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Tu colonia

Ahora enfrenta la presión inmobiliaria y el ambulantaje

Tabacalera, entre el esplendor revolucionario y la modernidad

Su nombre proviene de una cigarrera y tiene edificios emblemáticos como el Monumento a la Revolución y el Frontón México

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▲ Arriba, el Museo Nacional de San Carlos resalta con su estilo barroco tardío y neoclásico construido en cantera gris, y el Frontón México. La colonia vista desde el Monumento a la Revolución, en 1950. Al fondo, la antigua estación de ferrocarril de Buenavista, que fue demolida y reubicada a finales de la misma década. Sobre estas lineas, el Monumento a la Revolución.Foto TW Kines, National Archives Catalog, Inbal y Luis Castillo
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Periódico La Jornada
Domingo 15 de marzo de 2026, p. 25

Desde los imponentes pilares de cantera y acero del Monumento a la Revolución se pueden observar las calles de la Tabacalera, céntrica colonia de la alcaldía Cuauhtémoc donde sobreviven fragmentos de distintas épocas de la Ciudad de México: el Porfiriato, la Revolución, la modernidad del siglo pasado y el actual crecimiento urbano.

Se trata de un pequeño barrio en forma de triángulo situado entre Paseo de la Reforma, Insurgentes y la avenida México Tenochtitlan –antes Puente de Alvarado– de apenas 36 manzanas, pero grande en historia que enfrenta en la actualidad tensiones entre los desarrolladores inmobiliarios, el comercio popular y la preservación patrimonial.

Aunque su origen oficial data de 1899, la historia del territorio es mucho más antigua. Antes de la llegada de los españoles el área era conocida como Mazatziutamalco. Durante la época colonial pasó a llamarse Zapotlán y Barrio del Calvario, y por sus alrededores corrían canales que formaban parte del sistema lacustre del valle de México.

La colonia comenzó a tomar forma a finales del siglo XIX. Su nombre proviene de la fábrica Tabacalera Mexicana Basagoiti Zaldo y Compañía, instalada en 1898 en el edificio que hoy alberga el Museo Nacional de San Carlos. La empresa que producía cigarrillos de distintas marcas construyó viviendas para sus trabajadores en los alrededores.

En ese periodo también surgió uno de los proyectos urbanos más ambiciosos del Porfiriato: el Palacio Legislativo. La obra quedó inconclusa tras el estallido de la Revolución Mexicana y décadas después su estructura metálica fue transformada en el actual monumento que hoy domina la Plaza de la República y es el símbolo urbano del barrio.

Denise Córdoba, habitante de toda la vida de este lugar, considera que fue durante la primera mitad del siglo XX cuando la colonia vivió su etapa de mayor esplendor. Sus calles albergaban residencias elegantes y edificios de estilos arquitectónicos como el neobarroco y el art déco. En cafés y restaurantes de la zona era posible encontrarse con escritores, artistas y personajes de la vida cultural. Una fue la bailarina Nellie Campobello, quien vivió en la calle Ezequiel Montes.

La zona también se consolidó como un punto clave para el entretenimiento y la modernidad urbana. El Frontón México, inaugurado en la década de 1920, se convirtió en el principal recinto para el jai alai o pelota vasca, un deporte popular entre la comunidad de origen español. Décadas después el edificio fue sede de competencias en los Juegos Olímpicos de 1968.

Otro ícono del barrio es el edificio El Moro, sede de la Lotería Nacional, considerado uno de los primeros rascacielos de la Ciudad de México. Durante un tiempo fue el más alto de la capital, con 29 pisos.

Su ubicación estratégica, cercana al Centro Histórico y a la estación ferroviaria de Buenavista, favoreció además el desarrollo de una vocación hotelera. Hoy todavía sobreviven decenas de pequeños negocios que durante décadas alojaron a visitantes del interior del país.

Sin embargo, el paisaje urbano comenzó a transformarse hacia finales del siglo XX. Para Alfonso Rentería Cárdenas, quien nació en esta colonia en 1950, el cambio ha sido profundo. “A nosotros nos tocó ver el Monumento a la Revolución completamente plano, parejito. Hoy tiene desniveles por el hundimiento del subsuelo”.

Junto con Córdoba coincide en que el crecimiento de la ciudad, el deterioro del espacio público y la presión inmobiliaria han alterado la dinámica del barrio. En años recientes se han construido nuevos edificios de departamentos de hasta 40 niveles, lo que es preocupante por el impacto en servicios como agua, drenaje y movilidad.

Según estimaciones vecinales, actualmente viven allí 5 mil 400 personas, pero con los nuevos desarrollos la población podría duplicarse.

A estos cambios se suman otras tensiones urbanas. Comerciantes ambulantes ocupan amplios tramos de la avenida México-Tenochtitlan, mientras cada sábado se instala un tianguis en la calle Ezequiel Montes. Para algunos residentes, estas actividades generan saturación, basura y conflictos por el uso de áreas públicas.

Sin embargo, para los vendedores el comercio informal representa una forma de subsistencia. Jesús González, líder de comerciantes, explica que muchos fueron reubicados en la zona desde finales de los años 80. “La gente tiene que trabajar. Mientras no haya empleos suficientes el comercio va a seguir creciendo”.

Vecinos coinciden en que el principal reto es equilibrar la modernización urbana con la protección de su patrimonio arquitectónico y cultural. “La gente que viene a visitar la Ciudad de México como un centro turístico fundamental no viene para ver edificios monumentales, viene a ver esa riqueza cultural que tiene que ver con su historia”, expresa Denise Córdoba.