. “Esa cosa de jíbaro que tenía y que la gente llamaba Hickman, pensé que era realmente la onda”.
Una década después de su primer álbum, Willie Colón se mantenía fuerte en la salsa, en medio de la embestida de la música disco. Un fenómeno que ocurría después de la casi desaparición del bugalú y que, como éste, reflejaba lo mismo: la rebeldía generacional de los jóvenes latinos que al grito de “¡fiesta!” trataban de disociarse de la cultura familiar.
Ya, desde finales de los años sesenta, estos hijos de puertorriqueños, cubanos y dominicanos, se sentían atrapados entre dos mundos: por un lado, la música tradicional que escuchaban en casa, y del otro, por un sonido estadunidense que se sentía más rápido, más moderno y más amplificado que el material acústico y parsimonioso con el que crecieron.
Willie entendió inmediatamente el nuevo fenómeno musical. Estudioso de su sociedad, sabía que cada 10 o 15 años una nueva generación de neoyorquinos latinos llegaba a la adolescencia y eran coptados por la tecnología de la comunicación instantánea, y actuó en consecuencia. Aunque nunca se enfocó directamente en la música disco, si exploró fusiones y colaboraciones importantes.
Algunos de sus trabajos destacados de esa época incluyen: El baquiné de angelitos negros (77), donde muestra un sonido innovador y experimental para el que amplió su orquesta con saxos, flautas, trompetas y violines. Siembra (78), con Rubén Blades, considerado uno de los mejores álbumes de salsa de todos los tiempos, alertó lo que venía con temas como Pedro Navaja y Plástico, de Rubén Blades, en el que mostraban la criminalidad circundante y criticaban la superficialidd y la alienación cultural.
Solo (79), su debut como solista, presenta un sonido mezcla de ritmos caribeños con elementos de jazz, rock y arreglos elegantes de cuerdas, como el que se escucha en Chinacubana. Fantasmas (81), un álbum en el que muestra su habilidad para fusionar géneros como la samba, bossa nova, merengue dominicano y ofrecer memorables interpretaciones a Oh, ¿Qué será, de Chico Buarque y Amor verdadero del guayanés Eddy Grant.
Corazón Guerrero (82), es una dimensión totalmente nueva en el desarrollo de Willie. Esto se debe a la combinación distintiva de los ritmos que aparecen en las varias selecciones el cual se nutre de una variedad de corrientes melódicas y armónicas que van desde los estilismos brasileños hasta la inclusión de guitarras eléctricas distorsionadas y efectos sonoros con ribetes de modernidad como lo demuestra Marty Sheler en su arreglo a la composición del propio Colón Suéltale el rabo al dragón y la reconstruida versión de ¿Qué pasará mañana? ( Will You Still Love Me Tomorrow?) de Carol King; así como las finas composiciones de los franceses Dabaudie y Girauds, El hijo y el papá; Dormido ¡No! de Jacques Brel, junto con la lenta y dulce balada de Chico Buarque, Amor barato, montada a tiempo de merengue donde el coro femenino a cargo de Blanca Goodfriend y Graciela Carriqui suaviza los contornos.
Un giro interesante es el que da en su álbum Top Secrets (89), cuando emplea a un conjunto especial de nueve elementos en la búsqueda de un sonido diferente con texturas armónicas-melódicas de sintetizadores. “Busqué jóvenes con raíces hispanas, pero que tocaran otros géneros, como funk, rock y jazz. Los únicos salseros que tenía eran los de la sección rítmica”, me comentó en entrevista.
Así, en temas como la balada Junto a ti, el reggae-cumbia Asia, la bomba Marta y el sonecito Cuando fuiste mujer, entre otras canciones, se escucha una sonoridad atenuada por efecto de las cuerdas electrónicas. Algo curioso, ya que Colón en sus anteriores grabaciones privilegiaba el sonido robusto y agresivo de los trombones.
“Usé un sintetizador por primera vez en 1976. Fue cuando salieron esos primeros Moog que parecían un panel de control y hacían unos pequeños sonidos, como un Casio. Luego, cuando instalé un pequeño estudio de electrónica en casa, seguí trabajando con texturas sintéticas”, señaló.












