Opinión
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Derecha: inconsistente necedad
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umergido en un desafiante talante de poderoso omnipotente, D. Trump, se lanzó a una torpe y abusiva guerra. Días después de empezarla, ahora no sabe, aunque le urge, cómo terminarla. Menos aún cómo y cuándo declarar un elusivo y dudoso triunfo. Pero, mientras tal necedad ocurre, el mundo entero está sufriendo las consecuencias, ahí donde mucho duele: el bolsillo. Pocos son los que escaparán a tales consecuencias. Los muchos quedarán prendidos del precio que alcance la energía en las distintas regiones del globo.

Algunos podrán paliar la carestía que sobrevendrá. Otros, sin remedio alguno, se embarcarán en corajes por sentirse cautivos. Ciertamente millones no tendrán consuelo y menos los remedios. Y todo porque un par de presuntuosos, con ansias de notoriedad irrefrenable, se pusieron de acuerdo para atacar a quienes no debieron agredir, el pueblo y gobierno iraní.

Y así empezó esta batahola que no tiene razonable desarrollo, menos justicia y, sí, enormes costos en bienes, indignidades y vidas.

Aunque para los israelitas constituya un momento adicional de su imaginado mito de pueblo escogido. Ellos, ahora, le han agregado el deber de dominar el Medio Oriente al precio que sea. Impulso ante el cual Israel ya lleva una enorme cuenta de inaudita e irrefrenable crueldad. Pero sus mayorías siguen apoyando, hasta con lujo de reciedumbre, la ferocidad y ceguera de quienes han señalado que esa tierra prometida la tienen a la vista. Y toda, en un día ya próximo, será entregada para su regocijo. No tendrán, aseguran, ningún contrapeso que les evite adueñarse de toda Palestina y ser los temidos, aunque odiados, braveros de los alrededores.

Es, en verdad, inaudito, oír a un presidente de Estados Unidos decir que puede bombardear una isla de Irán sólo para distraerse. Así lo dijo frente a su base de cristianos sionistas que, con sus mustias plegarias, lo apoyan. Idiota frase que, sin embargo, la puedan oír sin pestañear, menos aún votar en contra.

Debe haber aunque sea una pizca de recato y decencia entre todos los demás ciudadanos de ese gran país. Y, afortunadamente los hay. Una creciente oposición a Trump y a su autoritaria élite que lo rodea ha solidificado sus ideas de acción.

Aquí, en México, entre los derechosos no se han oído las contrariedades que seguramente ha causado tan extrema desvergüenza. Quizá porque ya no se extrañen de sus espavientos y desplantes irredimibles.

Una triste cosa destaca entre toda esta barahúnda de dislates temperamentales del magnate: su completa ausencia de empatía. Un tramposo que no se cansa de hacer negocios a la vera de su cargo, justamente con la ayuda de los jeques de ese escandaloso y temeroso vecindario de petroleros.

La derecha mexicana, por mientras, no se ha dado por enterada ni de la agresión a Irán y, menos todavía, de lo que le han causado a ese país. La crítica de los desvaríos trumpianos no es lo suyo, y tratándose de un admirado correligionario, menos aún. Siguen esperanzados a que vendrá a rescatarlos del autoritario gobierno que los tiene acosados.

Es por ello que sus celosas miras continúan puestas en el quehacer cotidiano de una Presidenta que se les escapa sin que puedan evitarlo.

Aquí, en estos corrales mexicanos, divisan tantas contrariedades, errores, peligros, inconsistencias y maltratos que, en ellos, agotan sus escasas energías. Pronosticar plagas y hecatombes cotidianas es su pasión. Son capaces de leer un panfleto u hojear un libro por semana para extraer alguna, aunque sea vaga comparación con la trágica realidad que aquí otean y dicen vivir.

El señor Luis Rubio ( Reforma, 15/03/2026) es un experimentado ejemplo de estas ajustadas analogías. Las hace sin pena ni salvedad que pueda usarse en sus fantásticos hallazgos mexicanos. Su compañero de sección editorial dominguera se auxilia de los datos adquiridos cuando “lo invitaron” como consejero en Pemex.

Decreta así, la inexorable perdición de la petrolera ante cada paso dado para rescatarla del daño causado por su ayuda ahí prestada.

Así transcurre la vida interna de la derecha mexicana. Casi todos sus días son repeticiones del anterior.

Pero ningún asunto se compara con la biliosa segregación causada entre sus adalides, medios y opinócratas, por el inhumano ataque a Cuba.

Repiten una y otra vez que la tragedia de este pueblo bullanguero se debe al tipo de gobierno que se han dado. Atribuyen, con saña injertada en cada palabra, que han sido, esos tiranos, con sus errores y alevosos dictados, los causantes de la presente postración que sufren. Nada dicen del bloqueo de medio siglo que les impone Estados Unidos. No recuerdan el bienestar alcanzado cuando trabajaron en paz. Trump ha llegado, no sin torvas amenazas, hasta evitar la entrega de una sola gota de petróleo crudo.

Sabe perfectamente el terrible daño que causa la ausencia de tan vital energético. Sólo para vanagloriarse de ser quién habrá de “ tomar la isla”. Ni aun ante tamaña estupidez la derecha lo contraría.