Opinión
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El factor Trump en el nuevo orden hemisférico
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a conferencia inaugural “Américas contra los cárteles”, celebrada el 5 de marzo de 2026 en el Comando Sur de Estados Unidos en Doral, Miami, y la cumbre del Escudo de las Américas, del 7 de marzo en el Trump National Doral, fueron el nacimiento público de una coalición militar hemisférica selectiva y agresiva que deja a México en la marginación estratégica.

Donald Trump firmó allí la proclama que lanza la iniciativa Escudo de las Américas y crea la Coalición Anticártel de las Américas. El documento compromete a las naciones participantes a coordinar esfuerzos militares y policiales, incluyendo el uso de “fuerza letal”, para desmantelar las organizaciones criminales trasnacionales, en especial los cárteles de la droga. “La única forma de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestras fuerzas armadas. Nosotros tenemos que usar nuestro ejército. Ustedes tienen que usar el suyo”, declaró Trump sin ambages.

El secretario de Guerra, Pete Hegseth, mencionó el 5 de marzo en la conferencia inaugural ante representantes militares de más de una docena de gobiernos estrechamente alineados con la administración: “Estados Unidos está preparado para enfrentar estas amenazas y pasar a la ofensiva solo, si es necesario”. Su mensaje fue claro, sólo estuvieron presentes quienes tienen ideas afines y dispuestos a la acción militar inmediata.

En actos como éste, por supuesto que quien asiste destaca, pero quien no aún más, y Brasil, Colombia, Nicaragua y México no fueron requeridos. La exclusión fue una elección ideológica explícita, e incluso nuestro país ha sido catalogado como el epicentro del problema.

Esta selección abierta es una señal inequívoca de que Washington considera a México un socio no confiable. ¿Esto deja en evidencia que nuestro país no coopera con Estados Unidos? Absolutamente, y es que cuando el país por donde entra un enorme porcentaje de fentanilo y donde operan los cárteles más poderosos es excluido de la estrategia, el mensaje se escribe solo y reafirma la narrativa de que el gobierno mexicano está, si no relacionado, sí poco comprometido a enfrentar eficazmente al narcotráfico y narcoterrorismo.

El asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, fue aún más fuerte en sus declaraciones del 5 de marzo: “Hemos aprendido después de décadas de esfuerzo que no hay una solución de justicia penal al problema de los cárteles”, dijo. “La razón por la que ésta es una conferencia de liderazgo militar y no de abogados es porque estas organizaciones sólo pueden ser derrotadas con poder militar”.

El secretario de Estado, Marco Rubio, en el almuerzo de la cumbre no mencionó a México por su nombre, pero su mensaje fue muy claro: “Los países representados aquí hoy, todos los 12 líderes aquí, son aliados. Pero son más que aliados: son amigos. Éstos son países que siempre responden cuando hay una necesidad y trabajan con nosotros”.

Por su parte, el presidente Trump en su discurso refirió: “Los cárteles están dirigiendo México. No podemos permitirlo. Están demasiado cerca de nosotros, demasiado cerca de ustedes”. Recordó públicamente cómo ofreció a Claudia Sheinbaum “erradicar los cárteles” y que ella respondió “no, presidente, por favor”. “A pesar de nuestros esfuerzos, México se niega a aceptar la ayuda”, insistió. La proclamación firmada ese día no sólo crea la coalición, compromete a los participantes a compartir inteligencia, operaciones conjuntas e incluso a aceptar posibles intervenciones estadunidenses directas.

Kristi Noem fue presentada como enviada especial para el Escudo de las Américas; su nuevo rol es precisamente coordinar esta iniciativa regional: narcotráfico, cárteles, crimen trasnacional y migración irregular. Es así que desempeñará un papel estratégico siendo la cara visible de la presión constante sobre los gobiernos afines, pero sobre todo contra aquellos que no han querido alinearse.

Hasta el momento, los países donde la ideología de Trump ha influido significativamente en Latinoamérica son claros y es evidente que el factor Trump ha impulsado la reconstrucción de su propia estrategia de seguridad nacional con gobiernos que comparten su visión.

¿Por qué México no fue requerido? La respuesta es obvia: ideológicamente, la presidenta Sheinbaum Pardo no es afín a su gobierno, y Washington percibe que la estrategia mexicana, que ha pasado de “abrazos, no balazos” a seguridad con soberanía, no ha resuelto eficazmente el problema de tráfico. El fentanilo sigue fluyendo, las fosas siguen apareciendo y las detenciones de capos no rompen las estructuras financieras. La exclusión es un señalamiento y una invitación a la reflexión interna.

La presidenta Sheinbaum Pardo ha intentado ganar tiempo e imponer su propia estrategia señalando: “México rechaza cualquier violación a su soberanía”, “el problema de las armas viene de Estados Unidos”, “seguiremos cooperando en inteligencia, pero sin intervenciones”. Es un discurso que intenta calmar a la base morenista, pero que ya no convence en Wa-shington ni tranquiliza a los mercados.

Esta cumbre es el lanzamiento de una nueva doctrina Monroe, que redefine aliados y enemigos en el hemisferio; nuestro país aparece como el problema mismo o, en el mejor de los casos, el vecino que prefiere mirar hacia otro lado. La pregunta incómoda que queda después de la foto de Miami es si nuestro país está dispuesto, o es capaz, de ser parte de la solución antes de que la solución llegue sin invitación.

* Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia y política