uién se enamoró en la secundaria? ¿Quién se casó en una kermés? ¿Quién conserva amigos o amigas de aquella época? ¿Recuerdan a una maestra o a un maestro que les haya cambiado la vida? ¿Qué experiencias les marcaron en su paso por la secu?
Inicié con estas preguntas en un evento donde conmemoramos los 100 años de la escuela secundaria, y ahora las traigo a colación porque nos recuerdan que una escuela no se define sólo por sus instalaciones o mobiliario, sino por las relaciones pedagógicas que se construyen en ellas, por el encuentro entre docentes, estudiantes y familias que, como siempre digo, son quienes sostienen y le dan vida a nuestras escuelas.
Estas preguntas también permiten recordar la idea que motivó a Moisés Sáenz a crear este nivel educativo, pensado especialmente para las y los adolescentes. Una idea profundamente visionaria: Sáenz entendió que esta etapa de la vida es única, que es un momento de cambios, que es una faceta llena de preguntas, de búsqueda de identidad y de un lugar en el mundo.
En sus primeros años conocida como la segunda enseñanza, la escuela secundaria nació como uno de los grandes logros del México posrevolucionario, porque hasta entonces la adolescencia no había sido considerada con sus propias necesidades; se requería un puente que visibilizara la etapa entre la niñez y la adultez y contar con una educación preparatoria no era suficiente.
Para 1926 la nueva dirección de educación secundaria, a cargo de la maestra Palma Guillén, inició con cuatro secundarias y dos ciclos nocturnos. Por primera vez tuvieron acceso a este nivel educativo personas que his-tóricamente habían quedado marginadas de la formación básica: obreros, trabajadores, amas de casa, entre otros. La secundaria sirvió para hacer realidad los principios del artículo tercero constitucional.
Con el paso de los años, a las secundarias generales se sumaron las técnicas y las telesecundarias, cuyo papel ha sido definitivo para llevar educación a las zonas rurales que conforman el país. Como el agua, la educación secundaria fue abriéndose camino hasta permear todos los rincones del país con más de 37 mil planteles, cerca de 353 mil docentes y 5 millones de estudiantes que dan vida a estos espacios.
En la década de los años 30, Lázaro Cárdenas se ocupó de que la educación secundaria adquiriera un carácter democrático y popular, se convirtió en un bastión para la formación en valores como la justicia, la solidaridad y la responsabilidad, así como el trabajo, para los que menos tenían.
Sin embargo, en los gobiernos anteriores a la llegada de la Cuarta Transformación, la educación básica acentuó sus principios de carácter público, gratuito y obligatorio, con miras sólo a la producción de mano de obra calificada.
El proyecto educativo que fortalece la presidenta Claudia Sheinbaum recupera el sentido original de la educación secundaria y su orientación social. Es así porque, para la Nueva Escuela Mexicana, la educación tiene un carácter emancipador. Se educa para el empleo, sí, pero también se educa para la vida, para la felicidad, para el bienestar social, para la paz y para la democracia.
La Nueva Escuela Mexicana es también heredera de la escuela rural mexicana y la educación cardenista porque reafirma su compromiso social con la población que históricamente ha sido marginada y desfavorecida. Y en esta concepción de la educación secundaria habitan y se resignifican los saberes, costumbres y tradiciones de nuestras comunidades.
A cien años del sueño de Moisés Sáenz y Palma Guillén, podemos decir que hemos avanzado; hoy nuestros retos y desafíos son otros: la deserción escolar, el embarazo adolescente, la violencia o el consumo de sustancias adictivas. Reconocemos las problemáticas que aquejan al nivel educativo, pero no nos arredramos ante ellas. La Nueva Escuela Mexicana ha sido concebida para que entre la secretaría, dependencias de gobierno, docentes, estudiantes, familias y comunidad, de manera coordinada y conjunta, hagamos frente a estas y otras situaciones.
Mirar atrás y conocer la historia de la educación secundaria no es sólo mirar al pasado, es reconocer que las luchas de ayer son los derechos de hoy, es reconocer que la secundaria se construyó para abrir oportunidades y justicia social, es reconocerla como el espacio que diariamente habitan millones de adolescencias mexicanas.
Como egresada de la Normal Superior, maestra frente a grupo en secundarias generales y hoy responsable de la educación básica del sistema educativo nacional, es un honor conmemorar el centenario de la escuela secundaria.
*Subsecretaria de Educación Básica del Gobierno de México












