Sheinbaum, peligro para la corrupción // Plan B y los buenos oficios de la secretaria de Gobernación // Acotadas, ambiciones dentro de Morena
laudia Sheinbaum, la presidenta, está convertida en un peligro para la corrupción, para la injusticia que campeó, lo niegue quien lo niegue, durante más de tres décadas en el país.
Ahora va, con el plan B de reformas al sistema político electoral, por algo que parecía casi imposible lograr: retornar al ciudadano el poder del voto. Aunque ya se explicará a fondo, las idea es que aquel funcionario que le falle a la gente deje el cargo, reprobado por sus electores.
El asunto va para adelante, pese a todo, y gracias al trabajo incansable de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, que una y otra vez lidió no nada más con los aliados, que tuvieron sus razones para dudar, por salud política, de la propuesta, sino con las ambiciones de los de dentro que buscaron condicionar a la PresidentA.
Pero el asunto también debe haber sido de utilidad para poner en claro quién sirve a quién, por más que esa verdad esté muy sabida por las mayorías. Ricardo Monreal, cada vez más lejos de Morena y cada día más cerca de Movimiento Ciudadano, tiene entendido que su trabajo ya no está en la defensa de los intereses que propone la 4T, sino en ganar adeptos dentro del organismo que puede impulsarlo para conseguir una candidatura a algo que ha sido su sueño desde hace muy buen tiempo: la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
Ese puede ser un ejemplo de los más claros, pero no es el único, hay muchos otros que pesan en el desarrollo de Morena y que no parecen tener una definición a favor de las ideas que se expresan desde el Zócalo.
La votación que se dio durante la sesión en la que se propuso el cambio constitucional a ciertas leyes y que eran parte del respaldo a la propia 4T como idea política, deberán tener una consecuencia, no porque no se pueda ejercer con libertad el derecho a disentir, sino porque los partidos políticos y sus militantes tendrían que actuar a partir de una idea consensuada de su quehacer.
Si el interés del militante no va de acuerdo con quien o quienes llevan la responsabilidad de ejercer la idea, en este caso de la 4T, deberían responder a los órganos internos de sus partidos para ubicarse en el lado que a sus ideas corresponda, dentro o fuera del partido.
Pero en fin, el caso es que ahora ya se tiene el número de votos necesarios para adecuar el trabajo de los políticos en todos los rincones del país para romper con la falsa, pero preponderante idea, de que la política es una parte del mercado que permite el ascenso social y no una forma de servir para hacer mejor la convivencia entre los ciudadanos.
Total, debemos tener en claro que la transformación del hecho político en un teatro país apenas empieza, pero no debe detenerse, aún hay mucho qué hacer. Lo expresado en la primera propuesta de la PresidentA es una demanda expresada en todo el país y contabilizada por las empresas que miden opiniones a favor de la transformación. ¡Qué bueno que se les empieza a escuchar! Ya era hora.
De pasadita
Nada mal estaría que ya que andan revisando lo que ganan los legisladores locales se hiciera una auditoría en el Congreso local, porque por ahí danzan millones y millones de pesos que, según se dice, se van directos a los bolsillos de los diputados, que claro que reciben beneficios económicos mucho mayores que los que se otorgan a la PresidentA.
Xóchitl Bravo, quien lleva las riendas del organismo, sabe cómo están las cosas, y aunque dé las justificaciones que mejor le parezcan, lo justo sería que permita que se haga una auditoría externa que dé santo y seña de lo que se gasta en el Congreso. Nada más.












