Opinión
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Irán y las buenas conciencias de Occidente
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no. Pasé el fin de semana ordenando la biblioteca, y, en los momentos de receso, me entretuve con Instagram para actualizar las recientes conspiraciones de judíos, comunistas, islamistas, jesuitas, obradoristas, norcoreanos, trumpistas, ambientalistas, pedófilos, masones, fidelistas, claudistas, chavistas, ayatollahs, lulistas, feministas, petristas, populistas, progresistas wokes, liberales, pedrosanchistas, narcodictadores, kirch-neristas, intelectuales “éticos”, putinistas, chinoístas, militantes de Hamas y Hezbollah, periodistas chayoteros, y terroristas a la carta.

Dos. A más de un video divertidísimo que, con recursos de IA (científica y tecnológicamente programados), aparece Netanyahu con seis dedos en una mano, siete u ocho en la otra, y amenazando con arrasar “al-régimen-de-Irán” en caso de continuar la firme determinación de su pueblo para perturbar el sueño de los justos y las buenas-conciencias-de-Occidente. Y, a propósito, ¿dónde está Benjamin Netanyahu?

Tres. Luego, regresando a la tediosa tarea, me puse a ordenar títulos de literatura política fantástica, que ignoro pa’ qué carajos los conservo. Pero bueno… en la extrema derecha: Derrota Mundial, del judeófobo mexicano Salvador Borrego (México, 1953), y Por una democracia sin adjetivos, del apátrida judeovictimista Enrique Krauze (México, 1984).

Cuatro. El primer texto (700 páginas), incluye un breve prólogo celebratorio del admirable José Vasconcelos (quién sabe a causa de qué lo escribió). Y el segundo, consagró a su autor como tergiversador de la historia nacional, ideólogo del saqueo neoliberal durante seis sexenios, chayotero de cinco estrellas, “reserva moral de la nación”, jefe de un grupo de achichinques cuya tarea es golpear a sus críticos, y que nunca da la cara, a no ser que se lo pida la revista ¡Hola!, o entrevistadores de su nómina.

Cinco. En la extrema izquierda: Historia del Partido Comunista de la URSS (PCUS, Moscú, 1939). Texto de 500 páginas sin una mención a los nazis que en Alemania gobernaban desde 1933. Omisión que los adictos a la “batalla de ideas” prefieren evitar, para-no-dar-pretextos-a-las-derechas. Y más o menos en el centro: la Declaración de los Derechos de Virginia (1776), del puritano abolicionista George Mason, dueño de un chingo de esclavos los cuales legó a sus hijos para que no padecieran hambre. Aunque de puño y letra haya escrito en el histórico texto: “Por naturaleza, los hombres nacen igualmente libres e independientes”. A poco. Una frase que Donald, el magnífico, hubiera calificado de “maravillosa”, al tiempo de ordenar la prisión de su autor por ser nieto de inmigrantes.

Seis. ¿Comedimientos de las “buenas conciencias de Occidente”, que llevan mil 500 años confiscando lo universal y, a partir de ahí, creen tener autoridad para situar y juzgar a todos los demás en función de su propia historia, sus fines y sus valores? ¡Uy! Olvidaba… ¿Alguien sabe dónde está Netanyahu? (digo, el que tenía cinco dedos en cada mano).

Siete. Las grandes ideas y bellas causas (elija sus favoritas) fueron pensadas para combatir la ignorancia y cultivar el conocimiento, lidiando, desde los Vedas, Adán y Homero, contra creencias supremacistas (elija sus favoritas). Ojo: apunté “creencias”, y no “credos”. V.gr.: las de judíos, cristianos e islámicos que, inspirados en el principio de “No matarás” ordenado por el patriarca Abraham a un gran caudillo egipcio de ascendencia hebrea, lo violaron sistemáticamente con sofismas que ni el erudito y rusófobo alemán Jürgen Habermas, entendería.

Ocho. En un artículo reciente publicado por el académico argentino Sergio Eissa, leemos: “A criterio de Kissinger (N de la R. Henry… el sionista genocida ex secretario de Estado que arrasó con Vietnam), Persia fue el punto de partida o bien el blanco eventual de casi todos los grandes conquistadores del continente euroasiático (…) Como China, en circunstancias grosso modo comparables, Persia conservó su distintivo de identidad, mantuvo la confianza en su superioridad cultural, y conservó su independencia en su visión del mundo” (H. Kissinger, Orden Mundial. Reflexiones sobre el carácter de los países y el curso de la historia. Barcelona, Debate, 2024, pp.15, 157, 240).

Nueve. Añade Eissa: Muchos conquistaron Persia, pero su cultura los conquistó a ellos. Y aclara que si bien Estados Unidos y Gran Bretaña derrocaron al democráticamente elegido primer ministro Mohammad Mosaddegh, el 19 de agosto de 1953, porque Irán había nacionalizado el petróleo (…), Kissinger elogiaba el orden que se estableció en Europa después de la paz de Westfalia (1648), donde se controlaban mutuamente a través del equilibrio de poder, sin establecer “ninguna verdad o regla universal” (“Mambrú se fue a la guerra, Mesianismo y desinformación”, portal El Cohete a la Luna, 15/3/26).

Diez. Bien dicho. Pero olvidó decir que todo eso acabó con la creación de la entidad neocolonial, terrorista y genocida llamada Israel, el 14 de mayo de 1948. Por último: ¿Alguien sabe dónde está Netanhyahu?