Opinión
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Isocronías

Recuerdo de Enrique

S

e dijo que alentados por José Guadalupe Zuno, de cuya renuncia a la gubernatura de Jalisco se cumplen cien años a la fecha en que esto escribo, Los Vikingos pasarían de banda cuasi delincuencial a conformar el Frente Estudiantil Revolucionario (FER), opuesto a la establecida Federación de Estudiantes de Guadalajara. Zuno, que descansa en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, tuvo una muy notoria trayectoria política, académica, intelectual y artística.

Antes de constituirse como FER, que tras la bochornosa respuesta del alumnado burócrata al 68 atrajo bastantes simpatías, la banda tenía su propio himno, parodia de otro religioso que se entonaba en las procesiones de la Zapopana; lo parodiado es texto católico sobre la melodía del himno español: “Que viva la güeva / que es nuestra protectora / nuestra defensora / no hay nada que temer / Somos vikingos / y somos bien jeringos / Muera el clero / Viva San Andrés”. Como sucede con alguna pícara copla en La (arreolana) Feria, la oí cantada por pequeños grupos en esquinas, parques y jardines. A veces remataban: “Viva Lucifer”.

Del desmadre, la disfrutada y presumida intensidad, del apasionado y un tanto absurdo arriesgue juvenil Los Vikingos pasaron a concientizarse y concientizar. El Tenebras entiendo venía de ese grupo y nos hicimos, pienso, amigos. Debo haberlo manifestado en familia, pues para que la impresión fuese menor en el intersticio de dos ladrillos guardaron buen tiempo el recorte en que se relataba su muerte.

He corregido mucho lo siguiente y aún incluye un error: no cumplía Enrique 24 sino 25 el día que, en un enfrentamiento, murió:

“Me lo dice tu hija, / cercana a los treinta años, / caído tú a los veinticuatro: / guarda tu madre tu corazón / en un frasco de Nescafé, / y que le dicen, desde cuándo le dicen, / ya entiérrelo / y ella / no / y no. / Ese tu corazón es como el tiempo / que dejamos pasar inútilmente / y no dejamos, no queremos dejar / –puede que no se pueda– / que se vaya”. La entraña, por lo demás, ya fue enterrada.

Un tema de Augusto de Campos me inspiró un falso poema concreto (es lírico). Al escribirlo, al leerlo, De Campos y la poesía concreta en mi involuntaria imaginación importaron, importan menos que el recuerdo de Enrique Guillermo: “una vez / una brisa / una vida / una vez // una bala / una vez / una vida / una brisa // una brisa / una vez / una vida // una bala // una vez”.